Hay veces -muy pocas- en las que el trabajo bien hecho y el sacrificio personal no tienen su recompensa con el paso del tiempo. Por suerte, hay otras que sí. Éste es el caso de Kevin Anderson, tenista sudafricano de 29 años que a partir de mañana, al entrar en la página de la ATP, verá escrito su nombre entre los diez primeros de la clasificación mundial. Un premio que se ha demorado demasiado en el tiempo pero que ha terminado llegando en un 2015 donde el de Johannesburgo ha hecho los mejores números de su carrera, rompiendo barreras que parecían inquebrantables.
No es nada nuevo situar al bueno de Kevin dentro del top-20 del ránking mundial, sin embargo, su progreso se ha visto truncado en los dos últimos años por un balance horrendo cada vez que se enfrentaba al primer vagón del vestuario: 9-46. Esta es la dolorosa estadística de Anderson contando sus duelos ante los diez primeros del mundo. Este curso tampoco han ido mucho mejor las cosas (2-9) aunque ha sido suficiente para lograr dos de sus mejores sonrisas de la temporada. En Queen’s, donde eliminó a Wawrinka en octavos, acabó cediendo en la final ante Murray, al cual dejaría fuera en el Us Open, inclinando por primera vez a un jugador top en Grand Slam y alcanzando sus primeros cuartos de final en territorio major.
Pero no sirve con un par de resultados para estar ahí arriba. Hacen falta unas semifinales en Auckland, Acapulo o Houston, quedarse a las puertas de la gloria en Memphis o levantando la copa en Winston-Salem, la tercera de su carrera profesional. Anderson siempre ha estado ahí, esperando su momento, sumando puntos en cada torneo y cumpliendo con sus aspiraciones ante cualquier circunstancia. Un tipo notable al que parecía que nunca veríamos dentro del primer orden mundial. Algo que acabará cuando se esfume este domingo y pase del duodécimo puesto del termómetro ATP a ocupar el número diez.

Son tiempos difíciles para un gigante de 203 centímetros de altura, rostro pálido y escaso interés por parte de los medios. Su tenis regular con un saque brillante apoyado por una potente derecha no le hace destacar demasiado del resto. Oculto entre la maleza, Anderson llevaba mucho tiempo soñando con su oportunidad y, curiosamente, el premio ha aterrizado en una semana para olvidar donde cayó eliminado en primera ronda de Tokyo ante Gilles Mulles. Pero luego las derrotas de Cilic e Isner, junto a la pérdida de puntos de Simon harían el resto.
Si hablamos de un sudafricano en el top10 hay que remontarse hasta 1997 para ver a Wayne Ferreira en el séptimo puesto de la clasificación. Johan Kriek o Kevin Curren también se movieron en estos lares, aunque bajo la bandera norteamericana. Hoy, o mejor dicho, mañana, Sudáfrica disfrutará 18 años después de un compatriota en una posición privilegiada. Un país pequeño en cuanto a relevancia deportiva pero con un gigante entre sus filas. Si decimos que el tenis es un deporte justo, en parte, es por cosas como ésta.

