Apenas hubo oposición real o puntual a la que agarrarse para explicar el primer compromiso de Novak Djokovic sobre la Arthur Ashe. El de Belgrado cruzó la primera ronda sin desgaste, buscando desequlibrar sin forzar la máquina y logrando el pase a la segunda ronda de manera inmaculada. El mejor tenista del mundo no tuvo en Joao Souza un test real. El brasileño, sin victorias en Grand Slam, quedó a merced de lo que su rival dispusiera.
Apenas 7 errores no forzados y unos contundentes 23 golpes ganadores de Nole definieron el encuentro. También todos sus números al servicio, en la red y al resto. Dos realidades tenísticas separadas por la red en el día de hoy. Cualquier pelota que Novak dirigiera con ángulo o velocidad era respondida por en un error de Souza. Golpeando en carrera se observaron sus limitaciones sobre la superficie. habituado a pisar y a trabajar la arcilla, a Souza le costaba contrarrestar los tiros planos de Djokovic, mientras los más abiertos le creaban muchas dificultades sobre su derecha, empuñada y armada con las parábolas propias de la tierra batida.

Djokovic se tomó el partido como una oportunidad para probar sus golpes de ataque. Aún sin encontrar las líneas, pues no le hizo falta, subió a la red en 14 ocasiones, se montó con el revés en todas direcciones y no bajó la intensidad en su juego desde la primera a la última pelota. No fue excesiva esa intensidad, pues nadie como Nole maniobra a diferentes velocidades para plantar campamentos base en sus torneos a siete partidos y cinco sets.
Logrado el break de manera súbita en cada uno de los parciales, el partido se emparejó con el reloj para consumirse en el menor tiempo posible para los intereses del número 1. El objetivo de su debut sobre el cemento neoyorquino fue múltiple: buenos porcentajes al servicio tras sus problemas de codo en Cincinnati, buenas sensaciones en términos de profundidad y velocidad media y la suma de poco desgaste y ningún susto. Novak firmó gustosamente el trámite.

