El US Open 2026 puede convertirse en el escenario de un acontecimiento extraordinariamente poco frecuente en el tenis masculino. Después de los triunfos de Carlos Alcaraz en el Open de Australia, Alexander Zverev en Roland Garros y Jannik Sinner en Wimbledon, la temporada llega a Nueva York con tres campeones diferentes y la posibilidad de que un cuarto nombre complete un póker que apenas se ha visto en contadas ocasiones desde el inicio de la Era Open.
Lo realmente llamativo es que esta situación resulta mucho más excepcional de lo que podría parecer. Durante buena parte del siglo XXI, el dominio ejercido por las grandes leyendas del tenis convirtió los Grand Slam en un territorio prácticamente monopolizado por un puñado de jugadores.
Federer, Nadal y Djokovic primero, y posteriormente Alcaraz y Sinner, han acostumbrado al aficionado a ver cómo alguno de ellos repetía título una y otra vez dentro de la misma temporada. Por eso, la edición 2026 del US Open no solo decidirá al último campeón del año, sino también si el circuito rompe una tendencia que lleva décadas definiendo la historia del tenis moderno.
Los años en los que hubo cuatro campeones diferentes de Grand Slam
Desde el comienzo de la Era Open, solo un reducido grupo de temporadas ha terminado con cuatro campeones distintos en los cuatro grandes torneos. Llama la atención que, desde 2004 hasta la actualidad, solo dos temporadas hayan conseguido romper el monopolio de las grandes figuras. Una cifra que ilustra mejor que cualquier otra estadística hasta qué punto el tenis masculino ha vivido una época irrepetible.
| Año | Open de Australia | Roland Garros | Wimbledon | US Open |
|---|---|---|---|---|
| 1970 | Arthur Ashe | Jan Kodes | John Newcombe | Ken Rosewall |
| 1972 | Ken Rosewall | Andrés Gimeno | Stan Smith | Ilie Năstase |
| 1975 | John Newcombe | Björn Borg | Arthur Ashe | Manuel Orantes |
| 1976 | Mark Edmondson | Adriano Panatta | Björn Borg | Jimmy Connors |
| 1983 | Mats Wilander | Yannick Noah | John McEnroe | Jimmy Connors |
| 1985 | Stefan Edberg | Mats Wilander | Boris Becker | Ivan Lendl |
| 1990 | Ivan Lendl | Andrés Gómez | Stefan Edberg | Pete Sampras |
| 1991 | Boris Becker | Jim Courier | Michael Stich | Stefan Edberg |
| 1996 | Boris Becker | Yevgeny Kafelnikov | Richard Krajicek | Pete Sampras |
| 1998 | Petr Korda | Carlos Moyá | Pete Sampras | Patrick Rafter |
| 2000 | Andre Agassi | Gustavo Kuerten | Pete Sampras | Marat Safin |
| 2001 | Andre Agassi | Gustavo Kuerten | Goran Ivanisevic | Lleyton Hewitt |
| 2002 | Thomas Johansson | Albert Costa | Lleyton Hewitt | Pete Sampras |
| 2003 | Andre Agassi | Juan Carlos Ferrero | Roger Federer | Andy Roddick |
| 2012 | Novak Djokovic | Rafael Nadal | Roger Federer | Andy Murray |
| 2014 | Stan Wawrinka | Rafael Nadal | Novak Djokovic | Marin Cilic |
Del monopolio del Big 3... al relevo de Sinner y Alcaraz
Durante casi dos décadas, la posibilidad de que cuatro jugadores distintos conquistaran los Grand Slam fue poco menos que una quimera. Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic construyeron un ecosistema competitivo completamente excepcional, probablemente sin precedentes en la historia del deporte. Entre los tres acumularon una cantidad de títulos que convirtió cada temporada en una lucha casi exclusiva entre ellos.
La consecuencia fue devastadora para varias generaciones de tenistas extraordinarios. David Ferrer, Jo-Wilfried Tsonga, Tomáš Berdych, Gaël Monfils, Milos Raonic, Kei Nishikori, Grigor Dimitrov o incluso un campeón como Juan Martín del Potro vieron cómo sus oportunidades de levantar un Grand Slam eran extraordinariamente reducidas. No bastaba con jugar un torneo brillante; había que derrotar, normalmente, a dos o incluso tres miembros del Big 3 de forma consecutiva.

La estadística refleja perfectamente esa realidad. Entre 2004 y 2023, únicamente 2012 y 2014 consiguieron escapar de ese dominio absoluto. Incluso cuando alguno de los tres gigantes no encontraba su mejor versión, otro ocupaba inmediatamente el vacío, impidiendo que el circuito se abriera realmente.
Y cuando muchos pensaban que el final de aquella era traería una distribución mucho más amplia de los grandes títulos, apareció una nueva generación llamada a prolongar el fenómeno. Carlos Alcaraz y Jannik Sinner han recogido el testigo con una naturalidad asombrosa, construyendo un nuevo duopolio que amenaza con dominar el tenis durante muchos años. Para desesperación de buena parte del vestuario, el relevo generacional no ha supuesto una democratización de los Grand Slam, sino simplemente un cambio de protagonistas.
¿Es la de 2012 la mejor temporada de la historia del tenis?
Muchos aficionados consideran 2012 como el año de mayor nivel competitivo jamás visto en el tenis masculino. No únicamente porque hubiera cuatro campeones distintos de Grand Slam, sino porque esos cuatro campeones fueron Novak Djokovic, Rafael Nadal, Roger Federer y Andy Murray, posiblemente cuatro de los mejores jugadores que han coincidido nunca en una misma temporada.
Djokovic abrió el año conquistando el Open de Australia tras una final inolvidable frente a Nadal, considerada por muchos como una de las mejores de todos los tiempos. El español respondió levantando Roland Garros, mientras Federer recuperaba la corona en Wimbledon y, con ella, el número uno del mundo.

Pero el gran protagonista emocional fue Andy Murray. Apenas unas semanas después de perder la final de Wimbledon precisamente frente a Federer, el escocés protagonizó una de las actuaciones más memorables que se recuerdan en unos Juegos Olímpicos, derrotando al suizo sobre la misma pista del All England Club para conquistar el oro de Londres 2012. Aquella victoria supuso un punto de inflexión psicológico que culminaría pocas semanas más tarde con su primer Grand Slam en el US Open.
Más allá del reparto de títulos, aquella temporada simbolizó el momento en el que cuatro auténticos colosos coincidieron en plenitud competitiva. No hubo cuatro campeones diferentes porque el circuito estuviera abierto; los hubo porque el nivel de la élite era tan extraordinario que cualquiera de ellos podía imponerse al resto en función de la superficie y del momento del año.
2014: el último gran desafío al imperio del Big 3
Si 2012 representó la máxima expresión del dominio compartido entre cuatro gigantes, 2014 simbolizó exactamente lo contrario. Aquel año no hubo cuatro campeones diferentes porque el circuito estuviera equilibrado, sino porque durante dos semanas se produjo una tormenta perfecta que nadie esperaba.
Stan Wawrinka ya había roto los pronósticos conquistando el Open de Australia ante Rafael Nadal y confirmando que podía derribar el muro de los tres gigantes. Nadal respondió imponiéndose en Roland Garros y Djokovic hizo lo propio semanas después en Wimbledon, por lo que el tenis llegaba a Nueva York con un escenario muy parecido al de 2026: tres campeones distintos y la posibilidad de que un cuarto nombre completara el póker.
Sin embargo, casi nadie imaginaba quiénes serían los protagonistas de aquella historia. Todas las miradas apuntaban a una nueva final entre Novak Djokovic y Roger Federer, pero el US Open terminó convirtiéndose en uno de los torneos más sorprendentes de las últimas décadas.
Kei Nishikori derrotó a Djokovic en semifinales después de firmar uno de los mejores partidos de su carrera, mientras que Marin Cilic realizó una auténtica exhibición para superar a Federer en tres sets. Por primera vez desde 2005, un Grand Slam se quedaba sin ningún integrante del denominado Big Four en la final, algo que parecía prácticamente imposible en aquella época.

Lo más fascinante es que ambos llegaron a la final tras derrotar precisamente a dos leyendas que parecían destinadas a reencontrarse en la lucha por el título. Federer dominaba claramente el cara a cara con Cilic antes de aquella semifinal y Djokovic era el gran favorito frente a Nishikori, pero durante unas horas el orden establecido saltó completamente por los aires.
Después llegó una final que terminó siendo mucho menos igualada de lo esperado. Cilic desplegó probablemente el mejor tenis de toda su vida para imponerse por un contundente 6-3, 6-3 y 6-3, conquistando el único Grand Slam de su carrera. Nishikori, por su parte, alcanzó la única final de un major de toda su trayectoria. Lo que parecía el nacimiento de una nueva generación terminó siendo, con la perspectiva del tiempo, un precioso espejismo.
Ni el croata volvió a levantar otro Grand Slam, ni el japonés regresó jamás a una final de este nivel. Muy al contrario, Federer, Nadal y Djokovic recuperaron inmediatamente el control del circuito y prolongaron su hegemonía durante otra década. Aquella edición del US Open quedó como una excepción irrepetible en mitad de uno de los mayores monopolios deportivos que se recuerdan.
¿Puede 2026 volver a hacer historia?
Doce años después de aquella sorprendente edición del US Open, el tenis vuelve a encontrarse exactamente ante el mismo escenario. Carlos Alcaraz abrió la temporada conquistando el Open de Australia. Alexander Zverev rompió por fin su maldición en Roland Garros levantando su primer Grand Slam, mientras que Jannik Sinner confirmó en Wimbledon que continúa siendo la gran referencia del circuito.
Los tres han demostrado, además, argumentos muy distintos para pensar que podrían repetir en Nueva York. Alcaraz sigue siendo el jugador con mayor capacidad para producir picos de tenis inalcanzables para cualquiera. Zverev compite ahora con una confianza completamente diferente desde que se liberó del peso de conquistar su primer major. Y Sinner continúa transmitiendo una sensación de regularidad y autoridad que le convierte en favorito prácticamente en cualquier superficie.
Por eso resulta tan complicado imaginar un cuarto campeón diferente. No basta con jugar un gran torneo; hay que derrotar, probablemente, a dos o incluso a tres de ellos durante las dos semanas de competición. Esa es precisamente la enorme dificultad que explica por qué este tipo de temporadas son tan escasas.
¿Quiénes son los grandes candidatos para hacer que el 2026 tenga cuatro campeones distintos de Grand Slam?
Si alguien parece capacitado para alterar ese guion, ese sigue siendo Novak Djokovic. Aunque el serbio ya no domina el circuito como en sus mejores años, continúa alcanzando las rondas finales de los grandes torneos y mantiene un nivel competitivo suficiente para derrotar a cualquiera en cinco sets. Su experiencia en Flushing Meadows y su obsesión por seguir ampliando su legado le convierten, seguramente, en el candidato más sólido para impedir que Alcaraz, Zverev o Sinner vuelvan a levantar otro grande.

Por detrás aparece un grupo de aspirantes que sueñan con aprovechar cualquier resquicio. Ben Shelton, impulsado por el apoyo del público estadounidense; Taylor Fritz, cada vez más consolidado en las pistas rápidas; Daniil Medvedev, campeón en Nueva York y siempre peligrosísimo sobre esta superficie; Félix Auger-Aliassime, que continúa buscando el gran torneo de su carrera; o Flavio Cobolli, cuya progresión durante los últimos meses le ha permitido instalarse entre los nombres más interesantes del circuito.
Y, por supuesto, siempre existe la ilusión de que alguno de los grandes talentos de la nueva generación rompa definitivamente el cascarón antes de lo previsto. João Fonseca, Jakub Menšík, Learner Tien o Rafael Jódar representan ese futuro que llama con fuerza a la puerta del circuito. Quizá todavía parezca pronto para imaginarles levantando un Grand Slam, pero el tenis ha demostrado demasiadas veces que las revoluciones suelen llegar cuando menos se esperan.
Una oportunidad para entrar en la historia
Más allá del nombre del futuro campeón, el US Open 2026 ofrece una posibilidad estadística que trasciende el propio torneo. Si uno de esos aspirantes consigue sorprender a los tres grandes dominadores del año, el tenis masculino firmará una temporada que solo se ha repetido dieciséis veces en toda la Era Open. Si, por el contrario, el título vuelve a caer en manos de Alcaraz, Zverev o Sinner, se confirmará una vez más que, aunque cambien los protagonistas, la historia del tenis sigue escribiéndose casi siempre alrededor de unos pocos elegidos.
Quizá esa sea la gran lección que deja este recorrido por más de medio siglo de Grand Slams. Cambian las generaciones, evolucionan los estilos de juego y aparecen nuevos talentos capaces de ilusionar al mundo, pero la verdadera excepcionalidad nunca ha sido encontrar grandes campeones.
Lo realmente extraordinario ha sido conseguir que cuatro de ellos compartan el mismo calendario sin que ninguno logre imponer su ley dos veces. Esa posibilidad vuelve a estar sobre la mesa en 2026. Ahora solo queda comprobar si Nueva York escribe una nueva página de la historia... o si el tenis moderno confirma, una vez más, que el dominio de unos pocos sigue siendo la norma.

