Pocas sorpresas debe ir produciendo el tenis de Jessica Pegula, o cuanto menos sus resultados. Una de las mejores tenistas de los últimos meses, la estadounidense se está colando, poco a poco, entre la élite de un circuito cada vez más versátil, mejorando su capacidad para el contraste en comparación con otras épocas más recientes en las que el perfil habitual era, a su vez, casi el único existente. Por eso toca hablar de quien está haciendo por cambiar el espectro.
Sin embargo, y antes de acercarnos a su tenis, su técnica y su forma de entender el juego, es también destacable la historia que guarda detrás, aunque suene más anécdotica. En una época donde multitud de jugadoras pueden tener problemas para financiarse, la historia de Pegula, a sus 27 años y después de ganar su primer título en 2019, es la de una chica con la vida resuelta.
Sus padres son dueños de los equipos de NFL y NHL de la ciudad de Buffalo, derrotando a Bon Jovi o Donald Trump en la puja que existió al comprar el equipo de la liga de fútbol americano. Es difícil cuantificar la fortuna familiar que heredará, situándose por la prensa estadounidense en 5.000 millones de dólares. Para el caso, dicho esto, el tenis de Pegula, vida acomodada al margen, tiene mucho contenido.
Siguiendo la estela de Ashleigh Barty, Jessica Pegula ejecuta un tenis muy enfocado en el plano vertical, de atrás hacia adelante, y no de lado a lado. Con un timing de golpeo fantástico, necesario para ganarle el tiempo a sus rivales que no puede lograr con su movilidad, algo estática y lenta para su mediana estatura, Pegula es una jugadora de mano: golpes de preparación corta, muchas subidas a la red tras cada golpe paralelo y voleas e intuiciones en la red absolutamente fantásticas.
Así, no vive de la potencia, sino de la anticipación y las jugadas de apoximación, contrapiés y ángulos, y a la espera de mejorar su movilidad y su servicio, débil con el segundo, sus virtudes destacan por diferentes y bien ejecutadas. Su partido ante Pliskova, un compendio de muy buenas jugadas y de una gran mano.
Temporada 2021, su año de explosión
De explosión tardía, los cuartos de final del Australian, ganando el primer set a Jennifer Brady, ascendiendo hasta el número 44 mundial, que se quedará atrás dependiendo de lo lejos que llegue en Doha -semifinales hoy ante Petra Kvitova-, sirven de pistoletazo de una jugadora que ya había dado muestras de crecimiento en 2019 y 2020, y que se refrendan con otro gran resultado, quien sabe si aún mejor, en un gran torneo como Doha. Una gran jugadora, con grandes resultados.

