Puede resultar exagerado aseverar que un joven de 20 años situado en torno al top-10 y que ya ha pisado ese selecto grupo, lance señales inequívocas de cierta falta de progresión, pero el vaso ha de verse medio lleno. Y es que Jannik Sinner ha irrumpido de manera tan contundente y veloz en la élite del tenis mundial que ahora afronta una etapa en la que ha de consolidarse y salir de su zona de confort para dar el siguiente paso. Las virtudes del italiano son innegables, tanto a nivel tenístico como, sobre todo, mental, pero también lo son las carencias en las que ha de trabajar mucho para dar ese siguiente paso que le lleve a donde su mentalidad le hace estar predestinado: la cima de este deporte. En el duelo ante Carreño del ATP Masters 1000 Miami Open 2022 mostró con claridad esas dos caras en su juego.
Sinner posee unos evidentes intangibles de campeón
Llama mucho la atención resaltar el hecho de que Jannik no era un jugador referente entre los 13 y 16 años, edades en las que se empieza a vislumbrar si un joven tiene serias opciones de dedicarse a esto. Fueron muchas las dudas en torno a la viabilidad de su futuro como tenista ya que no conseguía ganar partidos con recurrencia a nivel internacional y ni siquiera dominaba a nivel nacional. Sin embargo, con 17 años dio un salto cualitativo apabullante que le permitió saltarse muchas etapas del camino y meterse en el top-100 con apenas 18 años. Sus argumentos tenísticos son claros: un ritmo de pelota elevadísimo, capacidad para acelerar y cambir direcciones de manera indistinta con el drive y la derecha, así como una movilidad exquisita para un jugador de su envergadura.
Pero lo que realmente diferencia a Jannik de otros jóvenes de su camada es la fortaleza mental que atesora y un carácter competitivo espectacular. Quizá el hecho de haber sido referente nacional en Italia cuando era apenas un adolescente en un deporte como el esquí, que exige tanta concentración y en el que te juegas todo el trabajo en un descenso de apenas unos minutos, tenga mucho que ver en esa habilidad innata para nunca darse por vencido, no perder la concentración por muy mal que vayan las cosas y extraer aprendizajes de cada traspiés.
Sorprende mucho ver cómo un jugador de 20 años sube su nivel de manera sistemática cada vez que afronta situaciones límites. Esto es algo que se vivió de manera clara ante Carreño, cuando levantó cinco bolas de partido ofreciendo una determinación inaudita en esos puntos y levantando una muralla a nivel psicológico que terminó destrozando a Pablo. Parecía imposible que el español diera ese último paso, como si hubiera una mano invisible que condujera el destino del encuentro del lado del italiano, algo que solo consiguen hacer los grandes y auténticos campeones.
El italiano tiene mucho margen de mejora en varios aspectos y no está avanzando demasiado en ellos
Teniendo eso se tiene mucho terreno ganado, pero no se puede conquistar la cima si no se cuenta con los argumentos técnicos y tácticos necesarios. En este sentido, sorprende comprobar que Sinner no haya avanzado demasiado en los últimos 6 meses. La ruptura profesional con Piatti puede haber influido en ello, pero cualquier aficionado quE haya visto jugar al italiano se percata de su necesidad de mejorar aspectos como el resto, segundo servicio, la volea y la toma de decisiones en pista a la hora de cambiar efectos, velocidad o variar con la dejada.
Visto de otro modo, es realmente espectacular percatarnos de que un chico de 20 años situado entre los 15 mejores del mundo tiene un amplio margen de mejora en diversas facetas del juego y ostenta esos intangibles de campeón que pocos tienen. Se compara mucho a Sinner con Berdych y el checo pecó durante toda su carrera de no mejorar el aspecto que fue su gran rémora a la hora de dar un último gran paso a la cima: la derecha paralela. Jannik Sinner tiene tiempo para corregir sus carencias y, sobre todo, su gran ventaja es la alianza muy pocas veces vista entre madurez, inteligencia competitiva e intangibles de campeón con la juventud.

