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La travesía de Leylah Fernández

Después de una temporada complicada en cuanto a resultados, la canadiense se dio una alegría este fin de semana quedando campeona en el WTA 250 de Hong Kong.

Leylah Fernández, campeona en Hong Kong. Fuente: Getty

Después de una sequía de veinte meses, Leylah Fernández levantó hace unas horas el tercer título de su carrera en el WTA 250 de Hong Kong. Un triunfo que trae confianza y le sirve para darse ese primera alegría en la temporada 2023.

No importa lo que esté sucediendo en la carrera de Leylah Fernández, ni a corto ni a medio plazo. Lo sucedido en el verano de 2021 obliga al periodista a vincularla permanentemente con aquel subcampeonato en el US Open. Y por tanto, a comparar. Seguro que para ella tampoco debe ser sencillo escuchar constantemente lo buena que puede llegar a ser, aunque ahora lleve un tiempo centrada únicamente en el trabajo y los pequeños detalles. Su ambición sigue siendo máxima, pero no tiene ansia por alcanzar la última casilla. Su título este domingo en el WTA 250 de Hong Kong ayuda a reforzar su idea de que la confianza en el proceso siempre fue el pensamiento acertado.

Porque si algo tiene Leylah es la mente clara y los pies en la tierra. Por supuesto que es consciente del nivel que alcanzó en Nueva York hace dos temporadas, tanto como lo es ahora de lo lejos que está de recuperar aquella magia, ese feeling con la bola donde parece que todo fluye sin esfuerzo. Y sí, ella también es la primera que sueña cada semana con volver a ser aquella Leylah, es la principal interesada. Pero así como ese juego no ha podido acompañarle, lo que sí lo ha hecho es la sombra de la expectativa, un factor que la señala como un talento especial llamado a no salir del top20 en mucho tiempo. Todo este tipo de obligaciones marcadas en su cabeza –quizá ya no tanto en la prensa– le obligaron a resetear y empezar de cero, incluyendo un cambio de mentalidad y de equipo de trabajo.

En Punto de Break tuvimos el placer de conversar con ella esta pasada primavera, durante su participación en el Mutua Madrid Open, y allí su mensaje no pudo ser más transparente. “Estoy contenta con mi juego, estoy contenta por cómo está yendo todo, solamente tengo que ser paciente. Tengo que confiar en el entrenamiento, confiar en mi entrenador y seguir trabajando”, subrayaba la canadiense de todavía 21 años, un dato importante que muchos olvidan a la hora de juzgarla o examinar sus resultados. Hemos visto innumerables casos de tenistas que firman un grandísimo resultado a una edad temprana y que luego sufren esa carga sobre sus hombros. Leylah podría encajar perfectamente en este contexto, lo positivo es que tiene por delante toda una vida para igualar su techo, incluso para sobrepasarlo.

LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Esa creencia en el proceso es lo que la ha mantenido firme en 2023, aguantando el chaparrón de algunos resultados dolorosos, sobre todo en Grand Slams. La norteamericana no superó la segunda ronda en ninguno de los cuatro grandes templos, dejando escapar las oportunidades masivas de sumar puntos y confianza para el resto de las giras. De hecho, sus mejores actuaciones en estos nueve primeros meses de calendario habían llegado en el circuito de dobles, donde sí logró encontrar la armonía deseada junto a su compañera Taylor Townsend. Una travesía llena de altibajos hasta que, por fin, llegó el WTA 250 de Hong Kong.

“Ha sido una semana extremadamente difícil, me he enfrentado a jugadoras tremendas, muy poderosas, gente que venía entrenando con mucha confianza”, resolvía la canadiense ante el micrófono tras vencer en la final a la checa Katerina Siniakova, remontando el primer set. “Una de las claves ha sido mantener la calma, recordé las palabras de mi entrenador: ‘Esta es una batalla, disfrútala y diviértete, haz un espectáculo para todos’. Siento que he mejorado en cada partido, siendo más ofensiva y buscando mis objetivos. Espero volver pronto a un nivel del que esté orgullosa, eso es por lo que estoy trabajando tan duro”, reconoció la mujer que este lunes vuelve a formar parte del top50 mundial. Un gran paso para una persona que nunca dejó de creer en el proceso.