Los sueños se realizan cuando uno mantiene el compromiso con ellos, sino pregúntenle a Carlos Alcaraz, quien pudo cumplir uno de los tantos que venía imaginando desde pequeño dado que se consagró campeón del ATP 250 de Umag al derrotar a Richard Gasquet por 6-2 y 6-2 en una hora y 16 minutos de juego. En efecto, se convirtió en el primer jugador nacido en 2003 en ganar un evento de esta magnitud y, desde este lunes, será el nuevo 54° del ranking internacional. ¡Y sólo tiene 18 años!
Se trataba de la experiencia contra la primera vez. El hombre de mil batallas con el que aspira a semejante trayectoria (o mucho más). Quien parece que se encuentra en la recta descendiente y final de su carrera al que no para de crecer y va para arriba con la velocidad de un coche de F1. Más allá de todos esos condimentos, el ritmo del partido lo manejó uno de los tenistas jóvenes más prometedores del circuito. Desde sus cambios de direcciones (utilizó el revés paralelo para salir de la tónica habitual del encuentro) a la aceleración tanto de drive como de revés. De su derecha invertida a las variantes de saque y red. Un repertorio digno de un gran campeón, que no mostró flaqueza alguna a lo largo del encuentro.
Si bien Gasquet intentó dominar al comienzo a partir de la sutileza que sale desde su revés a una mano y con algunos dropshots, el murciano no dejó margen de maniobra. Tanto es así que estuvo perfecto con su servicio en el primer set (71% de puntos ganados con el 1° y 75% con el 2° saque) y aprovechó algunos baches del francés (errores no forzados en momentos decisivos) para quebrarle en el tercer y en el séptimo juego. Un relojito que funcionó a la perfección.
Además, Alcaraz nunca dio la sensación de estar disputando la primera definición ATP de su vida. De hecho, aquel que no conozca mucho de este deporte podría haber pensado lo contrario si debutaba en una sintonización. En consecuencia, no bajó el pie del acelerador, siguió martillando a diestra y siniestra con la derecha, le pegó a todo lo que pasaba la red y, así, terminó de encaminar el cotejo hacia su favor. Casi que no pasó sobresaltos, salvo los tres break points que levantó en el 4-1 del segundo parcial. Una doble falta en el tercer game del justamente segundo set y un error no forzado de revés en el quinto fue suficiente para sellar una victoria que no olvidará jamás.
¿DÓNDE ESTÁ SU TECHO?
Parece imposible saberlo: tiene el potencial para moverse con soltura tanto en tierra batida como en pistas rápidas (tanto en dura como en hierba). Lógicamente, aún debe continuar su trabajo -junto a Juan Carlos Ferrero y equipo- para pulir ciertos errores y deberá aprender semana a semana de la experiencia recogida en cada certamen al que asista. Asimismo, habrá que evitar caer en comparaciones odiosas con Rafael Nadal. Cada uno es diferente y Alcaraz busca -con serenidad y una madurez impropia de su edad- escribir su propio camino en el tenis.

