Gumy: "Safin o Gulbis son tipos que cambian un vestuario al entrar"

En una charla con "La Nación", y tras conocerse que entrenará a Schwartzman, Hernán Gumy habla sobre su experiencia como entrenador de Safin o Gulbis

Hernán Gumy, ex-jugador profesional y ex-entrenador de Ernests Gulbis o Marat Safin ha sido noticia recientemente por convertirse en el nuevo asesor de su compatriota Diego Schwartzman. En una pequeña charla con el diario La Nación, el argentino ha repasado algunas divertidas anécdotas sobre sus experiencias con Safin, las diferencias que existen entre el jugador europeo y el sudamericano o lo que significó la Legión para el tenis argentino.

"Mira, estoy asqueado del tenis, no quiero saber nada más". Fue la respuesta que recibió Gumy cuando conversó por primera vez con Marat Safin, a quien logró enderezar en 2008 desde un trato construtivo, psicológico y pedagógico. Como entrenador, Gumy se formó aprendiendo de Dudú Duarte y Paul Annacone y ahora se ocupará del argentino Diego Schwartzman. "Estoy contento de estar con un argentino después de ocho o nueve años. Está claro que no se podría hacer si no tuviera la relación que me une a Prieto (entrenador de Diego desde hace cuatro años), con quien compartí el circuito. Viajaré a seis torneos con Diego, que está definido en mejorar aspectos. La intensidad y dañar con su saque son factores en los que trabajamos. A su nivel, pocos detalles pueden hacer grandes diferencias. Es rápido y contraatacando es excelente; su devolución está entre las 15 mejores del mundo".

Aunque el tenis argentino actual dista mucho de parecerse al de la época de la Legión, Gumy pone todo en su sitio. "Hay una gran distancia entre el presente del tenis argentino y lo que fue la Legión. Pero si lo comparamos con el momento en el que yo jugaba, ésta es una época de oro. A nosotros nos costaba formar un equipo entero y competitivo para la Copa Davis, y no era por un problema de dinero. Agarré la última etapa de Frana, también estuve con Lobito, con el Negro Albano, Orsanic, pero duró poco. Peleamos dos veces por el ascenso y no se nos dio. Hoy tenemos a dos grandes jugadores lesionados sin competir (Del Potro y Mónaco), un equipo compacto que llegó a las semifinales y a dos o tres jugadores más que se pueden sumar sin desentonar. El otro día escuchaba a Nalbandian decir que difícilmente se repita una generación con tantos jugadores y tan buenos como la de él, y coincido. Difícilmente la veamos en esta vida. Por eso, cada camada hay que analizarla en tiempo presente".

Gumy observa las diferencias que suponen trabajar con diferentes nacionalidades. "Lo que veo es que, debido a nuestra situación geográfica, todo se nos hace más difícil. Estuve con europeos, y cuando pierden en un torneo a las pocas horas están en sus casas. Y veo cómo ellos sufren cuando hacen la gira de Norteamérica, desde Washington hasta el US Open. Después, a nivel mental, lo que noto es que los latinos nos dejamos llevar más por las emociones. Los buenos y malos momentos duran más. Los famosos atrapes, las broncas. El europeo es mucho más frío en ese sentido. Dice "Bueno esta semana no la metí, listo, arranco de nuevo". Lo noté más todavía con Safin y Gulbis, tipos que en los días en los que tiraban y no metían no le ganaban a nadie. Nosotros tenemos un sentido de arraigo a nuestro país más grande. Lo que aprendí trabajando con extranjeros y que trato de aplicar es que hay una cosa que nunca varía: la forma de trabajar, siempre con un mismo humor, una misma manera. Después, puedes jugar mejor una semana que la otra. Por eso si me preguntas qué me gustaría transferirle a Diego es un poquito de ese pensamiento, separar las emociones del trabajo".

Trabajar con talentos tan únicos y dispersos como Safin o Gulbis fue una experiencia tremenda para Gumy. "Tengo el mejor recuerdo de ellos. Eran parecidos en la falta de respeto hacia el rival, en el buen sentido. Además, son tenistas que se movían, y se mueve en el caso de Ernests, por motivaciones. A Marat le costaba en los torneos más pequeños y en los Grand Slam se motivaba. En Wimbledon 2008, cuando se sorteó el cuadro y vio que en segunda rueda le tocaba Djokovic, por entonces 3 del mundo, me dijo que le iba a ganar. Había pique entre ellos y le pegó una paliza infernal. Ahí dije "¡Qué bárbaro! ¡Qué capacidad!". Safin y Gulbis son tipos que entran en un vestuario y el clima se hace distinto. En mi época pasaba con Boris Becker. Me gusta esa personalidad en el tenista, la de los tipos francos, que no se van a casar con nadie y dicen lo que piensan. Siempre con respeto, claro. El tenis es egoísta y ellos se defienden de esa manera".

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