La leyenda del Demonio de Adelaida

El gran campeón australiano, Lleyton Hewitt, será introducido en el Hall of Fame de Newport, siendo ya historia del tenis. Darren Cahill repasa su excelente carrera.

Rubén Pérez Serrano | 16 Jul 2022 | 20.42
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La famosa celebración de Hewitt, durante una serie de Copa Davis. Foto: Getty
La famosa celebración de Hewitt, durante una serie de Copa Davis. Foto: Getty

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Muchos años han pasado ya desde que un joven de cabellos dorados y mirada asesina dominara las pistas de tenis de medio mundo. Eran principios de siglo XXI y el australiano Lleyton Hewitt era la gran raqueta del tenis mundial, llamando a marcar una nueva época, llamado a liderar una nueva era del tenis, la nueva era que venía a enterrar el saque y red y a consolidar el tenis desde la línea de fondo. La carrera del aussie se quedó en bastante menos de lo que se esperaba pero aún así marcó a muchos, quedó su impronta en la memoria colectiva del aficionado al tenis. El de Demonio de Adelaida fue sin duda el último gran campeón del tenis australiano, tras el cual nadie fuera del Big Four ha ganado en Wimbledon. Su compatriota, el entrenador de prestigio Darren Cahill, le brinda un sentido homenaje haciendo repaso a su imperdible carrera con motivo de su inducción en el Hall of Fame de Newport. Ante todo y más allá de lo que ganó, Lleyton Hewitt siempre será recordado por honrar al tenis, por darlo absolutamente todo y más en una pista, por poner tanta pasión como ha puesto por el deporte de la raqueta.

Còmo conoció a Lleyton

Eran principios de los 90 en Adelaida, Australia. Había escuchado murmullos, conversaciones. Había empezado a llenar los círculos tenísticos, se hablaba de ello como se había hablado en su día de 'boom-boom' Becker. Un joven y delgadito chico que venía de una familia de éxito en el deporte estaba empezando a causar revuelo con su nivel de juego y deseo de victoria único que no a todos gustaba. Su nombre era Lleyton Hewitt y tenía 12 años. Mi timbre sonó y yo ya estaba esperándole. Conocía a sus padres Glynn (fútbol australiano) y Cherilyn (Netball), pero fue un primer encuentro, y dejó una sensación duradera en mí que ha persistido hasta nuestros días.

Ahí estaba Lleyton. Mirada de acero y muy focalizada. Parecía pequeño para su edad y así era de hecho. Vestía ropa de Nike estilo Agassi desde la cabeza a los pies, gorra hacia atrás, y portaba un raquetero Prince sobre sus hombros. "Buenos días chico, soy Darren", le dije y le estreché la mano. "Hola, soy Lleyton, ¿vamos a jugar?", me respondió con un firme apretón de manos. Sinceramente, más que una respuesta lo suyo fue una petición. En ese momento yo estaba intrigado, sorprendido e intimidado incluso, todo al mismo tiempo. Yo tenía 28 años y me había ya retirado del tenis a causa de diversos problemas en mis rodillas. Pero jugar contra un chico de 12 años no era un problema realmente. Se comprobó que fue después un fallo de cálculo por mi parte. Estuvimos calentando y me quedé sorprendido por su fantástica técnica desde el fondo de la pista. Incluso su juego en la red era sólido y desde luego tenía un trabajo hecho muy sólido. Tras 15 minutos le pregunté a Lleyton qué quería hacer. "Juguemos algunos sets", me contestó. Perfecto, momento de enseñarle a este pequeño cachorro una importante lección.

Los primeros dos sets transcurrieron sin mucha historia para mí con un 'kick serve' por parte de un ex jugador de 188 cm que estaba demostrando ser muy dificultoso para que el pequeño chico pudiera responder. Pero algo fuera de lo común comenzó a suceder. Su padre, que estaba fuera pegado a la valla y viéndonos, fue a prestarle algunos consejos a su hijo y entonces Lleyton hizo que se detuviera y le dijo: "Vete pitando de aquí, tengo esto controlado". Como si fuera un velociraptor, empezó a moverse de tal manera que me hizo trabajar de lo lindo dejando al aire mis debilidades. Se adelantó con mi saque y lo respondía pronto según botaba. Ahora sacaba hacía mi derecha, lo cual siempre odié. Y en vez de permitirme subir a la red como yo quería, me tiraba bolas incómodas para después rematarme con mortales globos con su revés. Con cada 'winner' que salía de la raqueta de Lleyton podías oir lo que sería después su grito de guerra, su seña de identidad: "C'mon!!!". Se oía al menos en cinco calles de distancia. Después del entrenamiento me fui andando a mi casa y mi esposa, que era mi novia en ese momento, me había estaba mirando y sonriendo. Lo primero que me dijo fue: "¿Qué piensas de ese chico?" Yo le respondí: "Madre mía, ese chico es muy bueno. Va a ser alguien muy especial".

Dos años después, el encuentro con Roger Federer

Dos años después cuando Lleyton ya contaba con 15 años, me llevé a él y a otros dos juniors australianos a Suiza a jugar la Copa Davis de esa categoría. Un evento muy prestigioso con el que los jóvenes defendían a sus países. Había otroo chico de 15 años allí jugando por Suiza, su nombre era Roger Federer. Yo conocía a Roger gracias a mi buen amigo y compatriota Peter Carter, que estaba en Basilea trabajando en uno de sus clubes de tenis. Me había presentado a Federer un año antes y me había pedido verle entrenar. Le ví y me quedé impresionado, pero tampoco nada del otro mundo. Es evidente que no me fue ese mi mejor día como ojeador. Pero ahora, 12 meses después de aquello, veía a Roger y Peter caminando con la misma vestimenta (los colores de Suiza). Roger se había convertido ya en un joven desgarbado mientras que Lleyton aún seguía llevando pantalones tres tallas más grandes de lo que debía. Australia se medía a Suiza en la primera serie. Y era un partido entre Hewitt y Federer para empezar. Peter sonreía como si me hubiera quitado a alguna de mis anteriores novias (cosa que pasó), pero ahora lo recuerdo y me pone nervioso cómo no supe valorar en su justa medida a Lleyton. Lleyton no me dejó mal precisamente. El partido fue sencillamente épico. Federer se marchó con una victoria por 7-6 en el tercer set. Australia acabó ganando por 2-1 la serie. Fue la primera de muchas grandes batallas entre esos dos buenos colegas.

Su consagración

Pasamos al año 2001. Se requiere muchas grandes habilidades para ser un deportista de élite. Y no cualquiera es bendecido con una gran velocidad, fuerza o altura, pero hay ciertas habilidades que no son negociables en un gran campeón. Existe una ética de trabajo, creencia, resiliencia y motivación. Todas importan y todas son necesarias. Todo esto es lo que diferencia a los grandes jugadores de los buenos. Además, también algo de suerte. Todo ello confluyó durante el recorrido que hizo Lleyton en 2001 camino de su primer Grand Slam, en el US Open. Había superado algunos de sus momentos más difíciles como profesional en las primeras rondas, lo que acabaría por darle réditos al final del torneo, y para el resto de su carrera. Le hizo madurar aquello. El hombre que jugaba la segunda semana de torneo no era el mismo que había disputado la primera.

Cuando Lleyton se medía en semifinales ante Kafelnikov, las estrellas se alinearon con él y le permitieron llevar a cabo un partido de lo más completo que había hecho. Se cargó al dos veces ganador de Grand Slam en tres mangas. Lleyton dejaba la pista para preparar ya después el partido por el título ante el gran Pete Sampras. En la mañana de la final, Lleyton estaba increíblemente calmado. Tenía ya un precedente sobre el que apoyarse, las semis del año anterior también en el US Open donde había ganado Pete. Pero esta vez sería distinto, Lleyton no estaba nervioso, estaba con muchas ganas. Hasta 23.000 espectadores encendían el ambiente de la pista central. Él quería una Arthur Ashe llena y que hubiera un americano al otro lado de la red. Sabía que tendría muy poco apoyo en la grada, pero aquello le gustaba. Y es que Lleyton era diferente.

Dos horas después, Lleyton Hewitt ya se encontraba levantando el trofeo de campeón. Había vencido por 7-6(4), 6-1 y 6-1. Yo estaba sentando al lado del capitán australiano de Copa Davis, John Fitzgerald, y todo el tiempo decía: "Madre mía, esto es increíble. No me puedo creer que esté ganando este partido así". Los dos estábamos boquiabiertos con lo que habíamos visto. Solo unos meses después se convertía en el tenista más joven de la historia en llegar al número uno del mundo. Finalizaba el año ganando las Finales ATP y siendo el número uno de ese 2001.

El ADN de Lleyton era diferente al de casi todo el resto de la gente. Había elegido un deporte individual pero había convertido sus partidos en un ambiente más propio de un deporte de equipo. No se veía intimidado por nada, quizá tenía cosas de Connors, McEnroe y Nastase. Pero también las tenía de Newcombe, Laver, Emerson y Rosewall fluyendo por sus venas. Ese verdadero espíritu 'aussie' con un punto de malicia. Cuando jugaba la Copa Davis quedaban perfectamente representados sus valores. Para él, no había nada más grande que jugar por su país y ponía su corazón y su alma cada vez que vestía la verde y dorada. Durante muchos años sacrificaba su ranking priorizando así la Davis en su calendario. Sus récords hablan por sí solos, y la siguiente generación de tenistas australianos deben estarle agradecidos de que continúe apoyando el juego y siga siendo el capitán.

El legado de Lleyton Hewitt

Ganador de dos 'majors' (US Open 2001 y Wimbledon 2002), fue número uno al finalizar la temporada dos años seguidos (2001 y 2002), y levantó 30 títulos individuales. Lideró a Australia a dos Copas Davis (1999 y 2003), y tampoco nos olvidemos de un titulo de dobles en el US Open de 2001 con Max Mirnyi. Un fantástica carrera la de Lleyton. Tuvo mala suerte con las lesiones a mediados de los 20 que frenaron su carrera y no pudo ser todo lo competitivo que hubiera debido ser ante los grandes Roger Federer y Rafa Nadal.

Pero más allá de esto, él siempre ha mirado hacia atrás sin arrepentirse de nada y sin echar de menos nada. Él siempre decía: "Lo he dejado todo ahí en la pista, chico". Y tanto que lo hiciste, compañero. Ha dejado un importantísimo legado en Australia, estableciendo unos estándares de entrenamiento y de carácter competitivo que las siguientes generaciones deben copiar. Un modelo en el que fijarse, un modelo de tener fe en conseguir lo imposible, hacerlo realidad. Tenía un propósito, amaba lo que hacía siempre, rezumaba convicción en lo que hacía, una ética de trabajo sin parangón. Tenía el corazón de un león y la mente de un velociraptor.

Pronósticos deportivos
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VS
Jesper De Jong
ATP Madrid 22/04/2026 19:30
Rafael Jodar gana el primer set
Pablo Carreno Busta
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Marton Fucsovics
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Marton Fucsovics gana al menos un set
Jaume Munar
VS
Alexander Shevchenko
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Jaume Munar gana el primer set
Yannick Hanfmann
VS
Marcos Giron
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Yannick Hanfmann gana el primer set
Daniel Altmaier
VS
Juan Manuel Cerundolo
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Juan Manuel Cerundolo gana el partido
Botic Van De Zandschulp
VS
Alexander Blockx
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Botic Van De Zandschulp gana el primer set
Fabian Marozsan
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Ethan Quinn
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Fabian Marozsan gana el partido
Camilo Ugo Carabelli
VS
Gael Monfils
ATP Madrid 23/04/2026 12:00
Gael Monfils gana el partido