Stan Wawrinka y Rafael Nadal cumplieron los pronósticos y cruzarán en los cuartos de final de Shanghai, penúltimo Masters 1000 del año, torneo que ninguno de los dos ha podido alzar en sus respectivas carreras. Con sensación de prueba definitiva para el despertar paulatino y cada vez más evidente en el rendimiento del manacorí, Wawrinka supondrá el penúltimo reto en su puesta a punto para recuperar buena parte de la confianza perdida durante los ocho meses anteriores.
Y es que Nadal no vence a un top-4 desde la final de Roland Garros de 2014. Desde ahí, el actual número 7 se ha enfrentado en cinco ocasiones a miembros del top-4 en estos 18 meses. Tres veces con Novak Djokovic (Montecarlo, Roland Garros y Beijing), una con Murray (Madrid) y otra con Nishikori (Canadá), sin victorias en su casillero. Ante Stan Wawrinka, Rafa podría romper con esa estadística. Ganar al propio Stan, doble premio.

Después de 12 enfrentamientos consecutivos abrochados por el español, el nuevo estatus que Stan ha adquirido desde 2013 consiguió imponerse a Nadal en los últimos dos enfrentamientos: la final del Australian Open de 2014 y los cuartos de final de Roma 2015, cuando la zozobra y la ansiedad perseguían al balear, capaz de desperdiciar un 6-2 en el tie break de la primera manga. El ritmo y los winners de Wawrinka desarbolaban a la más consistente y férrea de las defensas.
El cuadro del español le ha deparado un camino progresivo en cuanto al estilo de sus rivales. El juego directo y arrítmico de Karlovic primero, el compartido temible juego al servicio de Raonic, figura que permanece más tiempo desde el fondo de la pista, ante el que Nadal pudo apuntalar con más frecuencia sus golpes básicos y una tercera cita ante Wawrinka, que si bien eleva la potencia desde atrás, sus pies se quedan fijos en esas latitudes, lo que permitirá mayores intercambios y más bolas pasando de un lado a otro. El aspecto mental y la insistencia en su plan serán las vías que harían a Nadal competitivo ante el suizo.

Un Wawrinka que llega a los cuartos de final con tres horas en las piernas de su partido ante Cilic y que tendrá el cartel de favorito ante su rival. Un Nadal más limpio y seguro en sus decisiones, asimilando con más naturalidad posiciones más adelantadas y direcciones cada vez más peligrosas y alternas. Partido necesario para comprobar si Wawrinka puede controlar su modelo de juego (30 ganadores y 52 no forzados ante Marin) y si Nadal está preparado para abordar a un top-4 después de un extendido periodo de tiempo.

