Federer acepta el desafío

El suizo alcanza su duodécima final en el torneo de Basilea y buscará su séptimo título en casa ante Rafa Nadal. Vuelve el mayor duelo de la historia del tenis.

Fernando Murciego | 31 Oct 2015 | 18.37
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Jugando en casa y esperando Rafael Nadal en la final, no se podía negar la invitación. Roger Federer cumplió con lo esperado en su semifinal ante Jack Sock en el ATP 500 de Basilea (6-3, 6-3) para acceder a su duodécimo encuentro por el título en el torneo de su casa y acercarse al sexo título de la temporada. Con más rapidez que tesón, el helvético superó sin problemas al estadounidense con la intención de ahorrar energía de cara a un partido que el aficionado no veía desde hacía 22 meses. Su cita ante Nadal en el duelo de mañana volverá a detener el planeta tenis a partir de las 14:30 hora local.

Venía de hacer una buena semana en Estocolmo y jugar ante Federer en su casa siempre es un punto de motivación extra. Sin embargo, no lo debió ver así el bueno de Jack Sock que al ver lo que le esperaba ante el público helvético se arrugó desde la primera bola que tocó. El americano no encontró en ningún momento su estilo ni su juego ante un rival que le apretaba desde el fondo para terminar ahogándole en la red. “Así no se puede jugar”, pensaría el de Nebraska, obligado a cometer demasiados errores con su golpe favorito y viendo cómo se oponente apenas le daba ritmo. Y eso que él tampoco es de liarse demasiado en los intercambios.

Más disputado estuvo la segunda manga con un Federer más dubitativo a la hora de cerrar el telón pero que no regaló más de un quiebre antes de amarrar el partido. Se trataba de su victoria número 60 en Basilea y su décima final consecutiva, asegurándose una vez estar en el partido por el título. Los que volvían a darle por muerto en el arranque de esta temporada buscarán refugio donde esconderse al ver que también son diez las finales que el helvético acumula este calendario. Aparte de correr ya con 650 triunfos sobre cemento en las espaldas y 134 finales en el zurrón. Número antológicos que recordamos cada semana antes de que nos entre la risa.

Y mañana el plato fuerte, la final. Pero no una final cualquiera. Los dos duelos de este sábado solo eran dos trámites antes de anunciar que, después de doce años, la rivalidad entre Roger Federer y Rafael Nadal sigue estando viva. Que aquel enfrentamiento en Australia 2014 no será el último y que Basilea podrá ver cómo por vigésimo primera ocasión estos dos genios de la raqueta vuelve a pelearse por una corona. El español domina el cara a cara por 23-10, un bagaje en el que el suizo no se apunta un tanto desde Indian Wells 2012. Ahora la presión está en su Wilson, por jugar en casa, tener mejor ránking y ser más afín a las condiciones de la pista. Aunque ya saben que cuando estos dos solo hay una cosa clara, y no hablo del resultado. Hablo del espectáculo.