¿Hacia dónde va Ana Ivanovic?

Poco prometedor el arranque de 2016 para la serbia con dos derrotas a las primeras de cambio. ¿Será ésta la Ivanovic que veremos este año? 

Rubén Pérez Serrano | 11 Jan 2016 | 18.00
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Puntodebreak en Google
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.

Streaming WTA Makarska en directo
🎾 Ana Konjuh vs Dominika Salkova
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

Tras 7 años Ana Ivanovic pisaba unas semifinales de Grand Slam en Roland Garros 2015. Concretamente desde que alzará el título de campeona de su único grande en aquel mismo torneo en 2008. ¿Y si la serbia, otrora número uno del mundo, resurgía para volver a ganar grandes cosas? ¿Veríamos sonreír más a menudo a la bella tenista de Belgrado que deslumbrara antaño? El inicio de 2016 trae para la balcánica y todos los que la siguen desalentadoras noticias: Dos derrotas a las primeras de cambio y enormes dudas con su juego. Se prevén grandes borrascas sobre el cielo de Ana.

Primer torneo del año en las pistas de Auckland y primera derrota ante la desconocida británica número 122 del mundo Naomi Broady. Ante tan tempranera derrota Ivanovic pide una invitación al torneo de Sídney para coger más bagaje de partidos de cara al Abierto de Australia. El sorteo le depara la checa Karolina Pliskova que se deshace de ella con más facilidad de la esperada. Esto es, viajará a Melbourne con dos partidos disputados y ninguno ganado.

En favor de Ana hay que decir que sus dos primeras rivales de 2016 practican un tenis muy directo y que incomodan y mucho el juego de la serbia. Pliskova de hecho le había ganado los dos enfrentamientos previos a la de Belgrado.

Lo más preocupante es las señales que transmite de dudas y más dudas. Especialmente en el último partido y con el servicio. El lanzamiento de la bola es algo que lleva tiempo martirizándola y que es un inconfundible síntoma de zozobra en su autoestima tenística. Las estadísticas de dobles faltas se le disparan y todo su juego se ve enormemente mermado por ello. En sus mejores tiempos el saque era un auténtico aliado para ella y hoy en día, salvando momentos concretos de la temporada, es un lastre, un quebradero de cabeza continuo.

Como ya escribimos aquí hace unos meses, el baile de entrenadores de Ivanovic durante su carrera es de locos. Hasta 13 ha tenido desde que es profesional. Actualmente trabaja con el padre de la esposa de Andy Murray, el británico Nigel Sears, que tampoco parece haber dado con la tecla que ponga la cabeza de la serbia en su sitio. Tras aquellas semis del año pasado en Roland Garros, Ivanovic ha dado una de cal y otra de arena. Buenos torneos salpimentados con sorprendentes derrotas ante jugadoras bastante por debajo de su ranking.

Si bien acabó 2015 como la número 16 del mundo, una excelente posición para muchas, la sensación es que no acaba de encontrar la manera de reengancharse al tren de cabeza. Teniendo en cuenta la volatilidad del éxito hoy en día en el tenis femenino, no era descabellado pensar que la de Belgrado podría reverdecer viejos laureles. Pero con arranques de temporada como el que está firmando parece muy lejana esa perspectiva.

Ya lo decía un ex entrenador de Ana como Eric van Harpen: “Las jugadoras actuales cambian a sus entrenadores como camisas sucias”. Va por Ivanovic especialmente. En el circuito masculino esto es mucho más raro verse y en consecuencia podemos comprobar cómo hay un mayor estatismo en las primeras posiciones del ranking. Todo lo contrario que en la WTA, donde las idas y venidas están a la orden del día.

Es tarea complicada saber a dónde se dirige el tenis de Ana Ivanovic. Algo más sencillo parece ser saber a dónde no: A las primeras posiciones del ranking y a los títulos de Grand Slam. A menos que empiece a sentar la cabeza a sus ya 28 años y tome la estabilidad y la regularidad como premisas. Ahí es donde Ana podría volver a sonreír de verdad y optar a todo. Porque físico y golpes le sobran…