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No derribaron la puerta
Kei Nishikori, Milos Raonic y Grigor Dimitrov han visto frenada su progresión. Un año después, ninguno de los tres ha confirmado el estatus adquirido
En 2014, los tres jugadores más prometedores de una de las generaciones posteriores a la de Djokovic y Murray, también a la de Cilic y Del Potro, cuajaron una temporada que parecía cumplir parte de las expectativas que su progresión y potencial venían generando. Los tres, Kei Nishikori, Milos Raonic y Grigor Dimitrov, terminaron la temporada entre las once primeras raquetas del mundo. Instalados allí, mantenerse ha supuesto un reto para el que quizás no estaban preparados. La puerta no ha sido derribada, simplemente y por diferentes motivos, se ha vuelto a cerrar. Es decir, estaba abierta.
El más joven, el búlgar Dimitrov, vio cómo se rompían demasiadas cosas a su alrededor. Tras progresar ininterrumpidamente desde su debut en la ATP, temporada tras temporada rompiendo barreras personales en cuanto a victorias, títulos o rondas de Grand Slam, 2015 hizo entrar en recesión su realidad deportiva (26 victorias a estas alturas de año, por las 50 totales de 2014). Desde el momentáneo octavo puesto que llegó a alcanzar en 2014, Dimitrov ha caído con estrépito en la temporada de confirmación.

Por su parte, Raonic sufrió una lesión importante que le hizo perderse una parte troncal de la campaña actual, sin embargo su juego, bien apuntalado por su capacidad de trabajo y un equipo técnico de gran experiencia, parece evidenciar cierta sensación de haber tocado techo. Su progresión en tierra fue un hecho en 2014 pero su talento no parece albergar lo necesario para discutir determinado estatus a lo largo de una temporada. En su tenis no reside un peligro para discutir en esta época.
Por último, para Nishikori, la temporada va a depararle más victorias y una posición similar, pero en Grand Slam el paso atrás ha sido importante. La palabra decepción ha rondado con asiduidad a la raqueta de Shimane, quedando la sensación de que Nishikori ha pasado de puntillas por el circuito en esta temporada. Problemas físicos y nuevas evidencias de dificultades competitivas y de mentalidad han acompañado a un jugador que parecía preparado para asomarse con garantías en los grandes escenarios.

La conclusión se repite. La brecha entre los cuatro-cinco mejores (Djokovic, Federer, Nadal, Murray e incluso Wawrinka) cuando están a un nivel estable de físico y tenis es realmente grande con respecto al trío que intentó renovar el status quo la temporada pasada. Mientras Nadal y Murray bajaron varios puntos su nivel, entre lesiones y vueltas, se abrió una puerta por cuyo umbral pasaron los ascendentes níveles de japonés, canadiense y búlgaro. En cuanto la salud respetó a todos, e incluso sin rozar su mejor nivel en el caso de Nadal, el efecto causó un impacto de cierta proporcionalidad en cada uno de los perseguidores.
La exigencia de un circuito que no perdona ni una semana de relajación al máximo nivel pasó factura al físico particular de Raonic, con operación de por medio, al fuelle y la mentalidad de Nishikori y a la estabilidad de Dimitrov. Si las puertas del top-5 dejan rendijas o quedan abiertas de par en par, la lógica dice que ellos ocuparán el espacio, pero mientras estas estén cerradas, uno termina por creer que no son los adecuados para romperlas. En su descargo, probablemente ninguna otra generación de la historia podría haberlas derribado.