Pocos hubieran pensado que la segunda parte de la temporada 2015 de Tomas Berdych iba a tener un color tan oscuro. El checo, vestido de extrema regularidad al comienzo del curso, cabalga ahora a lomos del desencanto y derrotas inesperadas. Entre medias, una boda que envió al número cinco del mundo a pasar por la vicaría y que no le ha traído los mejores resultados posibles. San Petesburgo vio su último tropiezo a manos de Simone Bolelli en su encuentro de debut en la cubierta rusa. ¿Hay algún motivo para explicar esta evaporación extrema del jugador de Valesske Mezirici?
Cierto es que lo cosechado en los primeros cinco meses de la temporada tampoco era normal. Nueve torneos y siempre los cuartos de final como mínimo objetivo alcanzado, donde destacan tres bandejas de plata en las vitrinas del checo: en Doha cayó ante Ferrer, en Rotterdam frente a Wawrinka y en Montecarlo se vio superado por Djokovic. En el resto de pruebas, Berdych siempre acabó eliminado de cuartos de final hacia delante y siempre ante un miembro del grupo de los diez primeros de la clasificación, algo que refleja claramente donde ha estado la barrera de limitación en su ejercicio, pero que muchos otros soñarían simplemente con plantarse enfrente de ella.

Entonces aparece Roland Garros y toda esta historia da un vuelco radical. En París se queda, por primera vez en la temporada, fuera de los ocho mejores, despidiéndose en cuarta ronda ante Jo-Wilfired Tsonga, número 15 del mundo. Su verdugo ni siquiera pertenecía al top-10, algo también novedoso durante el curso. Todo lo que ha venido después, ha sido igual o peor, exceptuando la noticia de su boda junto a Ester Satorova. Lo cierto es que Berdych no ha vuelto a cruzar la barrera de los cuartos, es más, en cuatro de las seis siguientes actuaciones no pudo ni alcanzarla, y siempre ha terminado derrotado por hombres más allá de los diez dominadores del ránking. Por nombrar algunas grandes sorpresas, Donald Young (79º) le superó en su debut en Canadá o Aleksandr Dolgopolov (66º) hizo lo propio en Cincinnati. Esta última semana, la nota la puso Simone Bolelli (63º) en San Petesburgo.
El mundo al revés en un descalabro tan radical como repentino. Pese a ello, el pupilo de Dani Vallverdú se ha mantenido en el quinto peldaño ATP viendo como su puesto no corría peligro debido al buen trabajo elaborado en los primeros meses del calendario. Precisamente este ha sido el gran ‘problema’ del checo, haber trincado tantos puntos desde enero hasta mayo para luego relajarse más de la cuenta al ver que su figura estaba a salvo. Es la irregularidad dentro de la regularidad, o como lo llaman otros, la falta de hambre. El conformismo por bandera. El motivo por el que Berdych nunca podrá amenazar a la jerarquía del Big4, una ausencia de ambición y aspiraciones que le hará mantenerse siempre en ese segundo lugar de la pirámide. Un lugar privilegiado que muchos otros firmarían sin pestañear.

Cuatro raquetas están ya clasificadas para la Copa de Maestros de Londres (Djokovic, Murray, Federer y Wawrinka). El próximo en sacar su billete, si todo sigue su curso, será Tomas Berdych, una cita que no se pierde desde que se subiera por primera vez en 2010. Allí llegará el checo, inmerso junto a los mejores del mundo una temporada más, confirmando su progresión y mantenimiento en la élite para caer, casi seguro, de manera cómoda en el Round Robin sin oponer demasiada resistencia (solo accedió a semifinales en 2011). Ojalá alguien le recuerde al checo la pasta de la que está hecho y las armas de las que dispone. Seguro que si se mentaliza a conciencia podría dar más de un susto al grupo de intocables del circuito. Una simple chispa de pretensión bastaría para iluminar este apagón.

