Alex Molcan, el luchador que se inspira en sus tatuajes

En su primer Grand Slam ya ha alcanzado la tercera ronda. Descubrimos la historia detrás de una de las revelaciones de la actual temporada.

Alex Molcan, en el US Open. Fuente: Regina Cortina Photography
Alex Molcan, en el US Open. Fuente: Regina Cortina Photography

No todos los jugadores llegan a los grandes torneos de la misma manera. A lo largo de la historia hemos visto cómo el circuito ATP desaprovechaba por el camino grandes talentos que, por diversas circunstancias, tomaban rutas alejadas del éxito que algún día pensaron que podían tener. La de Alex Molcan, un joven eslovaco de aún solo 23 años, parecía que sería otra de esas tantas historias: un gran jugador junior, top-20 consolidado, que se diluía en el salto al profesionalismo y jamás alcanzaría las cotas que un día imaginó.

Resulta, sin embargo, que 2021 ha cambiado la vida del nacido en Presov. Detrás de su éxito esta temporada, incluyendo su primera clasificación a la fase final de un Grand Slam, su primer título Challenger y, sobre todo, su primera final ATP, se esconde una historia de supervivencia. Un luchador con una filosofía dentro y fuera de la pista que contiene un elemento central que, para otros, podría ser trivial o insignificante: los tatuajes. Antes de explicar la profunda conexión que comparte con ellos, toca contextualizar su pasado.

Molcan nació en la pintoresca ciudad de Presov, al este de Eslovaquia. Como pueden imaginar, las oportunidades en una pequeña nación no son nada fáciles... y más cuando vives a más de 400 kilómetros de la capital. Tras superar el doloroso divorcio de sus padres, la madre de Alex, Andrea, tomó una decisión en pos de ayudar la prometedora carrera de su hijo: trasladarse a Bratislava para poder darle unos entrenamientos de alto nivel. "Nos mudamos porque diría que no era posible jugar en otras ciudades. Solo te puedes convertir en un gran jugador si te mudas a Bratislava. Mi madre sacrificó muchísimo, mi familia estaba sin un duro por culpa del tenis, pero ella cambió su vida por mí, y siempre le estaré agradecido por eso", confiesa en una íntima entrevista con la ATP.

"Hubo momentos muy duros: nos quedamos sin dinero, ella empezó a trabajar de 6 a 4 y, nada más llegaba, recogía a mi hermana pequeña del colegio. Muchas veces tenía que ir yo porque a ella no le daba tiempo. Mi madre estaba trabajando todo el día, yo entrenando todo el día y mi hermana en el colegio. Fue muy duro, pero de alguna forma sobrevivimos. Ella trabajó duro, yo también, y con el tiempo mejoramos". Una confesión dura de una adolescencia sacrificada en torno a la pelota amarilla, la infancia de muchos chicos que se dedican en cuerpo y alma a cumplir un sueño. A los 15 años, la madre de Molcan volvió a su pueblo; tiempo después, viendo que su hijo quizás pasaba demasiado tiempo haciendo "cosas de adolescentes", volvió para asentar la cabeza. He aquí cuando aparecen en escena los tatuajes.

Símbolos de vida vitales para Molcan

Cumplidos los 18 años, el eslovaco tenía muy claro qué quería inmortalizar en su piel por vez primera. "Después de mi cumpleaños, un día fui al tatuador. Lo primero que tenía en mente era tatuarme el cumpleaños de mi madre. Tenía sentido, sabía que lo iba a hacer". Ese fue solo el primero de una colección que ahora incluye templos, un Buda, una flor de loto, un tigre e incluso la figura mitológica de Perseo. ¿La explicación? Tiene un impacto positivo en Molcan. "Cada tatuaje tiene un significado. Me gustan muchas culturas, por eso tengo símbolos de ellas por todos mis brazos. A veces, cuando estoy en un partido muy duro, me fijo en el tigre que tengo tatuado y sé que tengo que luchar. Luego, miro a Buda, y sé que tengo que pensar. Durante el partido me fijo en mis tatuajes y ellos me dan motivación", explica convencido el eslovaco.

Belgrado, el lugar donde comenzó su gran historia

Después de su carrera junior vino un gran salto fallido. A pesar de algún que otro buen resultado (alcanzó la final del Challenger de Sevilla en 2018), el tigre eslovaco estaba dormido. Un buen inicio de temporada en el circuito Challenger fue la rampa de lanzamiento... pero hay un lugar que ha catapultado la carrera de Alex Molcan hacia otra dimensión: Belgrado. Allí derrotó a tipos consolidados en el circuito como Fernando Verdasco o Fede Delbonis: solo su ídolo, Novak Djokovic, fue mejor que él en el partido por el título. "Desde aquel torneo han cambiado muchas cosas en mi confianza. Fue un gran paso hacia adelante, aunque sigo tratando de mejorar. Siempre miro hacia Belgrado, ya que ahí aprendí muchísimo, especialmente en la final contra Djokovic. Se me abrió una puerta, la de ver cómo juegan al tenis los mejores del mundo y cómo debería jugar yo. Ahora tengo confianza en mi tenis: sé que puedo ganar a estos tipos. En el pasado, sin embargo, tenía problemas a la hora de mantener una consistencia en mi nivel a lo largo de un torneo.

Ahora, sin embargo, ya no pego saltos de un gran torneo a uno muy malo. Mantengo mi nivel en línea recta, constante. A veces baja, a veces sube, pero sigo luchando porque creo en mí mismo. Creo que puedo ganarle a cualquiera. Soy un luchador. Lucho en la pista cada punto e intento que los aficionados disfruten". Su privilegiada zurda, su gran movilidad lateral y hacia la red y sus capacidades físicas le permiten seguir soñando en la Gran Manzana (ya está en tercera ronda). La nube de 10 victorias consecutivas en la que se encuentra inmerso podría tener como siguiente estación a Diego Schwartzman, un jugador paradigma de los valores que predica Alex. Qué mejor prueba para un tipo que sabe mejor que nadie lo que es sobrevivir.

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