Vergonzoso Fognini en Australia

El italiano mostró un comportamiento nada profesional en uno de los partidos más importante de su carrera

Álvaro Rama | 19 Jan 2014 | 09.58
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Fabio Fognini protagonizó un espectáculo bochornoso en el Australian Open. En los octavos de final que le enfrentaban a Novak Djokovic, holgadamente cedidos (3-6 0-6 2-6) ante el serbio en poco más de una hora, la actitud del italiano traspasó las líneas de lo tolerable. Al menos, de lo entendible en un evento profesional del calibre de un Grand Slam. Levantando más risas y murmullos que aplausos entre el público. Convirtiendo el ambiente en una suerte de exhibición bastante bochornosa.

Una de las actitudes menos serias que se recuerdan en un torneo major. Lejos de ser una acción aislada, el espectáculo se extendió durante toda la tarde. Pasivo desde el primer juego, con un abanico de acciones impactantes: situándose detrás de un línea, llegando a empujarlo, durante un intercambio; tocando el sombrero de un asistente en el banquillo, reclamando revisiones absurdas ante bolas claramente malas que hicieron sonreír al juez de silla, quitándose la camiseta y adoptando posturas más propias de playa que de una competición profesional, vaciándose una botella de agua en el rostro dejando empapado el banquillo, jugueteando con los pies entre un micrófono ambiente, tirando la raqueta a la cancha de Novak en penúltimo juego,... un largo etcétera. Pero largo. Y eso que el partido apenas superó la hora.

Fognini vacía una botella de agua en la cara / Captura @juanjosetennis

Valga recordar que hablamos de uno de los partidos más importantes en la carrera de Fabio Fognini. Cuya importancia vale la pena considerar. Porque por la actitud del italiano puede hacer pensar en una pachanga de verano. Apenas sus segundos octavos de final de Grand Slam y los primeros sobre superficie dura. El tipo de pista predominante en el circuito, donde presenta mayor margen de mejora y en cuyo dominio puede estar la clave para su inmediato crecimiento. Tener delante al número 2 del mundo, en una central de Grand Slam a rebosar parece una oportunidad para sudar, aprender y obtener una lección valiosa. En lugar de ello, Fabio decidió terminar el partido antes de comenzarlo.

¿Qué pensará un aficionado que emplea su tiempo para ponerse bajo el sol del verano aussie y se deja un dinero en los octavos de final de un Grand Slam? ¿Qué pasará por la cabeza de José Perlas, entrenador de prestigio desplazado hasta las antípodas, cuando su pupilo se abre al ridículo público con absoluta desvergüenza? ¿Cómo será la reacción de jugadores como Hewitt, que vendió carísima su eliminación, al observar tal pataleta? ¿Cuáles serán las reflexiones del tenis italiano, que a primera hora gozó con el ejemplo de entrega de una renacida Flavia Pennetta, viendo a su primera raqueta masculina dar semejante imagen? ¿Qué ejemplo da Fognini a los más jóvenes, especialmente esos tenistas que estos días disputan el torneo junior en Melbourne?

El italiano, totalmente desconcentrado, gesticula en el banquillo / Captura @juanjosetennis

Djokovic, por contra, demostró lo que conlleva ser un deportista profesional. Que quizá Novak sea Novak por abordar de cierto modo sus compromisos. Lo que conlleva estar arriba. Enfocado desde el primer punto hasta el último. Manteniendo sus rutinas de concentración. Sin dejarse contagiar por la actitud displicente del adversario. Pocos hombres habrá de carácter más jocoso que el del serbio en el circuito, pero distingue perfectamente dónde termina el ocio y dónde comienza la competición. Y eso no se negocia. Djokovic, rodeado por el murmullo jocoso de la grada, no esboza siquiera una leve sonrisa hasta el último juego del partido. Cuando siente que tiene el deber cumplido, los cuartos de final garantizados y la raqueta de Fognini cae en su lado de pista, viéndose obligado a ejercer contacto con su amigo.

Nadie le pide a Fognini que gane a Djokovic, en formato a cinco mangas, a un hombre que no ha cedido desde el US Open y que ha ganado las últimas tres ediciones del torneo. Pero se le exige que, en una competición, compita. En uno de los escenarios tenísticos de mayor resonancia mediática, se faltó al respeto a sí mismo y al noble deporte que representa.