El US Open 2022 ha comenzado con una parafernalia extraña. No se trata de Stranger Things, no, pero la primera jornada de competición nos ha dejado resultados de esos que nos obligan a mirar dos veces los marcadores. Pensamos que nos hemos confundido, pero lo que vemos en pantalla es real, tan real como la atónita mirada de Daniel Elahi Galán tras firmar el gran golpe de su carrera deportiva. Número 94º del mundo y procedente de la fase previa, el colombiano anuló por completo al cuarto favorito al título, un Stefanos Tsitsipas que solo ganó uno de los trece primeros juegos del partido y que nunca encontró su derecha para derribar la resistencia del sudamericano (6-0, 6-1, 3-6, 7-5). Uno de esos partidos difíciles de explicar, uno de esos partidos que solo puede suceder bajo el embrujo de Flushing Meadows.
Comenzó el partido con un guion absolutamente inesperado. No siempre el marcador refleja las sensaciones que dos tenistas transmiten en pista, pero en esta ocasión el electrónico concordaba con lo que cualquier espectador veía. Tsitsipas mostraba una lentitud de piernas preocupante, incapaz de enlazar varios golpes consecutivos con precisión; por su parte, el colombiano había salido a la Louis Armstrong como si del patio de su casa se tratase. No había forma de predecir que los roles se dieran vuelta de manera tan sencilla y temprana: la comunidad colombiana de Nueva York daba el impulso extra a Galán que el underdog podía necesitar.
De repente, dando continuidad a un estado de euforia que parecía no encontrar final, Daniel Elahi Galán le había endosado un rosco a Stefanos Tsitsipas. Con el fuelle extra que te da haber disputado varios partidos desde la fase previa y una aclimatación perfecta a las condiciones de la pista, era el sudamericano quien dictaba juego desde ambos lados de la pista. En especial, era su derecha la que hacía un daño tremendo, encontrando los ángulos y metiendo una velocidad extra que Tsitsipas era incapaz de igualar. El heleno encajaría el tercer rosco de su carrera profesional, y sus gestos reflejaban los del resto de aficionados: nadie era capaz de creerlo. Prácticamente ni superábamos la media hora de partido... y el show de Galán continuaba.
UN DESCANSO MÉDICO PARA AFERRARSE EL PARTIDO
Por muy inimaginable que pudiera parecer, Galán se llevó también el segundo set por un marcador de 6-1. Sí, leen bien: el número cinco del mundo solo había sumado un juego ante un tenista procedente de la fase previa. Cada pelota del colombiano que aparecía cerca de la línea de fondo era una caña instantánea en la respuesta de Tsitsipas, que se ahogaba ante la agresividad y los tiros planos de Galán. Alguna que otra incursión a la red dio un extra de confianza a Daniel, que aprovechaba entre tanto los horribles números de Tsitsipas en dos sets difíciles de procesar: 27 errores no forzados y solo 9 golpes ganadores en los dos primeros sets. El saque, una de sus principales armas, no carburaba... y su juego se desmoronaba.
Para cambiarlo todo, un tiempo médico en el que Stefanos recibió tratamiento en su codo derecho, del que fue intervenido a principios de temporada y que parece molestarle de tanto en tanto. Quizás eso explicase sus porcentajes tan bajos al saque, pero después de una pastilla y algunas palabras de apoyo por parte de su padre Apostolos, Tsitsipas empezó a encontrar sus golpes ante el lógico bajón de adrenalina del colombiano. Consiguió encontrar puntos gratis con su primer golpe (pasó de un 38% y un 47% de puntos ganados con el primer saque a un 78% en el tercer set), empezó a acumular winners con su derecha y, en general, dio un pase adelante, liberado al darse cuenta de que con el abismo tan cerca solo quedaba soltar aire.
El tercer set de Galán no fue nada bueno: su lenguaje corporal desprendía pesimismo, su derecha empezaba a empequeñecerse y la sensación generalizada era la de vivir un nuevo partido a cinco mangas en la que el favorito vuelve a salvarse in extremis. Tras ganar el cuarto set y colocarse rotura arriba en el quinto, esa sensación se hacía más fuerte. ¿Podía darle Daniel la vuelta a esta dinámica? ¿Podía encontrar un poco de continuidad en sus tiros para volver hacer dudar a Tsitsipas? Cuando todo parecía perdido, el partido dio otro giro de guion radical, uno más en una noche de sorpresas. Galán recobró la consistencia, quebró a Stefanos para pasar del 3-4 al 5-4... y la locura se apoderó de Nueva York.
TSITSIPAS CAMINA SOBRE EL ABISMO
Hasta cinco bolas de partido llegó a salvar Tsitsipas en un juego maratónico. El griego enfiló el abismo con precisión de cirujano: podría decirse que Galán solo pudo hacer más en la primera de las cinco bolas de duelo de las que dispuso, una que se evaporó por un fallo en una bola cómoda con su derecha. A partir de ahí, Daniel se dedicó a mantenerse sólido siempre que pudo restar los primeros de Stefanos, y el griego inclinó los intercambios a su favor como lo que es: un top-5 que sabe imponer su tenis en los momentos de presión. Luego fue Daniel quien mostró las agallas que le habían llevado a este punto, salvando dos bolas de break en el 5-5 merced a dos grandes primeros.
Dos horas y 45 minutos en el reloj y el partido podía caer de cualquier lado. Las dudas de Stefanos con su tenis resultaban en varias derechas pegadas fuera de timing, volviendo al guion de los dos primeros sets, donde los errores inusuales se apoderaban del griego. Tras la mala experiencia del 4-5, el colombiano se aprovechó de tres errores no forzados del griego para disponer de dos bolas de partido más. La primera, desperdiciada ante un gran saque volea de Tsitsipas; la segunda, otro gran primero del griego para llegar al deuce (Tsitsipas ya había salvado siete bolas de partido llegados a este punto). Cada segundo era un suplicio, con Daniel abalanzándose sobre el resto para dejar a Stefanos fuera de juego... pero en cada punto de difícil pronóstico, Tsitsipas encontraba un primero salvador.
Hasta que llegó la novena oportunidad. La octava la había salvado Tsitsipas con una volea absolutamente felina: a la novena fue la vencida. Tsitsipas cometió su 34º error no forzado con su derecha y tanto fue el cántaro a la fuente que finalmente se rompió: la fortaleza mental de Galán (un jugador que ha sufrido derrotas muy duras a lo largo de toda su carrera, acusado en su país de una mentalidad floja y un carácter frío) le dio un triunfo que celebró con la frialdad del que aún está asimilando lo que acababa de ocurrir. Siguió ejecutando el combo saque + derecha con precisión, llamó constantemente a la puerta del griego cada vez que éste la dejaba entreabierta... y, como resultado, firmó el mejor resultado de su carrera para derribar a uno de los grandes favoritos al título. Las grandes noches de Nueva York, en ocasiones, dejan momentos que permanecen para toda una vida. Es momento de que Daniel Elahi Galán los saboree.

