Por esto ganó Djokovic a Alcaraz en Roland Garros

La inexperiencia y tensión de Alcaraz, una táctica perfecta que hizo tambalear al murciano, un segundo set esperanzador y una súbita lesión. ¿Qué pasó en París?

Carlos Navarro | 10 Jun 2023 | 15.00
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Novak Djokovic. Fuente: Getty
Novak Djokovic. Fuente: Getty

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Carlos Alcaraz y Novak Djokovic prometían ayer en Roland Garros 2023 dejarnos un duelo absolutamente histórico. Una pelea por hacer aún más grandes sus respectivos nombres en el Olimpo del tenis, una especie de pulso generacional dentro de una de las pistas más icónicas del planeta Tierra. Lo que vimos durante los dos primeros sets apuntaba en esa dirección, con miles de variantes tácticas, matices riquísimos y la sensación de que la tensión se podía cortar con un hilo. Nole salió mejor, Carlos reaccionó y, entonces... los calambres se apoderaron del partido, cubriéndolo con un velo negro que nos dejó sin una verdadera pelea de tú a tú. ¿Qué ocurrió hasta entonces? ¿Qué fue lo que Nole hizo mejor que Carlos y cómo le dio la vuelta el murciano a la situación?

ATACAR LA DERECHA, PROFUNDIDAD INFINITA

Lo avisábamos en el análisis previo y no nos equivocamos. Lo que quizás fuese una táctica suicida se convirtió en el mejor amigo de Djokovic, tanto a nivel tenístico como mental. Torpedear el mejor golpe de Carlos tuvo un sentido muy claro: evitar su derecha invertida y darle un ritmo de martillo pilón con una bola muy plana que provocase una aceleración extra en el tenis de Carlitos. Lo consiguió: el de El Palmar tuvo la impresión de que debía derribar al serbio a base de fuerza, cometiendo muchos errores no forzados presa de una táctica equivocada. Así se lo dijo a su box en pleno encuentro, señalando que necesitaba construir más los puntos, que no podía pasar por encima de Novak en el fuego a discreción.

Por si fuese poco, el serbio estuvo implacable al servicio. No solo eso: siempre puso un primer servicio en juego en cada momento complicado del primer set, tanto para salvar bolas de break en contra como para certificar su ventaja. La profundidad de sus golpes, la inteligencia a la hora de apuntar a un débil revés de Carlos al resto y la inteligencia para jugar siempre en diagonal hacia su derecha, anulando la invertida de Alcaraz, fue un cóctel explosivo que aumentó los nervios y la tensión que Carlos ya traía de serie antes del partido. Quizás el 6-3 de salida sorprendiese a muchos... menos al propio Djokovic, que había planeado este partido a conciencia.

ALCARAZ REACCIONA

El guion parecía ser similar en el segundo set, pero Carlos empezó a entender de qué iba a este encuentro. Convertir el duelo en una batalla física, no acelerarse al colocarse en posición defensiva, tratar de hacer sentir a Novak los 36 años de su cuerpo. Fue entendiendo que tocaba madurar los puntos, que tocaba acentuar su superioridad y mayor frescura en los puntos medios y largos. En los rallies intermedios, Alcaraz pasó a superar a Djokovic en un +12: se dio todo el tiempo del mundo para pegar dos golpes neutrales y esperar la oportunidad de atacar, obviando los contraataques relámpago con su derecha que tan poco funcionaron en el primer set.

No solo eso: apareció en escena la dejada, que tuvo un efecto muy claro sobre las piernas de un Djokovic que perdió dos puntos muy parecidos intentando defenderse de este golpe cuando sacaba con 5-6 para mantenerse en el segundo set. Carlos entendió que la paciencia y la neutralidad, tanto con el revés y la derecha, podrían inclinar a su favor un partido que en el cuerpo a cuerpo no estaba ganando. Así, llegó una reacción tardía que colocó la igualdad en el encuentro, pero que a la postre sería absolutamente mortal para el murciano: la sensación de alivio que sintió tras conquistar el segundo parcial acabó por paralizar a todo su cuerpo, que entró en estado de relajación y terminó acalambrándose por completo.

Lo dijo Juanjo Moreno y tiene todo el sentido del mundo: los nervios, el estrés y la tensión previa se manifestaron en el tenis del murciano en el inicio. Por si fuese poco, Djokovic salió plenamente enchufado y se alimentó y, de hecho, aumentó los nervios del murciano, con ansiedad por finalizar pronto los puntos, pero chocándose una y otra vez contra el Muro de Belgrado. Obviar que se trata de la cita más trascendente de la carrera del de El Palmar, midiéndose por vez primera a uno de los miembros del Big Three en Grand Slams, es imposible: fue uno de esos días en los que se demostró que Djokovic es una bestia de un pelaje muy distinto, con una piel renovada para cada Grand Slam, que impone su aura desde el vestuario y que se alimenta de las debilidades de aquel rival que presente la más mínima duda. Y sí, Carlos aprenderá de esta ocasión, se levantará más fuerte y pondrá la cabeza en el próximo desafío... un próximo desafío que, quizás, llegue contra un Novak con 23 Grand Slams. Para eso tocará esperar al día de mañana.