Roberta Vinci pasará a la historia como la jugadora que privó a Serena Williams de lograr el Gran Slam anual. En un partido marcado por la diferente situación con la que cada jugadora afrontaba la semifinal, la italiana, de 32 años, creyó siempre en sus posibilidades a pesar de perder el primer set. Interpretó con suma tranquilidad la precipitación y tesitura en la que se encontraba Williams, para dominar las dos últimas mangas desde su variedad al servicio y sus posibilidades técnicas -cortados, juego en media pista-.
"El mejor partido de mi vida". No era necesario que lo admitiera, pero una radiante y emocionada Roberta Vinci cerró el partido con un golpe de mano y toque en la red, propio de su tenis de doblista y experta en situaciones del estilo. Ubicada en el puesto 43, pero con enorme experiencia en semifinales y finales de Grand Slam en la disciplina de dobles, la transalpina edificó su triunfó en saber interpretar el partido y no dar nada por supuesto.
18-1 era el récord que Williams manejaba en 2015 tras perder el primer set. Abonada al drama de las remontadas, la número 1 acusó la tremenda presión de todo el planeta tenis y no supo reconducir una situación que poco a poco fue rodeándola de nerviosismo y pesadez. Ya desde el inicio mostró una lentitud e inactividad en sus piernas que no tuvo reacción. A la menor de las Williams se le apagó la luz. Se quedó petrificada en la Arthur Ashe.

El encuentro comenzó con Williams enterrada en el barro. Sus pies no querían estar a una altura de la competición donde los nervios suelen provocar bloqueos similares. Serena aceptó que flexionar y reaccionar era imposible, por lo que pasó a remontar el break en contra con primer servicio y aceleración de brazo. Sin sensaciones extremadamente esperanzadoras, Williams cercenó la primera manga con un parcial de 5 juegos a 0, 16 golpes ganadores y 8 errores no forzados.
A partir de ahí, los braceos por intentar llegar a la orilla fueron alejándola del objetivo. Ni sus habituales alaridos ni sus dramáticas reacciones lograron devolver actividad y ritmo a su movilidad. Ahí apareció Roberta para comenzar a aprovechar el margen de ganancia que el choque podía otorgarle. Fue variando con su saque, su revés cortado, sus dejadas y su espíritu de lucha. La defensa de Vinci lució como nunca y dejó a Williams al borde del colapso, entre error y error. La Arthur Ashe no creía en el desenlace que se sobrevenía.
Con 3-3 en la manga decisiva, Serena duda entre atacar o esperar por miedo al fallo. Vinci quiebra y respira. Sostiene su servicio después de salvar dos breakpoints que Serena desbarata. La número uno aguanta al servicio y resta para seguir viva en el encuentro. Cambia su táctica y se va para adelante. Es tal la presión de jugar desde el fondo, donde Vinci muestra una enorme seguridad en sus decisiones, que Serena se ve obligada a restar buscando el ganador y a cerrar a la red. Dos errores alevosos dejan un 40-0 definitivo. Roberta Vinci completará una final italiana en Nueva York. El Grand Slam seguirá en manos de Steffi Graf.

