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Cuando la tierra batida era Olímpica

El 29 de julio de 1992 arrancó la competición de tenis de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Seis olimpiadas después, siguen siendo los últimos sobre polvo de ladrillo.

Por estas fechas dentro de un año tendremos nueva cita olímpica. Es posible que muchos no lo sepan y que a muchos les sorprenda. Y con razón, ya que el deporte de la raqueta estuvo en el ostracismo olímpico durante nada menos que 11 olimpiadas. Pero la disciplina deportiva del tenis figuraba entre las nueve de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna que tuvieron lugar en Atenas en 1896. Y adivinen sobre que superficie se jugaba. Si pensaron tierra batida acertaron de pleno. La cuna del tenis olímpico fue forjada sobre pistas lentas de arcilla. ¿Ya nadie se acuerda de eso?

O no quieren acordarse. Cuando los Juegos Olímpicos volvieron a Atenas en 2004 la tierra batida fue condenada al olvido, pisoteada por el auge y preponderancia del cemento. Esta política es la que se sigue manteniendo. La próxima cita olímpica está a la vuelta de la esquina, en Río de Janeiro. Y contra todo pronóstico será de nuevo la pista acrílica la que haga las veces de foro romano para que gladiadores de la raqueta de todo el mundo lidien épicas batallas en busca de las tan ansiadas preseas.

Son ya 23 años de aquellos inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona 92’ que pusieron a España en el mapa del deporte mundial. La competición de tenis tuvo lugar en el Club de Tenis de la Vall d’Hebrón, un mítico enclave tenístico de la Ciudad Condal donde se respira tenis por los cuatro costados. Como no podía ser de otra forma dada la idiosincrasia del tenis español, la superficie elegida fue la tierra batida. A día de hoy, no se han vuelto a ver unas olimpiadas sobre tierra.

Quedará siempre para el recuerdo aquella mítica y apasionante final entre el local Jordi Arrese y el suizo de más de dos metros Marc Rosset. Batalla de las que uno se enamora del tenis y que acabó lamentablemente para los intereses españoles con victoria y oro para el helvético tras más de cinco horas de encuentro (7-6 6-4 3-6 4-6 y 8-6). Fue el partido más largo de la historia de las olimpiadas, toda una demostración de garra y entrega por parte del español ante la notablemente superior pegada del suizo. Nunca una medalla de plata supo tanto oro.

Fue un torneo olímpico caracterizado por la épica, no solo de la superficie y del ambiente clásico de tenis que se respiraba en la Vall d’Hebrón. A todo esto hay que añadir que se jugaba al mejor de 5 sets desde la primera ronda hasta la gran final. En este caso, también últimas olimpiadas en las que se daba esta circunstancia.

El medallero de esas inolvidables olimpiadas barcelonesas se completó con el oro de Jennifer Capriati en mujeres, el de Boris Becker y Michael Stich en dobles masculinos y el de Gigi y Mary Joe Fernández (sin parentesco a pesar de la coincidencia de apellido) en dobles femeninos.

Rememorar esas dos semanas de tenis olímpico sobre tierra batida genera a todo buen aficionado una nostalgia por el respeto a la tradición que solo ha sido levemente calmada con los pasados Juegos de Londres. Los británicos supieron respetar y defender sus signos de identidad en cuanto a tenis y la hierba fue la protagonista de ese evento. Todo lo contrario que Atenas o ahora Río de Janeiro, que fácilmente se rindieron al dominio del cemento. El polvo de ladrillo debió de ser el suelo elegido en ambas citas. El propio Nadal, tras saberse lo de Río, se mostraba incrédulo y decepcionado por la decisión de los brasileños.

Que mejor escenario que unos Juegos Olímpicos para defender la riqueza y la variedad de juego que aporta el tenis con sus múltiples superficies, sin llegar a la diferenciación que puede haber en deportes como el hockey. Muchos esgrimen que la pista dura unifica y es la más ‘democrática’. Pero la realidad es que hoy en día una gran parte de jugadores están perfectamente adaptados a cualquier suelo. El tenis es un deporte multisuperficie y así debe ser interpretado por quienes tienen capacidad de decisión. Esperemos no tener que esperar a unas olimpiadas en Madrid para ver los 7 aros olímpicos plasmados sobre el suelo de arcilla.