Sir Andy Murray vuelve a Wimbledon y esa es ante todo la mejor noticia que podría recibir el tenis mundial y en especial el británico. El doble campeón del torneo no tiene la más mínima intención de que sea un Wimbledon de despedida, quiere aferrarse como sea a la opción de seguir porque el tenis lo es todo para él. En una interesante entrevista con el medio argentino La Nación, Murray cuenta muchos entresijos de su calvario con la cadera, su tremenda implicación con el tenis, que es el motor de su lucha y grandes experiencias que ha querido recordar.
Sus recurrentes problemas de cadera desde hace muchos años apenas le han podido dejar jugar al tenis de manera profesional. Incluso apenas le han podido dejar vivir de manera realmente digna. "Han sido un último par de años realmente complicados", admite el de Dunblane. "Llegó un momento en el que no era ni capaz de poder ponerme los zapatos por el terrible dolor que sentía en la cadera. En esa época pasaba por mi mente la retirada", comenta Murray que tras ceder con Bautista en el Australian Open de 2019 veía su continuidad en el tenis verdaderamente muy negra. "El tenis ha constituido toda mi vida en esencia y todo indicaba a que iba a tener que renunciar a él. No sabía lo que estaba por venir. Haber podido volver a las pistas ahora es algo fantástico. Me esforcé muchísimo, toda la rehabilitación y el entrenamiento que hice para sentirme físicamente bien de nuevo. Muchas veces pensé que no volvería nunca más a jugar", reconoce Andy.
Las similitudes con la carrera y sobre todo la lucha contra las lesiones de Juan Martín del Potro son evidentes. "El amor por el tenis es lo que hace que saques fuerzas de donde no hay. Esa ha sido mi motivación siempre, no querer rendirme nunca. No sé exactamente lo que ha pasado Delpo, pero sí que se que su lucha y su determinación para superar sus problemas de muñeca vienen por su amor al tenis", considera Murray. El escocés no está en este Wimbledon de despedida, quiere huir de todo ese ambiente pesimista, fiel a su carácter guerrero e inconformista, aspira a continuar todo lo que pueda en el circuito. "No quiero que sea mi último Wimbledon, ese no es plan. No es mi intención estar con la sensación de que me estoy despidiendo, yo quiero seguir jugando", confiesa Andy Murray, que debutará este lunes ante Nikoloz Basilashvili en el tercer turno de la Central. Lejos parecen ya sus gestas de 2013 y 2016, especialmente la primera con la que rompía una sequía de 77 años sin un campeón masculino británico en la Catedral.
"Ganar Wimbledon fue tremendamente surrealista. Es para lo que había trabajado toda mi vida. Me sentí raro cuando alcancé ese sueño. Me cuesta acordarme de cómo fue el partido, me quedé muy aturdido tras ganarlo. Los días siguientes fueron para asimilarlo todo. Disfruté más de la victoria de 2016 porque pude evaluar con más claridad lo que estaba consiguiendo", dice el campeón de tres Grand Slam.
Batallas épicas con Del Potro
Le han recordado al ex número uno del mundo grandes batallas del pasado que aún se permanecen en la memoria, como aquellas con Del Potro en los Juegos Olímpicos o en la Copa Davis. "Esos dos partidos fueron extenuantes. El de los Juegos se fue a más de 4 horas y el otro incluso más de 5. En Río había mucha gente apoyando a Delpo pero yo tenía una férrea intención de revalidar la medalla de oro que había ganado en Londres. En el de la Copa Davis en Glasglow era yo el que tenía mucha gente detrás de mí. En cambio él jugó mejor en aquella ocasión. Se le veía bastante motivado tras lo que pasó en los Juegos Olímpicos", rememora Sir Andy.
También se le ha preguntado por su vínculo español y es que estuvo en la Academia Sánchez-Casal de Barcelona durante su adolescencia para mejorar sus prestaciones en arcilla. "Me encantaría poder aprender español. De cuando vivía en Barcelona aprendí algo pero entendía más que hablaba, ahora está bastante oxidado. Y ahora no dispongo de tiempo entre el tenis y cuatro hijos. Aunque mi idea es mejorar mi español cuando cuelgue la raqueta", asegura Murray.

