La difícil transición entre París y Londres

Solamente cuatro jugadores en la Era Abierta consiguieron traspasar su éxito de Roland Garros hasta Wimbledon en una misma temporada. ¿Será Wawrinka el quinto?

Fernando Murciego | 27 Jun 2015 | 09.30
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La verdad es que no es nada sencillo el tema que abordamos. Ganar en Roland Garros ya es, por sí solo, un reto cinco estrellas, imagínense rematarlo con una corona en Wimbledon. Es exactamente lo que en su día hizo Rod Laver o Björn Borg. O más cercano a nuestros tiempos, Rafael Nadal o Roger Federer. Cuatro hombres que lograron prolongar su gloria sobre arcilla hasta la hierba, las dos superficies más opuestas que se puedan comparar. En 2015, el reto corre a cargo de Stan Wawrinka.

La hazaña consiste en contar con el saque como un simple primer golpe a convertirse en el arma más resolutiva; de recibir una pelota a la altura de los hombres a tener que golpear por debajo de la cintura; o de sudar durante eternos intercambios de más de quince golpes para luego pedir un deseo si presencias uno que sobrepase los cinco tiros. Tres sencillos tips que diferencian la tierra batida del césped dentro de una larga lista que convierte a ambas superficies en el día y la noche del circuito profesional. Tanto es así que a lo largo de la historia muy pocos fueron los jugadores capaces, ya no solo de conquistar los dos terrenos, sino de saber competir sobre ellos. Para muestra, véanse los casos de Pete Sampras en la arena o de Ivan Lendl sobre el pasto.

Muchas cosas han cambiado en los últimos 20 años, tanto que cada vez es menor el precipicio que existe entre el mes de mayo y el de julio, ese que te hacía saltar del letargo del polvo de ladrillo al verde fugaz del All England Club. La homogeneidad y los intereses televisivos han ido recortando estas diferencias entre los alberos hasta el punto de que ahora la mayoría de jugadores son capaces de rendir correctamente allá donde vayan, aunque siempre hay excepciones. Stan Wawrinka es el hombre que acapara los focos este curso, reciente campeón en la Philippe Chatrier, ahora intentará cerrar el círculo coronándose en Londres al igual que hiciera su amigo Federer en 2009.

Pero antes de Roger hubo otros, como Rod Laver (1969), quien no tuvo suficiente con ganar el segundo y tercer Grand Slam de la temporada, los quiso todos. Y por segunda vez. O Björn Borg (1978-1980), dominador absoluto en la década de los 70 con su habitual puente aéreo entre París y Londres. Años más tarde aterrizaron dos nuevos cyborgs en el vestuario llamados Rafa Nadal y Roger Federer. El español capturó el doblete en dos ocasiones (2008 y 2010), silenciando a aquellos que decían que solo sabía jugar en tierra. Más emocionante fue la gesta del suizo en 2009, quien completó el Grand Slam en París para luego levantar su sexto Wimbledon y regresar al número uno del mundo al mismo tiempo. Historias reservadas para unos pocos privilegiados.

Nadie pensaba que Stanislas Wawrinka aparecería el 7 de junio en nuestras pantallas alzando la Copa de los Mosqueteros. ¿Por qué no puede repetirse la historia el próximo 12 de julio? Tras sumar el segundo major de su carrera, el de Lausana recuperó esas sensaciones de imbatibilidad que ya dejó patentes hace dos años en Australia, aunque sobre la hierba de Londres la cosa cambia. Sus diez participaciones en Wimbledon se resumen en cinco eliminaciones en el debut y unos cuartos de final (2014) como mejor resultado. Con los datos sobre la mesa y la exclusividad de la proeza, parece una utopía imaginar al helvético firmando semejante epopeya.

¿Y vosotros qué pensáis? ¿Le dais opciones de victoria a Wawrinka en Wimbledon?