Vicente Cuairán: “Mi trabajo consiste en educar el pensamiento de los jugadores”

Entrevista con un mental coach acerca de la psicología en el tenis. “El objetivo principal nunca puede ser ganar, estamos equivocados”.

Vicente dirigiendo una de sus seseiones
Vicente dirigiendo una de sus seseiones

El mundo ha sufrido una grata evolución en los últimos 20 años. Pasos pequeños, marcados, pero importantes. Y no solamente en lo referente al jugador, también en su entorno. Vicente Cuairán (Madrid, 1974) nunca llegó a ser un tenista prometedor, a él siempre le llamó más la atención lo que ocurría dentro de la cabeza del jugador que lo que sucedía dentro de la pista. Aunque ambas estén fuertemente ligadas. Hoy ejerce de mental coach con casi 20 jugadores y es uno de los referentes en España en lo que a mental coaching se refiere. ¿Valoramos lo suficiente la psicología en la alta competición? ¿Cuál debe ser el objetivo principal para un tenista? ¿Es necesaria la figura del psicólogo en el tenis? El madrileño se sienta con Punto de Break para dar respuestas a estas y otras muchas preguntas.

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¿Crees que la psicología se valora lo suficiente en el deporte?

Cada vez se le está dando más importancia, ocupando mayor espacio. Para mí es una de las cuatro patas del tenis: física, táctica, técnica y mental. Para que la mesa esté estabilizada tienen que desarrollarse las cuatro por igual, aunque una vez alcanzada la alta competición, lo que marca la diferencia es el factor mental. La diferencia entre los buenos y los mejores reside en cómo afrontan las situaciones del partido.

¿Tienen el mismo porcentaje en importancia esas cuatro patas?

Yo mido el valor de un jugador con la siguiente ecuación:

Nivel de táctica + Nivel de técnica + Nivel de físico x Factor mental

Las tres primeras suman en el valor del jugador y el factor mental multiplica, hace que las anteriores también se multipliquen. Esto es lo que provoca que, en ocasiones, un jugador con peor técnica o peor física puedan ganar a otros que tengan más debido a que su gran factor mental multiplica sus habilidades.

Desde hace algún tiempo hemos visto ya a ciertos jugadores viajar con un mental coach particular. ¿Qué te parece esta tendencia?

El futuro del tenis está en que el equipo del jugador se amplíe. Hace muchísimos años nadie viajaba con preparador físico, aunque pueda parecer una locura. Algunos ni siquiera con entrenador. Esto ahora es inconcebible. La evolución del tenis está en que el equipo sea cada más multidisciplinar, añadiendo la figura del psicólogo de manera completa. Si el jugador tiene una persona que trabaje su técnica/táctica y otro que prepara su físico, debería tener una tercera que cubra esa parte mental. Entre todos, compartiendo la información, harán del jugador un tenista más completo.



Existen varios jugadores que aseguran que es esta figura es prescindible.

Cada uno tiene una opinión respecto a la psicología. Quien diga eso es porque nunca habrá tenido una experiencia con un mental coach que les haga ver el trabajo que hacemos en pista. Hubo un tiempo donde se pensaba que esta parte mental se trabaja demasiado fuera de pista, de forma estéril, lo cual provocó que muchos jugadores/entrenadores no estén de acuerdo con eso. En mi caso, yo aplico el método 100% en pista, aunque también hago sesiones vía Skype con mis jugadores para tratar diferentes temas a distancia.

No es solo psicología, es psicología deportiva y, en este caso, aplicada al tenis. Cuéntame cómo lo haces.

Yo siempre vi que lo que le solía decir a mis jugadores lo entendían fuera de pista, pero luego dentro no sabían aplicarlo. Esto ocurría porque el lenguaje era poco de tenis, demasiado genérico. Lo que hice fue traducirlo todo. Por ejemplo, yo cada punto lo divido en cuatro fases de rendimiento y en cada una el jugador debe hacer una serie de cosas, tiene un objetivo de rendimiento. Es decir, si yo le digo al jugador que al final del punto el objetivo es autocontrol, estar en calma ante cualquier situación, el jugador ya empieza a pensar en tenis. Ahí el jugador empieza a aprehender cómo comportarse dentro de una pista.

¿Crees que cualquier jugador está preparado para aplicar este método?

Todos. Mi trabajo consiste en educar el pensamiento de mis jugadores, cambiar los que sean equivocados por unos más acertados respecto a según qué situación. Igual que se trabaja el golpe técnico o en ganar masa muscular, mi trabajo consiste en que mis jugadores aprendan a pensar con más calidad en las situaciones del partido. Ayudarles a pensar para que luego puedan rendir mejor.

Ponme un ejemplo.

Por ejemplo, el fallo. El fallo es una situación donde el jugador tiene dos maneras de pensar. Puede pensar que es lo peor del mundo porque le aleja de ganar o puede pensar que es una oportunidad para buscar una solución y que solo es una situación del juego. Mi labor es hacerle entender que fallar no es lo peor del mundo, para que cuando ocurra no se enfade y tire la raqueta. Pero esto no lo hace por el fallo, lo hace porque él entiende que el fallo como algo muy malo. El día que el jugador entienda que el fallo forma parte del juego y que solo es una oportunidad para buscar una solución, entonces lo afrontará como es debido. La diferencia entre un jugador que sabe controlarse en pista y otro que no, no son las situaciones que viven -ya que ambos viven las mismas-, es lo que piensan sobre ellas.



Se podría llegar a robotizar un poco al jugador en el caso de que no hubiera elementos del tipo McEnroe, Fognini o Gulbis. ¿No sería todo un poco más aburrido?

Al revés, sería mucho más divertido. Haría que todos evolucionaran hasta el máximo rendimiento de su juego, como Federer o Nadal. Lo que nos ha divertido siempre de Roger y Rafa no fue la mala actitud, era todo lo contrario, lo bien que jugaban y cómo uno le hacía ser mejor al otro. Si conseguimos que todos los jugadores estén más tranquilos a nivel mental y entiendan las situaciones, no tengo ninguna duda en que nos divertiríamos mucho más.

Trabajas con muchos jugadores ahora mismo entre 17-20 años. ¿Has visto algún caso llamativo de evolución con el método?

El 90% de los casos sufre una evolución, más lenta o más rápida. Todos van aprendiendo a manejar las situaciones. También he tenido fracasos con los que no he podido culminar mi trabajo, ya sea por el jugador o por el entorno, pero cuando alguien está decidido a aplicar el método, al final acaba aprendiendo a gestionar las situaciones.

El mundo del deporte te enseña (no siempre) a pensar que el principal y último objetivo es ganar. ¿Piensas que es un error?

Para mí sí. Yo distingo entre el deseo y el objetivo. Es evidente que todos los jugadores que entran a pista tienen el deseo de ganar y de ser el número 1, si no, no se levantarían cada mañana a entrenar como animales. Pero el objetivo en pista nunca puede ser ganar, tiene que ser competir. Competir no tiene nada que ver con tener que ganar al rival, tiene que ver con saber hacer cuatro cosas: mejorar el autocontrol a final del punto, mejorar tu análisis entre puntos, mejorar tu capacidad en el presente estando enfocado en la tarea desde el inicio hasta el final del punto y, por último, mejorar tu capacidad de orden e intensidad en el desarrollo del punto. Competir debe ser el principal objetivo de un jugador de tenis, desde el Nº1 hasta el último del ranking.

¿Cómo se le puede meter a un jugador en la cabeza que su objetivo final no es ganar? Porque imaginemos que cumple todos esos parámetros pero no gana partidos. ¿Qué pensaría?

Eso no pasa, estamos hablando de una consecuencia. Es como la lotería, si tu comprar más boletos puede que no te toque, pero cuantos más compres, más veces te toca. Aquí pasa lo mismo. Uno de los mayores enemigos del tenista son las emociones negativas (miedo, enfado…), todas ellas provocadas por el objetivo de ganar. Tú te enfadas o tienes miedo por el hecho de no ganar. Si tú eliminas ese objetivo de tu vida y te centras en competir, cuando tengas una dificultad no te vas a enfadar, entenderás que esa dificultad forma parte del partido. Cuanto mejor compitas y más soluciones tengas, más probabilidades tienes de ganar. Para ganar hay que tener el objetivo de competir.



Es una filosofía tan romántica que entiendo que solo se puede inyectar desde pequeño. ¿Tendría efecto, por ejemplo, en un tenista de 28 años?

Todo dependerá de las ganas que tenga el jugador de cambiar. Con 28 años, evidentemente, es más difícil inculcarlo que en un chaval de 6 años. Esto es como un árbol: si el árbol crece recto, cuando tenga 28 ya está recto; pero a mí me llegan jugadores donde al árbol ha crecido torcido y me piden que lo enderece. Ahí es mucho más complicado que hacerlo crecer correctamente desde el inicio, pero igualmente se puede trabajar y conseguir resultados..

Hace unas semanas decía Nadal que su objetivo en el tenis nunca fue ganar ni ser el mejor. ¿Podemos estar ante el único caso en España que haya crecido ya con esta filosofía?

Desde luego, el trabajo que ha hecho Toni con Rafa es impresionante. Lo que pasa es que a los jugadores se les dice que tienen que ganar y hacerlo todo perfecto, pero eso no existe. En el caso de Toni sé que también le ha inculcado el deseo de ganar, es indudable, pero por encima siempre estuvo un objetivo de rendimiento. El trabajo mental que ha tenido con Rafa es algo que solamente está al nivel de Michael Jordan, Carolina Marín y no muchos más.

Parece incluso que este tipo de mentalidad te acerque antes a la felicidad, que se extrapole a la vida real.

A mí lo que más me gusta de mis jugadores, la máxima satisfacción, es ver cómo crecen en la vida, que aprenden a resolver cuestiones relacionadas con su día a día. Al final el tenis es el mejor ejemplo de la vida: momentos muy bonitos, momentos de dificultad y momentos de saber cómo afrontar esa dificultad. Para mí la felicidad consiste en aprender a convivir con la dificultad, esa es la verdadera felicidad. Ser feliz no es tener, poseer, acumular o estar siempre contento, sino disfrutar de todo lo bueno que te da la vida y entender/superar los momentos complicados. La verdadera felicidad es aprender a convivir con lo bueno y con lo malo.

Qué maravilla.

Luego está la confianza, que también tiene que ver mucho con la felicidad. La gente suele decir: “Ganará 3-4 cuatro partidos y cogerá confianza”. Y no es verdad. La confianza tú la tienes cuando sabes que tienes las herramientas para superar cualquier dificultad. Si yo me dejo las llaves dentro de casa, tendré confianza cuando sepa la manera en la que volver a entrar, entonces ni me enfadaré ni me voy a angustiar, porque tengo una solución. ¿Cuándo me voy a cabrear y voy a ser un infeliz? Cuando me deje las llaves dentro de casa y no sepa cómo volver a entrar. La confianza no reside en las veces que entro en casa, sino en las veces que sé solucionar los problemas que me arroja la vida.



Jugadores como Federer o Djokovic les ves jugar y parece todo muy fácil, simple, como si no pensaran. ¿Es porque no piensan o es precisamente porque tienen un trabajo mental a la espalda perfectamente trabajado?

Existe una idea que dice que el mejor jugador es el que no piensa, yo no estoy de acuerdo. Hay una serie de cuestiones que tienen que estar automatizadas, por ejemplo, yo no puedo estar pensando en la técnica a lo largo de un partido. Tendré que pensar en el apartado táctico y en dónde tengo que meter la bola para hacer daño al rival. Sí que tengo que activar esa mente automatizada en lo que tengo que hacer con la bola, pero hay otras que tienen que ir solas. El tenis es una partida de ajedrez que se juega con una raqueta. En ajedrez, por ejemplo, el jugador tiene prevista las siguientes 15 jugadas de lo que quiere hacer. En el tenis hay que entrenar a nuestros jugadores para que desarrollen esta idea. Se suele decir que no da tiempo pero ¿y el tenis de mesa? Ahí existe todavía menos tiempo y sí que piensan tácticamente. Más que falta de tiempo, el problema es que los jugadores no están entrenados a pensar durante el juego.

Afrontar un punto, olvidar el anterior, pensar en el siguiente, conseguir que no me afecte el resultado… ¡son demasiadas cosas! ¿De dónde saca uno el tiempo para gestionarlo todo?

Cada punto está dividido en cuatro partes y una serie de rutinas. Por ejemplo, el final del punto son dos segundos, ahí el jugador debe reflejar autocontrol. La segunda parte es entre puntos, que dura entre 10-15 segundos, el momento en el que el jugador analiza lo que ha pasado en el punto anterior. Aquí hay dos opciones: si ha ido bien, haces tu rutina normal, pides la toalla, lo que sea; si ha ido mal, toca pensar y buscar una solución táctica o técnica. Llega un momento en el que ese tiempo acaba y me preparo para sacar o restar, llega un nuevo punto, unos 4-6 segundos más para pensar la jugada que quiero llevar a cabo. Y luego está durante el punto, que no hay tiempo fijo, para llevar a cabo esa jugada que has pensado o improvisar si el juego te lleva por otra situación.

Al final nos movemos en estos 25 segundos, por lo que esta filosofía depende en buena parte del reglamento. Igual en un futuro recortan ese tiempo.

Pues habría que ajustar la rutina de las cuatro fases a ese nuevo tiempo. La clave está en optimizar esos 25 segundos (30 en Grand Slam) que tenemos durante el juego. El tenis tiene tres factores muy importantes que lo hacen especialmente mental: es individual, tú solo te buscas la vida; es un deporte de errores, tienes que aprender a convivir con el error; es un deporte donde hay mucho tiempo para pensar, casi el 60% del tiempo estás sin la bola en juego. Ahí es donde uno puede elegir si pensar bien o pensar mal.

En el caso de las chicas sí que tienen opción a dialogar con su entrenador durante el set. En el tenis masculino de momento no, en parte porque muchos jugadores (Federer, Ferrer…) reniegan de ello.

A mí me parece algo positivo, el jugador que ahora no quiere se convencerá con el paso del tiempo. Poder compartir con tu entrenador, con el que tienes relación directa y confianza, esos problemas y necesidades es clave. Además que apenas es un minuto y medio.



El tenis existe de hace mucho tiempo y, en cuanto al mental coach, se trata de una figura que nunca fue necesaria. Para la gente que todavía no crea en esta labor, ¿cómo se les puede convencer?

Está claro que no es una necesidad, es un extra. Habrá algunos que afirmen que se puede viajar sin nada, sin entrenador ni preparador físico, que nada es necesario. De hecho, hay muchísimos jugadores que viajan en solitario. Incluso Federer viajó mucho tiempo solo…

Cerramos la pregunta entonces únicamente para la élite, los que se lo pueden permitir.

Si alguien quiere aprender a pensar con más calidad, a entender mejor las situaciones de partido o gestionar mejor los momentos adversidad, necesita una persona especializada que le ayude a conseguir esas herramientas para afrontar los malos momentos que siempre aparecen en los partidos. Igual que el trabajo del técnico consiste en mejorar los golpes, o el del preparador físico en mejorar su condición física, el mío consiste en mejorar las creencias, pensamientos y emociones de mis jugadores. ¿Se puede vivir sin ninguno de los tres? Por supuesto. Pero contando con todos ellos se tendrá una mejor preparación y un mayor rendimiento.

De aquí a diez años, ¿dónde ves la figura del psicólogo deportivo?

Tan clave como la del entrenador o la del preparador físico.

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