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El tenis como ceremonia (II)
Seguimos analizando lo que fundamenta tal práctica. Precisamos varias cuestiones y nos preguntamos: ¿son los tenistas gladiadores?
Excelentes semanas estas dos últimas con los Masters 1000 Canadá y Masters 1000 de Cincinnati. Como bien sabemos, los circuitos ATP y WTA no paran y seguirán en el ruedo, pero mirando de reojo a un US Open 2022 que se prevé apasionante. Aprovechamos esta situación, algo más calmada, para seguir fijando una serie de reflexiones.
Una pequeña puntualización y problemática
La complejidad a la hora de analizar la idea de deporte viene dada cuando tratamos de encontrar los rasgos que permiten definirlo. Es decir, conseguir determinar cada uno de sus elementos y combinarlos en una formulación que les dé sentido. Preguntándonos, así, ¿cómo podemos lograr que praxis tan distintas como el lanzamiento de jabalina o la fórmula 1 sean considerados deportes? ¿qué principios pueden servirnos para ilustrar una explicación que aborde los fenómenos relacionados con el término?
En la primera parte de esta teoría, que vamos a intentar ir delimitando en este y próximos escritos, situamos al tenis como una institución constituida sobre el núcleo de una ceremonia (los partidos), por lo que el tenis disfruta de tres características generales que exhiben, a su vez, qué es una ceremonia. Las tres particularidades eran: la repetibilidad, la abstracción y la normatividad.
Pues bien, un seguidor de PDB, en uno de sus comentarios, insinuaba que tal condición era aplicable a todas las disciplinas deportivas. En otras palabras, lo que señalaba era que tanto el tenis como el fútbol, el hockey o el atletismo son, de igual manera, ceremonias. Indicando, por tanto, que la tesis no estaba cerrada y, sobre todo, que lo genérico no define a lo específico. O, mejor aún, que escondemos lo particular en lo abstracto.
Permítanme poner un par de casos para que entiendan lo que les quiero decir. Tal dictamen sería como si utilizáramos el concepto de violento (género) para definir a un asesino (especie), pero no todos los violentos son asesinos. De la misma forma que la mesa (la especie) es un mueble (lo genérico), pero no todos los muebles son mesas.
Y lo mismo hubiera pasado si hubiera indicado otros aspectos propios de la llamada Teoría de Juegos (les recomiendo la película, “Una mente maravillosa”, para saber algo más sobre su creador). De este modo, definir al tenis como un juego no cooperativo y de suma cero (donde para ganar uno debe perder otro), por poner un ejemplo, aunque sea cierto, no detallaría a la perfección la esencia del tenis, ya que no nos alejaríamos de otras materias.
No es ceremonia por ser tenis, sino que es tenis por ser ceremonia
Sin embargo, hay que recordar un aspecto fundamental que no invalida la argumentación ni la hace falsa. Si el examen es correcto, el pasar de lo concreto a lo abstracto nos acerca más a la verdad de las cosas y no nos distancia de ellas: que los partidos de baloncesto sean ceremonias no quita ni un ápice de verdad a la afirmación de que el tenis también lo es. De igual manera que yo puedo ser más alto que mi hermano, pero no por ello más alto que Pau Gasol.
Lo que queda claro es que es la ceremonia quien establece al tenis y no al revés, puesto que las ceremonias son una serie de rutinas que han vencido y, porque han vencido, se han consolidado. Por de pronto, y para diferenciar, el tenis es una ceremonia que se organiza, se ejecuta y se desarrolla entre humanos. Aspecto fundamental, pues exhibe que hay actos ceremoniales donde las relaciones se dan entre los humanos y los animales no humanos (como en el toreo o la caza). Y otras donde, en un sentido amplio, la protagonista es la “Naturaleza”, siendo el hombre el que intenta vencer los obstáculos, los elementos naturales inanimados, que ella “genera” (como el surf, el alpinismo o, en otro orden, ceremonias como ciertos ritos chamánicos).
Tenistas, gladiadores y la idea de Hombre
Según esta perspectiva y análisis tendríamos que situarnos de frente ante ciertas analogías que los aficionados (y no tan aficionados) suelen utilizar, a saber: diremos que el tenis no puede ser análogo, ni una evolución no violenta (otros dirán “civilizada”) de la lucha entre gladiadores.
Ahora bien, el motivo no es porque en las contiendas romanas aparecieran animales, que luchaban contra los instruidos. Tampoco porque se dieran, en muchas ocasiones, muerte (aunque no es cosa menor), ni siquiera diré que la diferencia está en los instrumentos, sino que la verdadera clave, y esto es lo esencial, está en que la ceremonia estaba constituida bajo la consideración de que los esclavos eran “ganado parlante”. Es decir, los que se jugaban la vida no eran considerados hombres.
Por ello, la figura del árbitro no puede ser comparada, ni por asomo, con la del emperador, ya que uno reconoce como iguales a los protagonistas y el otro, aun pudiendo ver que tienen un mismo canon corporal, manifestaba, con su presencia, tal asimetría y dominio (como propiedades o bienes que eran).
En suma, el tenis sólo puede entenderse de la mano de una serie de cambios históricos que, como es normal, no estaban destinados a formalizarlo, como si el fin de la esclavitud fuera el paso previo a la creación de este deporte. Sin embargo, cabe añadir que sí se requirió de un contexto donde estuvieran garantizados una serie de derechos sociales, de una igualdad formal, de isonomía o igualdad ante la ley.
Unas leyes que garantizaban la división por clases sociales, que quedaban divididas según su posición respecto a los medios de producción, donde el proletariado mostraba su disconformidad, pero ahora, derivada de las modificaciones producidas por el modo de producción capitalista, hondeando una máxima bien distinta donde, esta vez sí, se reconocía al prójimo en su condición humana (aunque alienada), luchando por superar “la explotación del hombre por el hombre”. Este tema, fundamental en la consideración de la idea de deporte (como sport), lo dejaremos para otro texto.
A vueltas con el espectador
No quería irme sin comentar algunas reacciones que hubo en el primero de los artículos. En él, preguntaba si el espectador en tenis se podría denominar así. O si, por el contrario, el espectador, al no ser parcial, se vuelve actor de la ceremonia. Las respuestas fueron muy valiosas, ya que se señaló que es imposible ser imparcial e incluso, llegaron a advertir que no hay un dualismo entre observar y hacer, o sea, que el que observa actúa, tanto como el que actúa observa.
No obstante, me gustaría ir un poco más allá. El tema, quizá, no sea decir que el que visiona acaba seleccionando a uno de los participantes, la cuestión no es que el sujeto acabe o inicie con una preferencia, sino que, con su acción, sea capaz de cambiar el devenir del juego. Además, para finalizar, os dejo con otra pregunta.
¿Cómo determinamos la diferencia que hay entre el espectador y otros espectadores técnicos como los recogepelotas, los jueces de línea o los directivos organizadores? Es decir, es necesario determinar lo que el espectador, no como espectador técnico, sino como espectador asistente, ve en la escena. De otra manera, preguntaríamos: ¿desde qué aspecto el espectador contempla las realidades acaecidas en escena para que la contemplación pueda ser llamada tenística? Acaso no hay, en muchas ocasiones, asistentes que su interés es “extra-tenístico” (el niño que se desentiende, el directivo que observa que todo vaya según lo previsto o el fisio, atento para actuar si le reclaman). Leeré vuestras opiniones.
Termino este artículo agradeciendo el interés y espero que podamos seguir pensando juntos, aunque expresen su más absoluto desacuerdo. He de aclarar que a pesar de que este agradecimiento lo realice al final, no crean que lo hago a modo de captatio benevolentiae. Por mi parte, nada más que decir.