María Sharapova accedió a los cuartos de final en el Mutua Madrid Open 2013 tras batir en dos mangas a la alemana Sabine Lisicki. Lo hizo, claro, escribiendo un relato inherente a su trayectoria en los últimos tiempos: una victoria sobre tierra batida. Una superficie donde ya enlaza una brillante marca de 19 triunfos.
En los albores de su carrera la tenista siberiana encontraba marcadas dificultades para domar esa superficie que le obligan a deslizar una vertical de 188 centímetros con toda la inestabilidad que ello conlleva. Una ausencia de tracción que le condujo a describirse a sí misma como una ‘vaca sobre hielo’ al entrar en contacto con dicho entorno. Tales eran las sensaciones de la siberiana al plantar las zapatillas sobre el arenoso firme.

No obstante, su relación con el suelo ha cambiado de manera drástica en el pasado reciente. Hasta límites difícilmente sospechados tiempo atrás. Con un porcentaje de triunfos disparado por encima del 80%, la rusa registra la mejor marca en tal piso entre las tenistas en activo. Con 88 triunfos y 20 de derrotas en el zurrón, ninguna otra jugadora con el brazo caliente puede mirar a los ojos sus registros globales.
Además, también sobre tierra logró el pasado año en París convertirse en la sexta tenista en la Era Abierta capaz de completar el Grand Slam. El último reducto noble, la rojiza superficie de la capital gala cedía bajo sus pies.
Una relación con el polvo de ladrillo bronceado que se remonta hasta tiempos ya lejanos. No ha cedido la rusa un partido en arcilla roja desde las semifinales de Roland Garros 2011, es decir, una imbatibilidad cercana a los dos años. Con ese bagaje camina María en la altura de Madrid, un evento de temporada jamás amarrado.
Cuestionada en rueda de prensa por su evolución, la rusa defendió con vehemencia lo logrado. “Creo que cuando ganas un Slam en la superficie, sería muy malicioso decirme que no estoy cómoda en ella” indicó la segunda tenista del escalafón femenino.” Me llevó muchos años alcanzar el nivel en el que estoy hoy. Ciertamente no es algo que sucediera de la noche a la mañana” relataba rememorando las horas empleadas entre polvo de ladrillo para pulir el rendimiento.

“Trabajé muy duro para volverme más fuerte y recuperar mejor, ser capaz de desplazarme mejor en pista, especialmente tras encontrarme en circunstancias defensivas e intentar jugar de forma agresiva como siempre intento en pistas más rápidas” argumentó.
“Simplemente necesito recuperarme. Creo que he aprendido un montón con el paso de los años y realmente he mejorado”. Madrid se discute en arcilla. Jamás pasó de cuartos de final la rusa en la altura de la capital española. De momento ha alcanzado su techo. Una competidora de tenacidad sideral ha puesto los pies en el rubicón. Ganar el torneo le colocaría como número 1 del mundo. Llega la hora de la verdad para María.

