"Definitivamente, no era mi año", acertó a decir Rafa Nadal después de caer ante Fabio Fognini en la tercera ronda del US Open, tras ir dos sets a cero arriba, terminando los cuatro eventos del Grand Slam sin un triunfo del balear por primera vez en toda su carrera desde que ganó su primer Roland Garros, en 2005. Con un horizonte no muy favorable a sus intereses a corto plazo, iniciando gira asiática y europea indoor, Nadal deberá cumplir con el objetivo de clasificar a Londres y comenzar una nueva temporada con un evidente foco de atención: la gira de tierra batida de 2016.
Siendo históricamente los meses de septiembre, octubre y noviembre menos lúcidos para su juego, Nadal competirá en Pekin, Shanghai, Basilea y París, con la vista puesta en asegurar su plaza en Londres. Pistas, las cuatro, que con la excepción de Pekin 2005 o su título en Tokio 2010, han reducido el favoritismo de Rafa con respecto a otros tramos de competición.
Será importante observar hacia dónde se dirige su discurso en ruedas de prensa y posibles entrevistas, pues si bien en los meses de tierra batida mostró cierta pesadumbre y una autocrítica más que explícita, sus palabras se matizaron con el paso del tiempo, sin exponer tanto su nivel de ansiedad, realzando sus buenos entrenamientos y mejoría en contraposición al pasado inmediato a dicho cambio.
Con respecto a otros años, dos puntos crean una salvedad para este 2015 en estos próximos meses: llega muchísimo más descansado que otros años, en los que invirtió todas sus energías de enero a agosto, teniendo en la Masters Cup su gran asignatura pendiente a nivel de palmarés. No obstante y a la espera de encontrar un Nadal elevando mucho su nivel, las expectativas bajan para los próximos 4-5 torneos. Mantener el nivel físico, conseguir alguna victoria ante jugadores del top-10, cosechar algún título y ajustar aspectos concretos -el servicio- para tomar confianza a partir de enero serán los parámetros a seguir en el rendimiento y planes inmediatos en el equipo del mallorquín.
En el peor de los casos, nuevas derrotas prematuras en estos próximos meses acentuarían su bajo nivel de confianza a medio plazo. Una lectura de olvidar toda la temporada y comenzar de cero tomaría todo el peso en su actual coyuntura deportiva. Su reválida debería llegar en el primer semestre de 2016, donde experimentar en pretemporada con la nueva raqueta y marcar objetivos ambiciosos para las canchas duras más lentas y los meses primaverales de tierra europea sirvan como frontera para su actual momento.
Si en 2014 Rafa sólo pudo ganar en Madrid tras la lesión de Nishikori, alcanzando un noveno Roland Garros histórico, en 2015 se subrayaron aún más sus problemas de competitividad y dominio en su superficie predilecta. Sumar una nueva gira de arcilla de contratiempos y desconfianza descolocaría por completo su nivel como candidato a lo máximo.
Pensar en un Nadal conformista, sin pelear los títulos en tierra batida suena complicado. La vuelta del español será plena si logra redimirise y reciclarse para volver a luchar por brillar en grandes escenarios. Seleccionar las batallas y reencontrarse con el ritmo de su descomunal drive sobre el albero podría desatar de una tacada un nivel para volver a intimidar.
La campaña 2016 será una temporada crucial en su trayectoria, y si bien hay dudas sobre su rendimiento, no se puede dudar ni de su capacidad de trabajo ni de un orgullo que por la casuística común a grandes leyendas, ha de tener su propio renacimiento, veremos si de la mano de algún tipo de asesoramiento externo y nuevo.

