No hay quien lo pare. El rendimiento de Novak Djokovic sobre la pista de tenis empieza a ser algo angustioso para los periodistas, en concreto, su rendimiento en Pekín. El serbio, cerca ya de lo inclasificable, certificó su pase a su sexta final en el torneo asiático tras batir a David Ferrer (6-2, 6-3) y sumar 28 victorias en el torneo chino en 28 partidos disputados. Números de locura para un jugador que se siente como en caso cada vez que pisa el ATP 500 de Beijing. Ahora buscará poner la guinda definitiva ante Rafael Nadal.
Los más confiados pensaban que David Ferrer complicaría las cosas al número uno del mundo, al menos, algo más de lo propuesto por Bolelli, Zhang e Isner. Un tipo rocoso, que no regala nada, que lucha hasta el último punto y que se encuentra en un momento de forma óptimo. Nada, olvídense de todo esto, olvídense de esperar un encuentro competido si está el marciano de Belgrado en la pista. El pupilo de Boris Becker -de Marian Vajda esta semana- arrasó desde el primer momento al alumno de Paco Fogués desde cualquier punto de vista a medir. Sirva de ejemplo la primera manga con un 6-2 donde Djokovic hizo tres golpes ganadores y diez errores no forzados. Parece que no importa ya ni como juegue, el desenlace siempre acaba siendo el mismo.
Pese a ello, el alicantino siguió peleando, remando, amarrándose a una cita que corría más deprisa de lo que el espectador deseaba. Pero en la final estaba ya Rafa Nadal esperando y no se podían malgastar más horas de descanso. De nuevo subieron las revoluciones y el balcánico se quedó solo, aislado, jugando a algo en lo que solamente él es capaz de participar. Injusto para los rivales, indefinible para los medios de comunicación. En su llegada hasta la final, Novak ha cedido catorce juegos en cuatro partidos, nadie ha podido robarle más de cuatro en un set.
Todo esto así de golpe puede asustar, pero es que no es para menos. Hablamos de un hombre que encadena doce torneos consecutivos llegando al partido por el título de los trece que ha disputado en la temporada. Campeón en Pekín en todas sus participaciones (5/5) y vencedor ante Nadal en seis de sus últimos siete enfrentamientos. Será su duelo número 45 ante el español, el vigésimo segundo en una final. Si nos ceñimos a la estadística alguno se vendrá abajo rápidamente. Menos mal que el tenis siempre nos tiene preparadas sorpresas de última hora. O no.

