La ATP es la que pone en 'cuarentena' su credibilidad

La ATP vuelve a golpear su propia credibilidad, valorando más la importancia que tiene para ellos el actor que el daño causado por el acto cometido.

Nick Kyrgios. Foto: Getty
Nick Kyrgios. Foto: Getty

Nick Kyrgios y la ATP vienen disputando un partido en el que nadie quiere derrotar al otro. Mientras los aficionados y la prensa giran la cabeza a uno y otro lado de la red para ver como responde el adversario, llegamos a la conclusión de que ambos se necesitan. Así, seis semanas de deliberación después de los hechos (Cincinnati 2019), de un tiempo que resta demasiada credibilidad a la jerarquía del organismo rector, la ATP, como tantas otras veces hizo Nick, ha vuelto a cometer 'tanking' desde los despachos.

La Asociación de Tenistas Profesionales ha insistido en velar, únicamente, por sus propios intereses, entre los que figura el propio Kyrgios como actor relevante y productivo, una elección que deja en mal lugar su papel como intermediador de todos los actores. Así, no sólo no ha respetado la integridad de uno de sus trabajadores, Fergus Murphy, a quien se le llegó a tachar de "puta herramienta" y ser escupido, sino tampoco ha valorado su propia integridad: una cuarentena condicionada es la repetida respuesta que ha dado la ATP tras ser tachada de "corrupta" por Nicholas Kyrgios.

Como ya pasó en 2016, cuando el australiano ofreció en Shanghai una sucesión de actos y actitudes que llevaron a la ATP a suspenderlo durante dos meses, con plazos que llevarían a Nick a reaparecer en el Open de Australia, ya es casualidad, y siempre sancionando con periodos de ausencia cuando la temporada ya no tiene Grand Slams que disputar, el organismo se ha curado para dejar claro, entre líneas, pues de manera velada no puede, por motivos obvios, que Kyrgios es demasiada carne en el asador como para prescindir de él. La ATP intenta transmitir una actitud de poder a través de una función y sanción pedagógicas que nunca funcionaron, y que llega de forma y en tiempo más que dudosos.

Un año antes de aquel Masters 1000 de Shanghai, también en el mismo lugar, Nick Kyrgios, allá por octubre de 2015, fue multado por actitudes que por norma y acuerdo acarrearían justo la cantidad de dinero por la que se dictó otra de esas cuarentenas. Y la ATP no quiso activar la sanción efectiva que le hubiera apartado de las pistas. Cuando Nick profirió aquellas palabras ofensivas hacia Stan Wawrinka y su novia, Donna Vekic, la ATP condicionó su libertad a no cometer más infracciones durante los siguientes meses. Y Kyrgios cometió diferentes actos en Shanghai 2015 que hubieran acarreado multas por el montante que activaba dicha sanción, pero todo quedó en nada. La cuarentena no se cumplió.

Ahora, y después de ser expulsado del Masters 1000 de Roma por lanzar una silla a la pista, y seguramente en el acto más irresponsable que se le recuerda al australiano, seis semanas después, pudiendo jugar el US Open y la Laver Cup, y horas después de que Kyrgios anunciara que no jugaría la gira asiática por lesión, la ATP decide hacer pública una cuarentena similar, condicionada de nuevo a ver a un psicólogo y no cometer más actos de indisciplina. Es decir, Kyrgios va a poder seguir compitiendo, y ahora le toca conectar a él el siguiente tiro: no cometer ningún acto de indisciplina ni abuso verbal hasta finales de marzo.

Si ni siquiera con un ataque directo hacia la propia ATP se sanciona con firmeza, sin ningún efecto cautelar, no queda más que desconfiar del verdadero papel de una ATP que, una vez más, transmite al exterior el mensaje de que el grifo no se cierra, que uno de los grandes reclamos de un tenis necesitado de atención y futuro sigue a salvo de las suspensiones, no vaya a ser que quien invierte cientos de millones de dólares, se quede sin aval ni audiencia. Como en toda gran corporación que es parte de un mercado con múltiples intereses, la ATP no ha valorado el daño causado, el acto en sí, sino el actor que podía quedarse sin minutos en pantalla. Y Kyrgios es una indudable estrella de este negocio, el villano de toda película.

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