La forja de un campeón

Toni Nadal es una figura importantísima para Rafael Nadal. Como él, muchos entrenadores han pasado a la historia del tenis

“Por encima de todo soy un apasionado y aficionado al tenis, sé lo que lograron Borg u otros. Lo que está haciendo Rafael jamás lo hubiera imaginado”. La victoria de Rafa Nadal en Roland Garros ha supuesto el Grand Slam número 14 para la familia Nadal. El mentor y entrenador del número 1 del mundo ha actualizado el récord de majors que un solo entrenador atesora en la historia del tenis entrenando a un único jugador, que no es otro que el suyo propio.

Toni Nadal no es el primero ni el último entrenador que acumula méritos, éxitos y tiempo junto a una leyenda del tenis. A lo largo de toda la Era Open, donde el profesionalismo se ha extendido en todas direcciones hasta hacer del coach una necesidad, muchos han sido los que han estado aconsejando y madurando a tenistas que a la postre entraron, o que con seguridad entrarán, en el Hall of Fame de Rhode Island.

La figura paterna/materna, una constante

La figura introductora en multitud de deportes adquiere mayor énfasis y dedicación en el mundo de la raqueta, haciendo de los progenitores los primeros observadores y captadores del posible talento de sus hijos. La individualidad de la disciplina lleva a muchos padres/madres a encaminar los primeros pasos del chico sobre una pista de tenis. Aunque el concepto integrado de “alto rendimiento” que han implementado multitud de Academias en todo el mundo ha reducido algo más el papel de los padres y madres, la prolífica relación de estos con tenistas de enorme calibre a lo largo de estas últimas décadas ha sido constante.

Ejemplos, muchos. Richard Williams, peculiar y formador de las hermanas Williams, impresionantes campeonas que han conseguido 24 majors entre ambas y cuya formación corrió íntegramente a cargo de su progenitor, más allá de los preparadores que con el tiempo supervisaron la progresión de ambas, coincidiendo con la avanzada edad de Richard, caso actual de Patrick Mouratouglou, entrenador y pareja sentimental de Serena.

Jimmy Evert, Peter Graf, Karolj Seles o Miroslav Navratil, padre de Chris Evert, de Steffi Graf, Monica Seles y padrastro de Martina Navratilova respectivamente, sirvieron de introductores en el amor por el tenis de cuatro de las figuras más legendarias del tenis profesional femenino. Karolj fue quien, por ejemplo, inculcó el característico golpeo a dos manos con el drive que Seles terminó de interiorizar en la Academia Bolletieri, el cual fue seña de identidad durante su carrera y que sirvió para desbancar a Steffi Graf hasta el trágico episodio del apuñalamiento. También Melanie Molitor, madre de Martina Hingis, quien consiguió con la suiza cinco Grand Slams, en una de las irrupciones más impactantes de la historia del tenis femenino.

La figura del ex-jugador y el coach profesional

La experiencia, sabiduría y sensibilidad de los exjugadores es una de las fuentes principales de abastecimiento para que los tenistas busquen nuevos caminos. Es difícil separar a Pete Sampras de Paul Annacone, Chris Evert de Dennis Ralston, Bjorn Borg de Lennard Bergelin o a Andre Agassi de Brad Gilbert, entrenadores que llevaron a los cuatro a sus mejores años como profesionales. Annacone, quien consiguió ocho Grand Slam con Pistol Pete, volvería a la senda del éxito con Roger Federer, consiguiendo el suizo su 17º grande en un período de trabajo de tres años. Bergelin lo fue todo para Borg, al que recondujo en conducta y temperamento, logrando ambos las 11 coronas de Grand Slam, compartiendo pensamientos entre 1971 y 1983. Mentor táctico y emocional, Bergelin fue su auténtico maestro.

De Brad Gilbert -6 majors con Andre- lo decía todo y a todas horas el propio Agassi, quien le definió como “el mejor entrenador posible para mi”, siendo “un coach integral, conocedor absoluto del juego en todos los aspectos: tácticos, emocionales, estratétigos. Un fuera de serie, verdadero artífice de llevar mi juego a lo más alto”. Casos como el de Marian Vajda -6 Grand Slams con Novak-, Ivan Lendl, quien consiguió despojar a Murray de todas sus dudas, alcanzando Wimbledon y el US Open, o el trabajo de Magnus Norman con Stan Wawrinka o Larri Stefanki con Roddick, Ríos o González, ejemplifican la nutritiva labor de los exjugadores.

El gran Tony Roche, quien logró éxitos con Lendl, Federer y Rafter, logró completar una carrera extraordinaria como jugador, uno de los numerosos integrantes que harían de Australia la máxima potencia a mediados del siglo pasado, cuando otro genio de los banquillos, Harry Hopman dirigió los pasos no solo de Roche sino de la mejor generación de jugadores de un mismo país que ha dado la historia del tenis. Harry Hopman, quien moldeó a jugadores de la talla de Rod Laver, Ken Rosewall, Roy Emerson, Lew Hoad, John Newcombe o John McEnroe, está considerado como el entrenador más importante habido hasta el momento.

Casos como el de Carlos Rodríguez son más inusuales. Coach profesional que no se hizo un nombre en las pistas, fue quien forjó a Justine Henin durante más de 15 años junto a la belga, logrando siete coronas de Grand Slam y la medalla de oro de Atenas, a la que se suma su actual trabajo con la china Li Na, con quien ya ganó el Australian Open de 2013.

Entrenar a Graf y Billie Jean King, éxito asegurado

Así se puede definir la continuidad que tuvieron ambas carreras. La norteamericana consiguió sus 12 títulos de Grand Slam de la mano de Frank X. Brennan, quien acompañó a King por las pistas durante 18 años. En el caso de Graf, su extrema calidad no sufrió el cambio de coach, cuando dejó de trabajar en 1991 con Pavel Slozil, con el que consiguió 10 Grand Slams. Tras este periodo, alcanzaría 12 majors con Heinz Gunthard, compartiendo con Brennan el honor de ser el entrenador con más títulos individuales de Grand Slam como entrenador hasta la llegada de Toni Nadal.

Toni Nadal, un discurso para formar un mito

A lo largo de todos estos años, Toni Nadal es principal responsable de una retórica inoculada y subrayada hasta convertirla en actitud. Las palabras como hechos. El tío de Rafael Nadal dirigió los designios del actual campeón de Roland Garros hasta forjar un carácter inconformista, pasional y batallador. La mente más privilegiada que ha visto el tenis masculino se ha alimentado de las enseñanzas de su tío.

“Con Rafael sólo me he limitado a aplicar una filosofía de vida aplicada a un chico que presenta unas condiciones innatas para jugar al tenis. No hay sistemas ni lecciones que dar a nadie”. En gran parte de su adolescencia y primeros años en el circuito, Toni conjugó de manera innegociable y a todas las horas el verbo sacrificarse. Una ética de trabajo que ha caracterizado sobremanera al tenista que sólo ve a Federer por delante en números de Grand Slam.

“Nunca me ha gustado que Rafael tuviera todo a punto. Bolas nuevas, raquetas nuevas, pistas perfectas (…). Sólo se crece desde las dificultades”. La figura de Toni Nadal, por su capacidad para analizar rivales, implementar mejoras en el tenis de Rafael, poner los pies en el suelo y construir una personalidad enfocada en el trabajo y la constancia se ha mostrado fundamental en los éxitos del mejor deportista español habido hasta hoy.

“Desde muy pequeño siempre le exigido trabajo y nunca he sobredimensionado ningún éxito por grande que fuese”. La exigencia del actual circuito es algo aceptado por el propio Nadal, quien siempre ha manifestado un extraño placer en conseguir las cosas desde la dificultad y el esfuerzo. El caso de Toni y Rafa seguramente haya sido el caso paradigmático en cuanto a la formación personal y profesional durante toda una vida. Una sociedad que ha permanecido inalterable desde el primer día.

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