La gira sudamericana de tierra batida siempre ha sido un momento de la temporada de grandes resultados para el tenis español. Las magníficas actuaciones sobre el manto rojizo de estos torneos han sido constantes a lo largo de los últimos años, una demostración del dominio del tenis ibérico sobre la superficie en la que la mayoría de sus jugadores se ha criado. Sin embargo, es cierto que la incertidumbre tras una generación absolutamente dorada (encabezada por Rafael Nadal) puede ser lógica, o al menos una posibilidad que pase por la cabeza. Repetir tamaños resultados, con la asiduidad y regularidad de las espadas de la Armada española, se antojaba complicado... pero si algo ha quedado demostrado en estas últimas tres semanas es que el tenis español goza de una salud impecable.
Porque los jugadores de segunda línea, esos que no copan tantos focos pero dotan de una profundidad a nuestra nación absolutamente envidiable, han dado un paso al frente. Porque el chico encargado de liderar a la próxima generación ha demostrado que su competitividad no conoce límites, sabiendo remar sobre la superficie para dominar con un tenis completísimo. En torneos tan extremadamente competitivos como Córdoba, Buenos Aires, Río o Santiago, los Albert Ramos, Carlos Alcaraz o Pedro Martínez Portero han sido capaces de esquivar la enorme legión de tenistas sudamericanos, la mayoría de ellos jóvenes con hambre, que querían destronar a raquetas más experimentadas. Vaya si lo hicieron.
Albert Ramos abrió la veda, coronándose en Córdoba contra todo pronóstico, alentado por un público argentino que rivalizó contra su rival en la final, el chileno Alejandro Tabilo. Lo cierto es que Ale ha mostrado un potencial en esta gira digno de un tipo que se consolidará muy pronto en la élite: su velocidad de pelota, su spin endiablado en la derecha de zurdo y su capacidad para generar winners de todo tipo con dicho golpe conforman, ciertamente, un combo realmente atractivo de cara al espectador. Pero en la final del que podía ser el primer título de su carrera, la experiencia, jerarquía y saber estar en los momentos importantes del tenista catalán fueron argumentos más sólidos de cara a su victoria.
No es extraño, tampoco, que Pedro Martínez Portero se sirviese de los mismos elementos para derrotar a Tabilo en su propia casa. En el ATP Santiago 2022, el de Alzira dejó en la cuneta a dos de las mayores promesas en la superficie; no solo al chileno, también a Sebastian Báez en la final. Lo hizo en encuentros maratónicos, partidos que se van más allá de las tres horas en las que siempre encontró una variante más, un tiro extra más, para dominar desde la regularidad y la extenuación a sus rivales. La de Pedro es una evolución gradual y consumada al calor de la tierra batida, pero que le ha permitido establecerse como un jugador válido para todo tipo de pistas: su buen manejo de la media pista y su buena muñeca en la red le deberían permitir mantener su sitio en el top-50 durante varias semanas. Y el suyo es un testimonio de alguien que jamás estuvo en las quinielas de las mayores estrellas del futuro, pero que se ha labrado un sitio en la élite a base de constancia y quemar etapas a su debido tiempo (de dominar el circuito Challenger a trasladar ese éxito a semanas ATP).
ALCARAZ, LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA NORMA
Y en el torneo más importante en esta gira por otras latitudes, Carlos Alcaraz fue el rey. De él ya se han escrito muchos relatos épicos a pesar de su temprana edad, con un tenis destinado a la más absoluta élite, aderezado con una mentalidad ganadora que le permite leer los partidos como un libro abierto. En Rio siempre estuvo un paso por delante de sus rivales, incluso en la primera ronda, un partido en el que sufrió de lo lindo ante otro guerrero que ha mejorado exponencialmente en este inicio de 2022 (Jaume Munar). Más adelante llegaron los triunfos ante un top-10 (Berrettini) y un top-10 en la superficie (Schwartzman). Él puede ser la punta de lanza de la Armada del futuro, si nada se tuerce; lo que ha quedado demostrado es que sus lugartenientes seguirán ahí, al menos haciendo de la arcilla el coto de caza particular para España. Y que nosotros sigamos viendo esos éxitos.

