El regreso de Garbiñe Muguruza
Tumba en Auckland a la 66 del mundo tras seis meses de inactividad
Garbiñe Muguruza protagonizó uno de los regresos más esperados en el circuito femenino. Lo hizo en Auckland, sobre la pista central del evento neozelandés, punto de partida en la rampa de lanzamiento que debe conducirla al Australian Open 2014, sometiendo en dos parciales a la estadounidense Christina McHale (6-4 6-3). Estos días se comenta el retorno de Sharapova, la vuelta de Zvonareva, pero mirando a futuro, con 20 años recién cumplidos y ambición sin edad, la gran reinserción la protagoniza la tenista de Caracas.
Tras seis meses fuera de las pistas, Garbiñe Muguruza volvió a ponerse el mono de tenista profesional. Una visita al quirófano después de probar la hierba de Wimbledon separó a la jugadora por un tiempo del circuito. Un paso necesario pensando a futuro. Sin tener prisas pese a encontrarse en su primera temporada a tiempo completo al borde de las primeras 50 raquetas en apenas 6 meses. Haciendo lo que toca en el momento en que se necesita. Sin atender a circunstancias externas para postergar un envite requerido. Sin caer en el 'pan para hoy, hambre para mañana'. Preparando con tiempo en Barcelona, bajo la batuta de Alejo Mancisidor, el objetivo: reemprender la marcha con paso seguro.
Volver tras cerca de 200 días de inactividad competitiva y sentar a la número 66 del mundo tiene un valor a ponderar. Sin arrugarse, bien preparada para afrontar los desafíos, mordiendo desde el primer encuentro. Acoplada en ese perfil tan distante del estándar español. Piernas largas, envergadura imponente tiros decididos, voluntad de terminación. Con las salvedades que establece un parón tan prolongado, el tempo del encuentro se corresponde a las circunstancias. Ante un perfil con criterio defensivo como McHale, Muguruza necesitó cerca de 90 minutos para imponer su caudal ofensivo en dos parciales. Pero llegó a la orilla en último término guardando con margen la ropa.
Llegar y cumplir. Quemando etapas con paso firme. Como en 2013, donde sus tres visitas primerizas a Grand Slam se saldaron con victorias en el zurrón, pese a la inexperiencia en el terreno explorado. Camina en 2014 Muguruza con la voluntad de reemprender el camino. Tampoco es justo hablar de recuperar terreno perdido -apenas 10 posiciones cedidas (entonces 53, hoy 63) desde junio no supone un cambio abismal-, sino de cimentar el nivel mostrado hasta tal fecha.
Sobre el cemento oceánico busca Muguruza ese reencuentro de sensaciones. Y es tierra de reminiscencia dulce. Esa donde alzó en 2013 su primer título WTA, en categoría de dobles sobre el suelo de Hobart. Y en su primera visita a Melbourne, el gran recuerdo. La primera victoria en un major en un electrizante encuentro, decidido a su favor en un tercer parcial de 26 juegos. Bautismo de fuego que le condujo a su primera visita a la pista central de un Grand Slam. Y su primer pulso con una leyenda.
Porque fue el pasado año, sobre las pistas duras de Oceanía, donde Garbiñe recibió uno de los grandes reconocimientos que una tenista profesional pueda obtener. En un entorno hiper-competitivo como el de una disciplina individual, donde las concesiones morales se palpan con cuentagotas, la nacida en Caracas escuchó el aliento de la hoy número 1. Serena Williams probó desde la distancia corta la temperatura de pelota con que Garbiñe carga los tiros. Porque vio a una mujer, merecedora de tal etiqueta sin ser siquiera veinteañera, de cabeza centrada capaz de sostener el envite de morteros. Fue un estreno amargo, apenas dis juegos sumados, pero sufridos con el desparpajo del que no se entrega. Eso lo reconoció la estadounidense.
Sobre los hombros de la segunda raqueta española, la expectativa. Si en medio curso pudo poner su nombre en torno al 50, qué podría hacer en una campaña a pleno rendimiento. Con la experiencia de años atrás, se desprende Muguruza el cartel de teenager en su reentrada al circuito. Con el debate paralelo sobre el estandarte a enarbolar pero la concentración puesta en una prometedora carrera personal. Eso busca Garbiñe. La piel de gallina sobre la pista. Volver a sentirse tenista.
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