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Carreño escribe una página para la historia y se cuelga el bronce en Tokio

Pablo firma el partido más increíble de su carrera y le da a España una medalla de bronce. Una oda al tenis en la que se vivieron todas las emociones imaginables.

Pablo Carreño celebra. Fuente: Getty

Pablo Carreño consiguió emocionar a toda España tras conseguir una medalla de bronce gestada en un épico duelo. Tras no poder cerrar el duelo en el tie-break del segundo set, el español mantuvo la compostura mental ante el número uno del mundo, necesitó de cinco pelotas de partido pero finalmente aseguró el metal en lo que fue, probablemente, el partido más emocionante y especial de toda su carrera deportiva. Un 6-4, 6-7(6) y 6-3 que le permitirá colgarse la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.

Primer set

Una de las mayores incógnitas del encuentro radicaba en el inicio del mismo: ver qué versión mostraba Djokovic, tanto en el plano tenístico como en el plano físico y de gestualidad. Sus sensaciones en el segundo y tercer set ante Alexander Zverev indicaban que la acumulación de partidos y el torbellino de emociones que suponen los Juegos Olímpicos para él podían empezar a hacer mella, y el primer set fue otra demostración de que, en efecto, el serbio mostraba una versión apagada, llana, absolutamente terrenal.

Sin embargo, el inicio de Nole no fue para nada malo. Consiguió generar hasta tres oportunidades de break, todas salvadas de forma brillante por Carreño. A partir de ahí, el descalabro máximo: Novak entregó el saque en blanco, volviendo a dejar puntos con extraños saques y volea. Al otro lado de la red, el tenista español mandaba un mensaje muy claro: no iba, ni mucho menos, a entregar el partido en bandeja de plata. Si Novak quería el bronce, debía estar preparado para sufrir hasta el final.

El órdago que mandaba el gijonés no solo era físico: también tenístico. Pablo veía claramente el cansancio acumulado en las piernas del de Belgrado, y acompañaba su mayor ritmo e intensidad con muchas variaciones en sus tiros desde el fondo de la pista. Presionando y ganando pista con la derecha, lanzando el paralelo de revés para que Djokovic sufriese en los apoyos y, sobre todo, cediendo muy poco terreno y cometiendo muy pocos errores no forzados.

Si acompañamos a estos ingredientes una paupérrima actuación al saque de Djokovic, que no superó el 40% de primeros saques dentro de la pista (el cambio en su nivel al servicio desde el día de ayer ha sido, cuanto menos, drástico), el set solo podía decantarse en dirección española. Un 6-4 cimentado en la efectividad en los momentos decisivos (salvó las cinco bolas de break que afrontó) y, sobre todo, en la capacidad de no dejar que un Djokovic ya de por sí incómodo entrase en el partido y tomase el control desde la línea de fondo.

Segundo set

Algo tenía que cambiar en el tenis de Djokovic si el serbio no quería marcharse a casa sin ningún metal. Era evidente que ni el físico ni probablemente el foco mental estuviesen puestos, al 100%, en el Ariake Tennis Coloseum. Sin la posibilidad de sumar un oro olímpico, la elusiva pieza que falta a un palmarés legendario, la motivación de entregar una medalla (si bien es de un color que ya conoce, que conquistó en 2008) a su país sería lo único que mantendría la llama de Novak. Ahora se trataba de sobrevivir.

Y, para hacerlo, la clave era aumentar sus porcentajes al saque. Nole se dejó de extraños saques y volea y volvió a valorar la precisión por encima de la potencia, eligiendo bien sobre qué sitios sacar para luego poner presión desde el golpe inmediatamente posterior. Esta vez, Djokovic atacaba con mayor sentido, tratando cerrar los puntos en no más de cinco golpes, repartiendo juego con su derecha.

Pero Pablo Carreño no iba ni mucho menos a descentrarse por esta circunstancia. El gijonés también sabía qué hacer con su servicio, explotando el saque con kick al revés del serbio para luego cerrar los puntos con su derecha invertida, una fórmula que explotó en los momentos importantes del encuentro ante la desesperación de Novak. No solo eso: cuando los puntos se alargaban y se iban al terreno del desgaste, Carreño seguía mostrándose superior, dando alguna que otra exhibición defensiva que dejó jadeando a Nole.

La lucha de poder a poder en la que se había convertido el segundo set se intensificó cuando Djokovic dispuso de un 5-4 y 0-30 a su favor. Fue ahí cuando emergió el Pablo Carreño más gigante que, me atrevería a decir, jamás hayamos visto. En un punto tejido con precisión a través del revés de Nole, Pablo, absolutamente al límite, firmó una derecha cortada defensiva endiablada que cambió por completo las tornas y le permitió cerrar a posteriori con un revés paralelo; a continuación, dos puntos al saque y un golpe ganador de derecha para alargar el segundo set. Otro golpe psicológico a la coraza de un Djokovic que se quedaba sin margen.

El tie-break que definiría el segundo set no se quedaría ni mucho menos atrás. Empezó Carreño titubeante, cediendo una ventaja de 4-1 tras varios fallos que mostraban los nervios al verse tan cerca de la línea de meta. Se liberaría el gijonés, que igualaría la muerte súbita y las sensaciones hasta colocarse con bola de partido. Djokovic, entonces, sacó su espíritu de número uno: salvó ese match point con un ace, firmó otra derecha ganadora para colocarse con bola de set y acabaría cerrando un set casi maratoniano, en el que el puro instinto de supervivencia acabó por salvarlo.

Tercer set

El inicio del parcial decisivo puso varias cosas en relieve. Número uno, que Pablo Carreño no se había ido mentalmente del duelo a pesar del mazazo tan descomunal que supuso ceder una bola de partido. El gijonés salvó una comprometida bola de rotura en su primer turno de saque y eso le dio alas a nivel mental: poco a poco volvió a mostrar el nivel del primer set, especialmente repitiendo como un martillo pilón la jugada que tantos dividendos le dio, el saque abierto y la derecha paralela para cerrar el punto.

Y Djokovic, mientras tanto, seguía dando muestras de que la gasolina no estaba ni mucho menos llena. Pronto, Novak también desataría la caja de Pandora. Y no, no nos referimos a algo precisamente positivo: el serbio descargó toda su frustración poco después de ceder el saque y ver cómo Carreño se colocaba con una ventaja de 3-0. Primero, un lanzamiento de raqueta a la grada que, inexplicablemente, el juez de silla decidió no castigar con un warning; segundo, con una rotura de raqueta frente a la red que le sirvió para liberar tensión.

Pablo miraba atónito al juez de silla, sin encontrar explicación a que estas dos acciones no supusieran la penalización de un punto en contra de Nole. Eso ni mucho menos alejó el foco del verdadero objetivo: la medalla de bronce. Es más: conforme corría el reloj, Pablo parecía encontrar el punto dulce más y más. La derecha le corría una barbaridad y cada punto largo era un suplicio para el serbio, que no encontraba la manera de romper la fortaleza del gijonés.

Y llegó el último juego, el juego en el que tocaba cerrar el partido. La entereza y la fortaleza mental de dos auténticos titanes tenísticos salió a la superficie en un juego absolutamente infernal. Carreño dispuso de cuatro bolas de partido en este juego: tres de ellas fueron salvadas con golpes ganadores por parte de Djokovic, dos de ellas con dos reveses paralelos absolutamente estratosféricos que no hicieron temblar a Pablo. A base de saques directos y sin perder la concentración, Pablo creó y creó oportunidades hasta poder cerrar el encuentro (6-4, 6-7(6), 6-3).

La derecha fallida por Novak puso el broche de oro a un duelo absolutamente épico, un partido que simboliza todo lo que es Pablo Carreño: un jugador que explora sus fronteras año tras año, que ha hecho de la consistencia y solidez bandera pero que ha ido incorporando variantes a su juego para elevar su nivel hasta un techo que pocos hubieran podido imaginar. Hoy ganó con todas las de la ley a un Djokovic cansado, a veces frustrado, pero que tras el mayor mazazo de toda la temporada peleó como un jabato para buscar un bronce que ya tiene en su colección. Una verdadera oda al tenis en una mañana que Pablo Carreño nunca podrá olvidar, un partido épico que perdurará en la memoria de todos los españoles por mucho tiempo. Que viva el tenis y un histórico Carreño.