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2014: ¿la hora de Andy Murray?

Alejandro Arroyo - 30 nov 2013 | 17:01

Tras su lesión de espalda y su victoria en Wimbledon, 2014 está repleto de retos para el pupilo de Lendl

Primero contrató a Ivan Lendl, tras pasar un tiempo con Alex Corretja. Después se hizo con su primer grande, cuando a punto estuvo Novak Djokovic de remontarle un 2-0 en la final del US Open de 2012. Un año más tarde deshizo la historia, derribando un dique vetusto y colosal, tras ganar Wimbledon. La primera vez en 77 años que un británico lo conseguía. Y tras ello, Murray hibernó, de uno u otro modo. Si la espalda le responde, es la hora de Andrew Murray.

La carrera de Andy quizás necesitara de ello para poder hablar de ‘su año’. Quizás necesitaba que un entrenador desflorara su mente. Quizás necesitaba ganar primero un grande, después Wimbledon y después lo que venga. Por eso, una vez el talento escocés conoce por partida doble lo que es ganar en las canchas más importantes del mundo, sea hora de solventar la brecha. De acercarse a lo que tiene por delante: ser un candidato en todos los torneos del mundo.

Y es que el de Dunblane aún está lejos de ser fiable en dos circunstancias que necesitan de una mayor ambición por demostrarse y demostrar que hay una intención real de ser lo que no es: un gran jugador en arcilla y una mente preparada para jugar todos los sábados de cada Masters 1000. O al menos no ceder el primer día de competición. Para ser el mejor del mundo se han de jugar, mínimo, 60 partidos a un nivel de top-4, 10 a nivel de top-2 y 4-5 a nivel de top-1. Nadal o Djokovic ganan un 15% de los partidos por el pánico y el sometimiento psicológico hacia su rival. Es la gran diferencia con el británico.

Murray ya comentó que tras ganar Wimbledon, una sensación de vacío destensó su competitividad y vació en cierta manera su reserva psicológica. Una especie de parálisis competitiva tras lograr un acontecimiento deportivo imponente. Andy era una nación de naciones, ganando en el núcleo mismo de su deporte.


Es trabajo de su mentor lograr una regularidad acorde a su posición. Eso pasa por no mostrar lagunas y desconexiones en los Masters 1000 que se suceden por parejas, seguidos en el calendario, donde a Murray le cuesta mostrar dos semanas seguidas a su nivel real, con actuaciones muy dispares entre una semana y otra y por encima de todo, encontrar el mecanismo que despierte su juego sobre tierra batida.

Es un debate muy interesante el porqué Murray no rinde en una superficie sobre la que se formó durante una etapa de su vida, en la Sánchez-Casal de Barcelona, donde aprendió a deslizar, a medir su posición con respecto a la línea de fondo y tiene actualmente a uno de los mejores jugadores de la historia de la superficie al mando de sus operaciones. Puede jugar intercambios largos, su capacidad para elaborar y mezclar alturas y ritmos está fuera de toda duda. Pero no está cómodo.

En 2013, la espalda le avisó de que Wimbledon era el gran objetivo, y declinó jugar en París. Si a eso unimos que cayó en Cuartos del US Open, el margen de mejora de Andy en dos de los cuatro grandes es a tener en cuenta con respecto al 2014, aún defendiendo final y campeonato en los otros dos. Si añadimos que no defiende puntos a final de año, que la arcilla aún está por descubrir un rendimiento acorde a su momento deportivo y su ranking personal y que su gran debe está en encadenar 4 grandes resultados en los otros tantos Masters 1000 que se juegan sobre cemento norteamericano, el 2014 de Murray tendría que verle progresar en un abanico de opciones tan jugosas como exigentes.

Cuatro años consecutivos logrando una final de Grand Slam en su haber, seguir el ritmo de Nadal y Djokovic, cimas competitivas, físicas y psicológicas, es un reto mayúsculo, pero seguramente apetecible para las aspiraciones de un jugador que aún tiene muchísimo por progresar.