Leylah Annie Fernández, la canadiense prodigio que quiere volver con más fuerza
El coronavirus ha cortado el fulgurante ascenso de una de las sensaciones de la temporada, que se sincera sobre sus inicios y convivir con sus ídolas
Hace ya unas semanas, podría decirse que nació una estrella. Fue en Acapulco. Al mismo tiempo que Nadal conquistaba su enésimo título en la categoría masculina, el torneo WTA encumbró la ascensión de una joven de 17 años que había dominado el circuito con mano férrea. Su nombre era Leylah Annie Fernández y se quedó a un paso de conquistar su primer título profesional.
Para ella lo de quemar etapas es relativo. Ni un año se había cumplido desde que la candiense conquistase Roland Garros junior y ya se estaba clasificando para jugar los majors con "las mayores". En Australia, fuera del top-200 aún, Leylah pasó la previa tras tres partidos durísimos y realizó su primera participación en un Grand Slam. Cuando digo que lo de quemar etapas es totalmente relativo, lo digo en serio: pasar la qualy del Grand Slam se convirtió en el primer objetivo cumplido del año... y solo acababa de comenzar. Así lo confesó en una entrevista con la WTA: "Fue una experiencia inigualable. Me sentí feliz por haber conseguido jugar por méritos propios y no en base a una invitación. Fue un envión de confianza, clasificar a un Grand Slam era uno de mis objetivos del año. Estando ese objetivo ya cumplido, ahora pensamos en poder pasar un par de rondas en el próximo Grand Slam".
Personalidad, ambición y a la vez una muestra de madurez: Leylah quiere estar con las mejores por méritos propios. Es un pensamiento encomiable cuando hablamos de alguien que aún no ha cumplido, ni tan siquiera, la mayoría de edad. Pero la progresión parecía no tener límites: solo unas semanas después, la Copa Federación le vio conseguir su primera victoria ante una top-10... en solo su segundo partido ante ellas. Belinda Bencic fue la víctima. "Siempre he creído que al entrar a la pista puedo ganarle a una jugadora del top-100, del top-10 o del top-5. Solo intenté ayudar al equipo lo máximo posible. Conforme se jugaba el partido me sentía con más confianza, sin tener miedo de buscar mis golpes ganadores o atacar, y eso tuvo su recompensa. He visto a Bencic jugar en la tele muchas veces, de hecho ha sido una de mis modelos a seguir por la forma en la que juega, en la que trata de ser la que lleva la batuta en la pista. Eso intenté hacer contra ella y funcionó".
Ser capaz de superar a quienes fueron tus ídolos es una pauta que indica que hay madera de campeona. Ejemplos en la historia del tenis hay miles, y aquel día Leylah ni tan siquiera cedió un set jugando como visitante y en tierra batida ante toda una top-10. Pero lo que estaba por venir en este 2020 era aún más increíble. México iba a ser la plaza de la eclosión de Fernández, coincidiendo, además, con que la canadiense habla un poco de español. Curiosamente todo lo consiguió tras jugar la previa... a la que accedió con una invitación. Paradojas del destino. "Si te digo la verdad, pensaba que no iba a jugar en Acapulco. No estábamos seguras de si conseguiría la wildcard para la fase previa. Esperamos a tener noticias, nos llamaron y me puse muy contenta de que nos dijesen que sí. Guardamos todo y nos marchamos. Mi objetivo era tratar de mantener la dinámica positiva del partido ante Bencic en México y tratar de replicar ese nivel de tenis cada partido".
Y a buen seguro que lo hizo. Abriéndose hueco a través de la fase previa, las piezas del dominó fueron cayendo una a una. Mientras las cabezas de serie del torneo seguían cayendo, Nao Hibino o Potapova se veían indefensas ante la maestría de Leylah. Sin hacer ruido, a su primera final WTA, donde esperaba Heather Watson. Allí podríamos decir que la inexperiencia jugó una mala pasada, pero mentiríamos en cierto modo, ya que Leylah llegó a salvar nueve bolas de partido y forzar el tercer set tras ir set y break abajo antes de decir basta y ser derrotada. "No voy a mentir: fue uno de los partidos más duros que he jugado nunca. Traté de luchar a través de las emociones, olvidar lo que había a mi alrededor y que era mi primera final. Todo el entrenamiento mental, todo lo que he hecho cuando estaba en casa, todo eso se mostró a lo largo de todo el torneo. Ver a la gente disfrutar durante mi partido es una de las cosas por las que juego al tenis, mostrarles de lo que soy capaz".
Ahora, por desgracia, el coronavirus se ha metido de lleno en la fulgurante ascensión de Leylah. Para una chica de 17 años, esto quiere decir, sin embargo, que hay tiempo para hacer lo que cualquier otra adolescente de su edad haría. Entre otras cosas, conseguir su diploma del instituto y sacarse el carné de conducir. "He estado practicando con mis padres. Fue duro al principio, tenía miedo de estar enfrente del volante (risas). Ahora estoy más cómoda y es muy divertido pasar el tiempo con ellos de esta forma. Me faltan pocos meses para poder sacarme el carné, así que espero poder evaluarme pronto, antes de que todo empiece de nuevo".
Eso sí, antes de volver a casa, a Leylah le dio tiempo de cumplir otro sueño: conocer a Kim Clijsters durante el torneo de Monterrey, donde como premio ganó a Sloane Stephens. "Sinceramente fui demasiado tímida como para acercarme a hablar con ella (Clijsters). Es una leyenda. La primera vez que la vi en persona tenía los ojos como platos, no pude decir ni una palabra. Recuerdo verla jugar la final del torneo de Canadá. Siempre he querido entrenar o jugar con ella, de hecho quería que me tocase en primera ronda. Jugar contra ella sería un sueño hecho realidad".
Si sigue centrada dentro y fuera de la pista, no cabe dudas que algún día lo conseguirá. La talentosa zurda podría ser la próxima estrella de la factoría canadiense, y con los pies en la tierra, sus compatriotas ya le han enseñado que nada es imposible. Solo el tiempo dictará sentencia.