El poder de decisión

Jelena Ostapenko ha demostrado que con 20 años se puede dominar un estilo sin preguntar a nadie más que a su raqueta. Roland Garros es solo el comienzo.

Con Ostapenko ha nacido una estrella. Foto: Getty
Con Ostapenko ha nacido una estrella. Foto: Getty

Cuando el revés de Jelena Ostapenko cruza toda la Philippe Chatrier, los casi 15.000 espectadores se levantan de sus asientos, aplauden, gritan el nombre de la campeona y exigen, después de quince días de asombro y digestión de los acontecimientos, una celebración acorde al suceso que observan: una chica de 20 años y dos días conquistando Roland Garros. Desde luego, no es algo que suceda cada día. Desde luego, no es Telecinco emitiendo ‘Pretty Woman’ el primer día del año. Sin embargo, en la pista nadie encuentra a una joven inexperta, aturdida, incapaz de gestionar un momento de éxtasis como el de ayer. A Ostapenko le dura dos segundos la emoción: uno para levantar los brazos y mirar a su equipo; el otro para bajarlos y dirigirse a la red.

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Este comportamiento escapa de mi intelecto. Puede que me esté centrando en un aspecto banal, o puede que esté apuntando a un detalle que ahonde en la esencia más profunda de la letona. Una bestia salvaje dentro de la pista, capaz de firmar 299 golpes ganadores repartidos en siete duelos (¡en tierra batida!), dirigiendo sus intercambios por la vía rápida y sin desgaste, pero sabiendo sufrir en cuatro de esos partidos para convertir un set abajo en una victoria en tres mangas. Un elemento puesto a prueba a lo largo de dos semanas que, sin embargo, mantiene la calma hasta el momento en el que ya no hay nada en juego. La escena final, donde el trabajo ya está hecho. Ni siquiera una lágrima regala. Pero la naturaleza de Jelena no acaba aquí. Saluda a Halep, la abraza, saluda al juez de silla y recibe el calor del público, al mismo tiempo que lo devuelve, como si acabara de cerrar el pase a una segunda ronda del torneo de Linz (un saludo para nuestros compañeros austriacos). Su inmaculada vestimenta Adidas ni siquiera tendrá que pasar por la lavadora.

"No puedo creer que sea la campeona de Roland Garros con 19 años”, confesaba la que mañana será nueva número 12 del mundo, confundida hasta con su propia edad. “Ha sido muy emocionante jugar aquí, mi felicidad es máxima, esto es un sueño hecho realidad. Traté de mantenerme agresiva y jugar como lo hice todo el torneo. Lo vi todo perdido pero eso no me desconcentró y me ayudó a jugar suelta. Traté siempre de divertirme y luchar por cada punto”, amplió una Ostapenko que, si algo ha demostrado, es que lo de recular y especular no va con ella. “Siempre he jugado como juego ahora, golpeando cada pelota con potencia, me gusta mucho pegar con potencia a la pelota. Quiero ganar todos los Grand Slam que sea posible. La hierba es mi superficie favorita así que voy a intentar mantener este nivel en Wimbledon”, cerró la campeona, con esa cara que te traslada a otras grandes tardes de gloria de jóvenes que alcanzaron la cima sin esperarlo.

Es importante, sobre todo, la última frase. Una confesión que está muy relacionada con su manera de jugar. “La hierba es mi superficie favorita así que voy a intentar mantener este nivel en Wimbledon”. ¿En serio? ¿Acaba de ganar Roland Garros y ya ha pasado página? Perdonen la expresión, pero es alucinante. Imposible no relacionarlo con aquellos años en los que Rafa Nadal se vestía de mosquetero y en 24 horas le veíamos entrenando, desde primera hora del día, en una pista de hierba, enfocado al instante hacia su próximo objetivo. ¿Pero, Ostapenko? Con 20 años, después de escribir una página de la historia en París e inaugurando su palmarés al mismo tiempo, ¿cómo puede pensar en Wimbledon? Ostapenko jamás olvidará el 10 de junio de 2017, se lo aseguro. Apostaría mi sueldo de este mes (vamos con una puja humilde) a que anoche tuvo una celebración justa y necesaria tras la victoria, no lo dudo. Pero esas palabras… esas palabras me atrapan. Me hacen ver que detrás de esta chica no hay una estrella fugaz, pasajera, oportuna en un cuadro en el que ninguna de las favoritas supo hacer su trabajo. Es escuchando su discurso cuando entiendo que este éxito viene precedido de una madurez y un trabajo mental desorbitado para una persona de tan corta edad. Me hacen ver y me aseguran que, tras la primera copa, vendrá una segunda. Ella misma pagará la ronda. Porque si su personalidad y su actitud me convencen, esperen a que hable de lo que hace con la raqueta.

‘Pegarle sin pensar’, qué expresión más fea e injusta se ha creado en estos últimos años en el tenis profesional. Pliskova, Muguruza, Keys, Kvitova… son varias las jugadoras que construyen su conducta en pista desde la potencia y la explosividad de sus golpes, pero de ahí, a pegarle a la bola sin el más mínimo conocimiento, hay un trecho que no debemos saltar. No, no es Ostapenko una jugadora que disfrute con los rallies de 25 toques, ¿pero han visto qué bien lo disimula? Ella cuando puede, carga el rifle y le da igual si es con el drive o con el backhand; pero cuando no puede, atentos a su forma de salir del paso. Con una habilidad innata para encontrar el winner desde cualquier punto de la cancha, Ostapenko convalida en cada gesto aquel refrán que dicta que la mejor defensa es un buen ataque. Lo ejecuta de una forma tan repentina que parece que se salte esa transición, además de hacerlo con tino y buen gusto. Jugando siempre con intención, energía y sin mirar el marcador. Le letona es el sueño de todo entrenador/a: le pega duro, profundo y juega sin miedo. Le guarda el mismo respeto al triunfo que al desengaño: lo justo.

La pregunta es si esta versión mostrada en París se mantendrá en el tiempo o se diluirá con el viento. Eso nadie lo sabe, ni siquiera Anabel Medina, culpable de haber engrasado la maquinaria de un producto genuino al que todavía había que montar. Pero un Grand Slam, con 20 años, si no se negocia bien puede restarte más que impulsarte. El tiempo dirá cuánto puede llegar a pesar un premio así, lo que seguirá siendo innegociable será su ADN, su sistema, su modus operandi. Y es que Jelena, mientras siga unida a esa coherencia y esa quietud, contará con esa carta que muchas desearían tener bajo la manga: el poder de decisión. Ella acierta, ella falla, ella tiene la capacidad de decidir el devenir de cualquier partido, independientemente del nombre que esté al otro lado de la red. ¿Se imaginan contar con un poder así? Ríete tú de la invisibilidad.

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