¿ Grand Slams a tres sets?
Reducir los partidos en los Grand Slams a tres sets puede ser una buena iniciativa para acortar la excesiva duración de los partidos
Reducir los partidos de Grand Slams a tres sets podría ser una solución para intentar acortar la excesiva duración de los encuentros. Sin embargo, no todos son partidarios de esta idea, ya que propiciaría que pudiera haber más sorpresas.
Uno de los grandes debates que se están abriendo en la actualidad es de la duración de los partidos, especialmente en los Grand Slams. Cada vez son más los encuentros que en los torneos grandes se van a las cuatro o incluso cinco horas debido a la progresiva ralentización que están sufriendo las superficies. Este año, por ejemplo hemos visto, como la final del Open de Australia que disputaron Novak Djokovic y Rafa Nadal se fue a las 5 horas y 54 minutos. Una situación parecida se vivió en la final del US Open donde el serbio y Andy Murray midieron sus fuerzas durante casi 300 interminables minutos.
Evidentemente, esto provoca grandes perjuicios tanto para los espectadores como para los tenistas. Los aficionados tienen que permanecer sentados en sus sillas o en casa delante del televisor demasiadas horas, lo que hace que pueda resultar en ocasiones pesado de seguir. A nivel físico, el desgaste es terrible. Los jugadores no son máquinas y no pueden estar horas y horas sin parar de correr por la pista porque entonces el riesgo de lesiones aumenta considerablemente.
Incluso, para los organizadores no es del todo bueno, puesto que las dificultades para cuadrar los horarios de juego en las diferentes pistas se complica en exceso, pues nunca se sabe con exactitud cuando acabará un partido.
Una de las soluciones que se proponen contra este medida es la reducción de los partidos de cinco a tres sets en los Grand Slams. Esa medida ya se hizo con las finales de los Masters 1000 y de algunos torneos menores. Sin embargo, son muchos los detractores de esa idea, principalmente porque piensan que el tenis es un deporte de tradición y no hay que tocar lo que funciona. Entre los que se oponen los propios jugadores, especialmente los mejores, que saben que a cinco mangas sus oportunidades de conquistar los “majors” aumentan ya que tienen más margen de recuperar un mal momento.
Sin embargo, si hacemos una hipotética conversión de cinco a tres sets vemos que en los últimos años hubiera habido campeones diferentes en los cuatro grandes, pero no tantos como pudiera parecer en un principio.
Roger Federer ha ganado 17 títulos de Grand Slam y ha alcanzado 7 finales más. Si se hubiera jugado a tres sets el suizo tan sólo hubiera dejado escapar tres grandes ( Roland Garros 2009, US Open 2009 y Wimbledon 2012) y no habría llegado a la final del Open de Australia de 2009. Incluso le hubiera favorecido la reducción de los partidos pues dos veces cayó en semifinales del US Open habiendo sido mejor en el cómputo de los tres primeros sets o en otra memorable semfinal del Open de Australia 2005 contra Marat Safin.
Algo parecido le ocurre a Rafa Nadal. El balear tiene 11 Grand Slams en sus vitrinas pero sólo Wimbledon 2010 y Roland Garros 2011 no le pertenecerían de haberse acortado los partidos. Y en cuanto a finales, las únicas que no hubiera disputado serían las del torneo inglés, en el año 2006 y 2007.
Quizás, al que más le pueda afectar sea a Novak Djokovic, que no hubiera ganado ni el US Open de 2011 ni el Open de Australia de este año, además de no haber alcanzado la final del abierto norteamericano en 2010 ni en Roland Garros esta misma temporada.
¿ Qué queremos decir con esto?
Lo que se pretende decir es que los resultados serían, más o menos, los mismos y el hecho de jugarse a tres o cinco sets no modificaría sustancialmente los resultados obtenidos. Los mejores seguirían siendo los mejores y además con diferencia. Es cierto que posiblemente hubieran tenido menos Grand Slams porque remontan más que les remontan, pero también daría cabida a que hubiera más sorpresas lo que facilitaría que hubiera más emoción y más tensión.
La prueba la tenemos en los Juegos Olímpicos, que podrían ser la imagen donde fijarse. A la final llegaron los mismos jugadores que lo hicieron semanas antes en el mismo escenario de Wimbledon, y por el camino hubo partidos realmente entrañables como las semifinales entre Juan Martín del Potro y Roger Federer o el encuentro de segunda ronda entre Jo-Wilfried Tsonga y Milos Raonic.
Y es que no por jugar más mangas el partido es mejor, aunque bien es cierto que parte de la historia del tenis se ha escrito en quintos sets emocionantes y llenos de tensión.