En el tenis, un deporte profesionalizado en el que los intereses deportivos y económicos suelen marcar las decisiones de los jugadores, hay casos en los que todavía prevalece el factor humano.
Andy Murray es el ejemplo más reciente de un hombre que antepone el interés colectivo al individual. El tenista británico se plantea renunciar al World Tour Finals (torneo de maestros) para llegar en mejores condiciones a la final de Copa Davis que se celebra unos días después en Bélgica sobre tierra batida.
“Obviamente, competir en el O2 sería un gran interrogante para mí si jugáramos en tierra. Iría a preparar la final y a entrenarme sobre tierra”, declaró Murray en BBC Radio, antes de conocer la decisión final de la federación belga.
Renunciar al World Tour Finals equivaldría a renunciar a la posibilidad de sumar 1.500 puntos en el ranking ATP y de ganar más de dos millones de dólares. Además, se da la circunstancia de que Murray nunca ha ganado el ‘torneo de maestros’, un evento en el que juega como local desde su traslado a Londres.

A la espera de la decisión definitiva de Murray, su planteamiento ya resulta loable. Decir ‘no’ a la posibilidad de lograr un premio individual tan suculento a nivel deportivo y económico es una idea poco frecuente en el tenis moderno.
Las dudas de Murray reflejan su priorización de la Copa Davis sobre el ‘torneo de maestros’. Y también muestran la ilusión que aún es capaz de generar esta competición por países en las rondas finales. En la próxima final de la Copa Davis, Murray afrontará una experiencia vital inolvidable, histórica.
Andy contempla la posibilidad de renunciar a un valioso premio individual (el World Tour Finals) para convertirse en héroe eterno del pueblo británico. Un ejemplo de que los sentimientos aún pueden gobernar las decisiones de los mejores tenistas en un mundo profesional.

