Zverev apaga a Djokovic a cañonazo limpio

Mostrando un nivel imperial al saque y haciéndose fuerte en los momentos tensos del duelo, Sascha alcanza su segunda final en el torneo de fin de año. 

Alexander Zverev. Fuente: Getty
Alexander Zverev. Fuente: Getty

Hoy fue más fuerte al saque, se mantuvo sólido en los puntos importantes y sus niveles de confianza nunca bajaron, ni cuando parecía que la inercia tenía aroma serbio. Alexander Zverev sigue demostrando que está un paso por delante de muchos de sus compañeros en los torneos más grandes del mundo al mejor de tres sets: hoy era el día para dar un golpe sobre la mesa, y vaya que si lo dio. Su victoria ante Novak Djokovic en las semifinales de las Nitto ATP Finals 2021 (7-6(4), 4-6, 6-3) le hace sumar una victoria más ante el número uno del mundo, le coloca en su segunda final del torneo de Maestros y confirma al público que, parece, está preparado para dar ese salto cualitativo en los Grand Slams de cara al 2022.

El primer set comenzó tal y como muchos preveían: a ritmo de saques. Los cañonazos mandaban, si bien las balas eran aún de fogueo. Zverev y Djokovic estaban testando las aguas, calibrando sus armas con el objetivo de entrar en batalla aún más tarde. El serbio, una vez más imperial al saque, manteniendo porcentajes marcianos a los que empieza a acostumbrarnos. El alemán, despojado de ataduras mentales antiguas con su primer golpe, clavando los saques planos a la T y siendo agresivo con su primer golpe, además de dar margen al serbio al resto, jugándole por el centro, sin demasiada potencia, para observar la calibración de sus golpes.

El serbio supo perfectamente en qué momento empezar a disparar de verdad. Alcanzado el 4-4, entrando ya en territorio comanche, Nole aseguró su servicio y apretó el botón de "máxima presión" al resto. Intercambios larguísimos, uno de ellos con globo milagroso incluido. Ataques con el paralelo, profundidad total. Eso le sirvió para conseguir una bola de set... que se marchó tal y como llegó, pulverizada por la potencia del servicio de Zverev. Lo cierto es que el alemán no solo respondía: se encontraba cómodo en ese ritmo de partido. Muchas veces hemos acusado a Zverev de conformista, de jugar demasiado pasivo para las armas que tiene... y en el tie-break demostró su paso adelante este 2021: tomó las riendas del duelo, ayudado por una doble falta de un Nole que parecía aún lamentarse por aquella bola de set perdida. Con el revés paralelo como arma más afilada, el germano firmó un tie-break casi perfecto que le colocó en el asiento delantero del partido. Sus estadísticas en el primer parcial asustaban: promedió 214 km/h en su primer saque, firmó 14 winners (8 de ellos con su derecha) y salvó el único momento de pequeña duda, esa bola de break que también lo era de set. Fue un primer parcial, como decimos, inmaculado.

SOBREVIVIR, ATACAR EN EL MOMENTO INDICADO

El inicio del segundo parcial llegó a vivir un guion relativamente similar al primero, solo que con una gran diferencia: Djokovic no hacía ni el amago de entrar en largos intercambios desde el fondo de la pista. Apagado tras perder un primer set tan competido, el serbio pareció entrar en "modo eco", dosificando energías y centrándose en mantener su servicio lo más cómodo posible. Con 1-1 y 15-30, Sascha tuvo una oportunidad de oro para marcar la diferencia, un passing shot con toda la pista abierta que no logró concretar. Nole salvó, remó y consiguió igualar la balanza, tanto en marcador como en sensaciones. De nuevo el chacal se preparaba para hincar el diente en el juego más importante.

Así lo hizo: con 4-4, otra vez el serbio se puso el mono de trabajo, alcanzando de nuevo el ansiado break point. En esta ocasión, Novak supo que Zverev variaría su habitual servicio a la T, se quedó quieto y firmó un resto de revés a los pies del alemán, que mandó la bola a la red y, con ello, prácticamente la sentencia del segundo parcial. Lo cierto es que el germano seguía ganando más desde el fondo de la pista (balance de +1 en los puntos de más de cuatro intercambios en el segundo set), competía de tú a tú y mostraba que su nivel está ahí, para empezar a hacer sombra a los grandes... pero, casi sin comerlo ni beberlo, el partido se encaminaba a las dos horas y a otro set más.

SASCHA CAMBIA LAS TORNAS

Hubo un momento de duda, casi de apagón, para Zverev. Primer saque tras perder un set en el que te has sentido casi superior (y en el que, de hecho, apenas cedió un punto menos que el serbio). Un buen resto y un error clamoroso al saque te dejan 0-30, dejando la puerta abierta a un posible break. ¿Qué pasó ahí? Ahora fue Sascha el que se puso el mono de trabajo, desenfundó su fusil y, de nuevo, el saque acudió en su ayuda para sacarlo de los problemas. Fue un juego de autoridad, de solvencia, que sentaba las bases de lo que podía ser el tercer set. Intentando jugar también con el cansancio de Djokovic, que jugó durante el día de ayer, el alemán trató de ponerle las cosas igual de difíciles desde el fondo, entrando en intercambios cruzados tanto de revés como de derecha y no siendo inferior en ningún momento.

Neutralizada la ventaja mental de Novak, tocaba también dar el salto. Un pequeño bajón en la efectividad al servicio y algunos fallos de timing en su drive vieron cómo Nole le daba en bandeja una nueva rotura a Zverev. Después de dos horas, parecía que las piernas empezaban a pesar. No solo eso, también la capacidad de reacción, la propia mente podía empezar a sucumbir. Sascha aprovechó la oportunidad y se colocó break arriba, pero también le dio una rendija a Djokovic por la que el serbio, esta vez, no se coló: con 4-2, Zverev de nuevo decidió tomar el rol defensivo y forzar al serbio al intercambio largo, con defensas espectaculares por el lado del revés (en cierto modo Djokovicianas) que acabaron por provocar el fallo del serbio (en bola de break, con una derecha agresiva que se marchó larga).

Cuando tocó cerrar el partido, el alemán no dudó. Tres saques imperiales, tres misiles que simbolizan muy bien la clave por la cual jamás llegó a titubear, ni en los momentos en los que el duelo pareció enrarecerse. Lo cierto es que parece que al alemán le cuesta mucho menos batir a Djokovic que a Medvedev: es capaz de mantenerse firme con su servicio, suelta la derecha y consigue igualarle por ese lado cuando el serbio no está al 100%, y su revés cruzado es la horma del zapato del serbio en los intercambios cruzados. A falta de poder conseguir esa victoria consagratoria en las cuatro grandes plazas del mundo del tenis, Sascha tendrá mañana una nueva oportunidad para demostrar que su jerarquía en el circuito descansa al lado de la de los mejores. Eso sí, para conseguirlo deberá vencer al mismo hombre que se ha convertido en su bestia negra. Daniil Medvedev, Alexander Zverev, Turín y una corona en juego.

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