Grigor Dimitrov es el actual 17 del mundo. De hecho, llegó a ubicarse en el puesto 3 del ranking, levantó el Masters en 2017 (su única participación), sumó otros siete títulos más y ha alcanzado tres semifinales en diversos Grand Slam y en dos Masters 1000 sobre polvo de ladrillo. Sin embargo, Rafael Nadal hizo que nada de eso pesara en la cancha: lo redujo a la mínima expresión, lo llevó a cometer un sinfín de errores no forzados y lo batió por un doble 6-1 en apenas 56 minutos de juego en los octavos de final del Masters 1000 de Montecarlo.
El español demostró que está mejor que nunca. Que el parón de casi dos meses desde su expedición en tierras australianas le calzó de maravilla para recuperarse de la espalda y para prepararse una manera óptima con vistas a su gira preferida: la arcilla europea. Y, en ese sentido, sigue combatiendo a capa y a espada con la edad, el físico y todo lo que se le ponga en el camino. De hecho, frente al búlgaro volvió a relucir su mejor versión y hasta subió el listón del triunfo ante Federico Delbonis en su debut.
A partir de una contundencia con el servicio fue desestabilizando a su rival poco a poco, quien se vio obligado a forzar de más con su drive y, en la mayoría de los casos, esos tiros terminaron fuera de los límites permitidos de la pista. No encontró soluciones. A su vez, cometió cinco dobles faltas y el servicio no lo ayudó a ganar puntos gratis ni a generar ventajas desde el saque. Y si a eso se le agrega que sólo consiguió molestarlo en contadas ocasiones al momento de la devolución, ese cóctel se tornó explosivo. Tanto es así que en el 3-0 del segundo parcial destrozó una raqueta en señal de impotencia. De saber que nada podía hacer contra un adversario que no le permitía en ningún momento meterse en partido.
Nadal dejó las marcas claras de que el campeón está más presente que nunca. Que tiene la ambición de seguir cosechando trofeos para sus vitrinas y que en Montecarlo intentará alzar su 12° éxito en el Principado, el número 36 en la categoría de Masters 1000 y el 87° de toda su carrera. Y sin Novak Djokovic, eliminado ante Daniel Evans, en el panorama, todo parece destinado a su merced.

