La WTA anunciaba el pasado martes una noticia que supone el final de una etapa en la asociación femenina de tenistas. La canadiense Stacey Allaster, de 52 años, dirá adiós el próximo 2 de octubre tras seis años y tres meses como máxima autoridad de la WTA.
“La reciente pérdida de mi hermanastro y del presidente de la ATP, Brad Drewett, me ha abierto los ojos a nivel personal sobre la vida, la familia y las prioridades. Es hora de emplear más tiempo y energía en estas facetas”, declaró Allaster en el momento de anunciar su despedida.
El crecimiento de la organización durante el mandato de Allaster ha sido indudable. Actualmente, el circuito WTA reparte anualmente 130 millones de dólares en premios a las tenistas. Además, la asociación ha alcanzado un acuerdo histórico con el grupo Perform por el que ingresará 500 millones de dólares durante diez años a cambio de los derechos audiovisuales de todos los torneos. Desde 2017, todos los partidos de cuadros principales de torneos de la WTA serán retransmitidos.

Además, durante los últimos cinco años, la WTA ha firmado contratos por un valor total de un billón de dólares. Y el seguimiento de la asociación a través de sus canales oficiales se ha disparado desde 2010, pasando de 3 millones de personas a 119.
La era Allaster también ha supuesto un acercamiento de la WTA al continente asiático con notables beneficios económicos. Con el WTA Finals de Singapur como torneo estrella, el calendario anual incluye un total de 13 eventos en Asia.
Al margen del aspecto económico, Allaster también ha velado por la igualdad de trato a nivel mediático. La dirigente canadiense se mostró crítica con un artículo del diario ‘The New York Times’ centrado en al aspecto físico de Serena Williams el mismo día que jugaba la final de Wimbledon contra Garbiñe Muguruza. ”¿Por qué cuando Serena va a por su 21º Grand Slam y sexto Wimbledon hablan de su cuerpo?”, se preguntaba en ESPN.

El crecimiento de la WTA en las redes sociales y en cuanto a volumen de información ha sido sobresaliente durante los últimos años, aunque algunas iniciativas son cuestionables. Por ejemplo, el ‘Rising Stars Invitational’, un torneo de tenistas no mayores de 23 años para el que se clasifican las cuatro más votadas a través de internet, con el condicionante de que dos de ellas deben proceder de la zona Asia-Pacífico. Es decir, un mero concurso de popularidad que no obedece a méritos deportivos. La WTA también somete a votación popular los premios del año en categorías como “mejor selfie”, “mejor foto de espejo” y “mejor vestido”.
En cualquier caso, Stacey Allaster se despedirá de la WTA tras haber impulsado notablemente el tenis femenino mundial.

