Djokovic y una bendición enmascarada

Novak seguirá sin poder competir en Estados Unidos hasta mayo, privándole de dos posibles Masters 1000. Pero... ¿de verdad es tan grave esta circunstancia?

Carlos Navarro | 6 Mar 2023 | 20.15
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Novak Djokovic. Fuente: Getty
Novak Djokovic. Fuente: Getty

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Muchas páginas se han escrito y durante muchas horas se ha hablado de un extraño binomio que hace años fue triunfal, pero que de un tiempo a esta parte se ha tornado en una especie de infierno. Novak Djokovic y los Estados Unidos, los Estados Unidos y Novak Djokovic. La decisión del serbio de no vacunarse frente a la COVID-19 no ha tenido consecuencias tan severas en ningún otro país que en el de las barras y las estrellas. En un circuito con un acento tan anglosajón, en el que se disputan tres Masters 1000 y un Grand Slam, la "suerte" geopolítica y sanitaria no ha corrido del lado del serbio. Máxime, claro, cuando escribimos estas líneas en pleno 2023, en un momento de nuestras vidas en el que esa maldita enfermedad parece haber quedado muy atrás.

Lo ha hecho en buena lid gracias al maravilloso efecto de las vacunas y a la creación de una inmunidad colectiva que, por suerte, nos hace estar en este momento de una película que no hace mucho era de terror. Djokovic tomó una decisión y ha ido hasta el final con ella, siendo plenamente consciente de sus consecuencias y aceptándolas. Hasta aquí, el relato es, en realidad, bastante simple. Hablar del tema siempre genera una oleada de comentarios y ruido mediático, en ocasiones más o menos acertado, pero los motivos por los que Nole no podía entrar a Estados Unidos eran bastante claros. Sin embargo, el país norteamericano se quedó solo en los últimos meses, alargando contracorriente un mandato que solo un puñado de países conserva.

Haber hecho una exención solo porque Novak Djokovic sea el número uno del mundo no hubiese sido acertado. Crear precedentes discriminatorios jamás lo puede ser. Lo acertado, como ustedes se pueden imaginar, hubiese sido levantar de una vez por todas un mandato excluyente cuya base dejó de ser sólida hace bastante tiempo. ¿En qué repercute la presencia de Nole en estos instantes y no en mayo, cuando la emergencia sanitaria finalizará? ¿Qué demonios hubiese importado que el serbio, al igual que cualquier otro jugador no vacunado, acudiese a Indian Wells y Miami justo en estos momentos? Cuestiones que no encuentran una respuesta razonable y que nos dejan a nosotros, los espectadores, sin uno de los grandes atractivos tenísticos de la actualidad.

¿Y SI FUESE UNA BENDICIÓN?

Es ahora cuando ustedes, como pueden imaginar, pueden expresar su frustración. Djokovic quería jugar en el desierto californiano: él mismo aplicó una exención para hacerlo. El serbio tiene un hambre voraz, es un animal competitivo y quiere jugar los grandes torneos. Pero... ¿y si, ante todo el ruido mediático y los últimos precedentes, esta absurda ley juega a su favor? Novak jamás ha escondido que, a estas alturas de su carrera, su gran motivación es hacer historia. Para ello, los récords intangibles tienen una tremenda validez, pero la categoría para la que el serbio se prepara concienzudamente es, como imaginarán, los Grand Slams.

Indian Wells y Miami son, posiblemente, los dos mayores Masters 1000 del calendario tenístico. Por tamaño, alicientes, historial, palmarés y momentos míticos vividos en los últimos años. Y, sin embargo, coinciden en un mes un tanto a la deriva, como el queso de un sándwich: no muy lejos pero tampoco cerca de Australia, no muy lejos pero tampoco muy cerca de París. Los últimos resultados de Novak en Indian Wells y Miami nos hacen ver que el serbio no ha pisado los cuartos de final de ambos torneos desde el año 2016. Aquella fue la última temporada en la que completó el Sunshine Double, en una época donde su explosividad física se aunaba a una versión cada vez más ofensiva, más redonda y perfeccionada.

Ahora Djokovic es más eficiente que perfecto, lo que le hace extremadamente peligroso, pero también propenso a dosificar y exprimir el calendario en función a ciertos picos de forma. Indian Wells y Miami son un valle entre grandes montañas, dos torneos de los que un jugador como Djokovic, que ya los conquistó en numerosas ocasiones, no sacaría demasiadas conclusiones, ni buenas ni malas. Dos peones sacrificables para prepararse a conciencia de cara a tumbar al rey. Quizás Joe Biden, al fin y al cabo, esté haciendo un favor a un Djokovic al que le puede venir bien un descanso tras dos primeros meses en los que se ha convertido en el gran protagonista del tenis mundial. Con la mente en Roland Garros, la conciencia tranquila y la certeza de que su regreso a Estados Unidos no es tan lejano. Show must go on.