La organización del torneo rompe con una de las tradiciones que más molestaban a las tenistas y que les obligaba a tomar medidas extraordinarias por pudor y precaución.
Hasta que llegó: en Wimbledon, con 30 años y después de una discreta gira de hierba. “No seguiría jugando a tenis si pensara que mi tren ya había pasado”.
La británica declara abiertamente la necesidad de tratar este tema con naturalidad, tendiendo la mano a las tenistas jóvenes que lo puedan ver como un problema.
La organización del torneo rompe con una de las tradiciones que más molestaban a las tenistas y que les obligaba a tomar medidas extraordinarias por pudor y precaución.
Hasta que llegó: en Wimbledon, con 30 años y después de una discreta gira de hierba. “No seguiría jugando a tenis si pensara que mi tren ya había pasado”.
La británica declara abiertamente la necesidad de tratar este tema con naturalidad, tendiendo la mano a las tenistas jóvenes que lo puedan ver como un problema.