Rafael Nadal tuvo un estreno victorioso en el Masters 1000 de Montreal ante Sergiy Stakhovsky: 7-6(4) y 6-3. La última vez que Nadal pisó la misma pista central acabó mordiendo el trofeo de campeón. Anulaba a Milos Raonic en la final después de haber tumbado a Novak Djokovic en la semifinal.
Dos años después, este éxito del manacorense suena a blanco y negro. Nadal busca la consistencia tenística y la entereza mental perdidas en los últimos meses. Tras ganar en Hamburgo, el manacorense dio hoy otro pequeño paso adelante en su reencuentro con las pistas duras.

Stakhovsky, un jugador con una atrevida apuesta de saque y red, apenas examinó la fiabilidad del español en los intercambios largos. Su plan era radicalmente opuesto y excesivamente dependiente de su servicio.
En cualquier caso, la actitud y la determinación de Nadal, sin alcanzar su punto más álgido, volvieron a ser reconocibles. Incluso, Rafa retrocedió en el tiempo con diabólicos efectos que superaron la presencia de su rival en la red. Apenas golpeó con el marco de su raqueta en una tarde ventosa. Y cuando el primer servicio del ucraniano decayó, se adueñó del partido.
El momento más gris del manacorense llegó a la hora de certificar la ventaja adquirida en el primer set. Una doble falta y dos errores con la derecha rescataron al Nadal inseguro en los momentos críticos, pero el jugador español sólo tardó unos minutos en cicatrizar esta herida.

Amparado en un saque abierto que le daba un excelente resultado ante el débil revés de Stakhovsky, Nadal navegaba en el partido a ritmo de crucero. Mientras, el ucraniano acusaba el peso del marcador y sucumbía ante los momentos de magia que Nadal ofrecía en forma de ‘passing shots’.
Stakhovsky acabó siendo un examen sencillo que Nadal superó con una sola laguna en el primer set. El veterano Mikhail Youzhny, que resurge del ocaso esta semana, probará la fortaleza actual de Rafa en la tercera ronda.

