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¿Por qué se caen los tenistas en Wimbledon?
Multitud de resbalones sobre el césped de Londres abren el debate sobre el origen de tales desequilibrios
Las caídas sobre el césped de Wimbledon están siendo tan inherentes al Grand Slam británico como el color blanco en las indumentarias de los jugadores. En los primeros días de competición los resbalones, dejando a los jugadores volcados sobre el césped, vienen configurando una de las escenas más repetidas. ¿A qué puede deberse todo esto?
En la búsqueda de una explicación racional al fenómeno encontramos todo un abanico de posturas procedentes tanto de jugadores, como organizadores, como comentaristas de televisión. Problemas de adaptación, empleo de estilos poco propicios para la hierba, influencia de agente climatológicos, mala preparación de las superficies, modificación en elementos clave de las zapatillas,... una amalgama de argumentos entremezclados entre las briznas.

Un total de siete jugadores se retiraron del torneo en la jornada del miércoles, calificado como Black Wednesday en algunos círculos tenísticos por la cantidad de grandes figuras derrotadas, entre ellos varios con dificultades físicas sobre el césped. Según la Federación Internacional de Tenis, jamás hubo en la Era Abierta un día de Grand Slam con semejante número de bajas debido a problemas físicos.
Algunos de los tenistas afectados por las caídas negaron que la circunstancia tuviera relación directa con las características del césped. Así, María Sharapova –a pesar de calificar de ‘peligrosa’ la superficie tras verse por tres veces arrojada al suelo- o Jo-Wilfried Tsonga –retirado con un problema en el tendón de una rodilla- negaron creer que sus desperfectos estuvieran motivados por anomalías en la superficie.
Hay quien apunta al clima húmedo y frío que envuelve la capital británica desde hace un par de semanas. Como consecuencia de su carácter natural, la hierba está sujeta a cambios derivados de las condiciones climatológicas. "No pasa nada con las pistas. Están bien. Lo único que pienso es que el tiempo desde hace unos quince días viene siendo húmedo y frío, incluso ventoso a veces. Eso no es bueno para jugar al tenis. Y tampoco lo es para las articulaciones” indicaba el malogrado Tsonga.
Wimbledon tiene en sus alfombras de césped un producto de delicado mimo. Canchas repasadas a diario, preparadas durante todo un año para mostrar un aspecto inmejorable convierten a la superficie en uno de sus bienes más preciados. El mero hecho de haber escuchado cuestionar su calidad en 2013, forzó al torneo a emitir una nota tratando de acallar cualquier tipo de duda. “Ha habido un elevado número de retiradas en el torneo y nos compadecemos de todos los jugadores afectados. Las retiradas sucedieron por un abanico de motivos, pero ha habido alguna insinuación de que la superficie de las pistas tiene la culpa”. Ejemplo de ello, la segunda favorita del cuadro femenino Victoria Azarenka, que cuestionó la calidad de las canchas tras verse obligada a abandonar el torneo por un resbalón que dañó una de sus rodillas. “No tenemos motivos para pensar que ese sea el caso. De hecho, muchos jugadores nos han felicitado por las muy buenas condiciones de las pistas” insistieron desde la organización.

La celebración del torneo olímpico sometió a los terrenos a un doble trabajo durante la temporada 2012. La hierba fue doblemente renovada, pero tal aspecto no se considera elemento de incidencia negativa desde el punto de vista de los responsables del torneo. "La preparación de los terrenos ha seguido la misma meticulosidad que en años anteriores y es bien sabido que las superficies de hierba tiende a estar más exuberante al comienzo de los torneos. La evidencia factual, que ha sido independientemente testada, es que las pistas son casi idénticas a las del pasado año, tan seca y firme como deben ser, y esperamos que continúen presentando su alta calidad habitual".
Según Darren Cahill, entrenador y comentarista en televisión estadounidense, el problema se origina desde un punto de vista puramente estilístico, en el patrón de juego del deportista. "Los tenistas se han estado moviendo como si la hierba fuera una pista dura, y en pistas duras los jugadores están acostumbrados a anclar la pierna con la que entran en un tiro. Sobre la hierba, la pierna y el pie son mucho más propensos a deslizarse y actuar de manera inestable". Quizá lo que está insinuando es que las pistas de hierba se han ralentizado, generando en el tenista la imagen de estar compitiendo sobre una pista ce cemento, forzándole inconscientemente a competir bajos las normas de juegos de tal suelo.
Una postura que parece compartir Andy Murray en una columna escrita en la BBC. Frente a superficies como el cemento -que copa más de la mitad de las citas del calendario- o la arcilla -con una presencia intensa en los meses de primavera-, la hierba queda reducida a apenas tres semanas. Con un puñado de días para ejercer la transición sobre el césped, los automatismos son complicados de coger. Y el hecho de que en la disciplina domine el juego de fondo y una velocidad de juego -dada la creciente opción de contrarréplica- cada vez mayor, el paso a la hierba simplemente es un desafío escarpado de adaptación.

“Pienso que lo jugadores son más rápidos en la actualidad" comenta el británico, finalista en 2012 sobre el césped de Wimbledon. "Y la hierba es una superficie donde es complicado detenerse. La forma en que los chicos están lanzando sus cuerpos sobre la pista hoy día hace que se deslicen más de lo que solían hacerlo".
"No te puedes mover de esa manera sobre una pista de hierba. Necesitas tener especial cuidado con el posicionamiento de los pies y eso es algo para lo que necesitas tiempo de adaptación si vienes de la tierra batida. Allí puedes lanzar tu pierna derecha al resbalar hacia una bola, pero aquí tienes que dar pequeños pasos para decelerarte o te caerás” indicó el número 2 del mundo.
Guido Pella, quien se viera forzado a la retirada tras sufrir una rotura de isquitibiales, mostró una curiosa opinión en declaraciones al diario argentino La Nación. "Para mí, el problema es que el pasto está muy alto y los tapones que usamos en las zapatillas son muy chiquitos, por eso no tenemos un buen agarre sobre el pasto. Yo creo que, así como está la superficie, consiguen que las canchas sean más jugables, pero no puedes pisar seguro, las zapatillas no agarran bien".
Puestos a apuntar a una teoría acertada, el motivo bien pudiera ser una concatenación de las circunstancias anteriormente expuestas. Esperemos que haya que lamentar el menor número de lesiones en los próximos días.