La eliminación del equipo español de Copa Davis a manos de Alemania (3-0) en el Fraport Arena de Fráncfort vuelve a mandar a la lona a La Armada a las primeras de cambio. Como ya sucediera durante 2013 ante Canadá en Vancouver, un equipo plagado de ausencias muerde el polvo en el envite de apertura. La opción de buscar la sexta Ensaladera rota en mil pedazos apenas abierto el mes de febrero.
Las circunstancias apremian. Es totalmente comprensible que, después de un Grand Slam y con el bagaje en la competición que atesoran en Copa Davis algunas de las principales raquetas, con Ensaladeras a pares en las repisas, las series de apertura supongan una piedra en el camino más que un compromiso abordable. Pero las preguntas surgen al contemplar el potencial deportivo que guarda el tenis español en la actualidad. Donde buscar una Copa Davis, enorme reto profesional, se ha convertido en un acto normalizado.
¿Puede España permitirse este tipo de actuaciones en la competición por equipos más importante del mundo? ¿¿Qué sucederá cuando los puntales que hoy día sostienen la entidad del tenis español cuelguen la raqueta? ¿Qué darían otros países por tener la opción de armar un grupo la mitad de potente que el español? Debates con demasiadas aristas como para ponderar verdades absolutas, pero que dejan ese regusto de oportunidad perdida.

Es una lástima que, teniendo un grupo deportivo como el presente en esta generación, La Armada se vea abocada a eliminatorias donde se pelee únicamente por mantener la categoría entre los 16 mejores equipos del mundo. Cuando se tiene mimbres de sobra para optar a título año tras año. Van dos ediciones consecutivas perdiendo el tren en la primera serie, dos eliminatorias donde no se pudo contar con las cuatro primeras raquetas.
El tenis español cuenta con un fondo de armario bastante amplio, pero todo tiene un límite. Acudir con el quinto hombre como primera espada tiene su penitencia evidente. Y en Fráncfort se ha pagado con consecuencias, mínimo, de un año.
Problemas de calendario, prioridades entre los perfiles más poderosos,... suertes de malabar con las que el capitán, en este caso Carlos Moyà, debe operar para obtener la convocatoria más poderosa. En su primer desafío, con multitud de palos en las ruedas, ha sido imposible lograr el objetivo.
Una serie, todo sea dicho, muy digna del equipo español. Una derrota con las botas puestas y la mirada al frente. Con partidos apretados, muy discutidos hasta el final. Las hechuras de la convocatoria, con un perfil debutante en individuales, una pareja inédita en la competición y Feliciano López como hombre referencia en una competición que adora, anticipaba un compromiso a sudar en tierras alemanas. Nadie ha bajado los brazos antes de tiempo. No se han mostrado desalientos en pista. Más bien todo lo contrario.
“Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase" dejó escrito Harper Lee en Matar a un ruiseñor. Cumplió La Armada ese espíritu, pese al desenlace. Fuera de casa, bajo techo, en pista dura, ante una Alemania con plenitud de activos y un grupo agujereado a ausencias, España dio todo. Auténticas peleas de fe protagonizadas por Bautista, pagando el bautismo de fuego en el estreno, por Feliciano, inclinado a cinco mangas por Mayer en un pulso frenético. Un doble disputado hasta el extremo, con una rotura en todo el encuentro.
Del próximo 12 al 14 de septiembre España deberá pelear por no perder la categoría. El país con mayor representación de tenistas en el top100 actual -un total de 14 raquetas-, con dos figuras en top5 -incluyendo al actual número 1 del mundo-, con 5 Ensaladeras como aval en la última década, padeciendo los reveses de unas convocatorias cada vez más complicadas de ajustar.
Con perfiles autoritarios cada vez más veteranos y con el currículo nutrido en la competición, es comprensible que se dé prioridad al calendario particular por encima de este compromiso colectivo. Pero ahora, la excepción ha tornado en tendencia. De manejar finales a evitar descensos.

