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La confesión más íntima de Petra Kvitova

La jugadora checa explica cada detalle de la agresión que sufrió hace tres años en su casa. “Ahora mismo no confío en la gente, no confío en los hombres”.

Ha pasado ya mucho tiempo desde que Petra Kvitova viviera en su propia casa una de las experiencias más terroríficas que se recuerdan en el mundo del tenis. Un asalto a mano armada que puso en peligro algo más que su carrera. Sin embargo, la sensación era que el tema siempre se había tratado con la máxima discreción, sin contar más de la cuenta. Pues bien, ha tenido que llegar The Guardian para romper todos los tabús y extraerle a la jugadora checa cada emoción, sobre todo las de dolor, acerca de lo que sucedió aquel mes de diciembre de 2016. No se pierdan ni una sola línea porque estamos antes una de las entrevistas del año sin ningún tipo de duda.

“Tuve mucha suerte. Tuve la mayor de las suertes en una situación muy desafortunada. Para ser honesta, podría haber estado en el cementerio […] En el cementerio, sí, perfectamente”. Con estas palabras arranca la charla entre Petra Kvitova y el periodista, demostrando desde el minuto uno que está dispuesta a afrontar la entrevista desde el alma.

“Lo recuerdo todo. El agresor entró al departamento haciéndose pasar por fontanero y me pidió que abriera el grifo. Ahí aprovechó para sacar un cuchillo de 10 pulgadas y me lo puso en el cuello. Agarré el cuchillo con ambas manos, sujeté la hoja con la mano izquierda y logré arrebatárselo, pero cada dedo de mi mano fue lacerado, y los nervios de mi pulgar y el dedo índice fueron cortados. Entonces caí al suelo, intenté alcanzar mi teléfono móvil pero él lo apartó. Había sangre por todas partes y el intruso no parecía querer irse. Empecé a hablar con él, unos cinco o diez minutos, él sabía que iría a la policía, así que podría haberme matado. Le ofrecí dinero, pero me dijo que necesitaba tiempo para pensar, pero era yo quien no tenía tiempo, necesitaba ir al hospital. Al final cogió el dinero y se fue. Seguramente, de haber tenido tiempo para pensar, me hubiera matado”.

El relato es escalofriante, reflejando con crudeza lo mucho que te puede cambiar tu existencia por el simple hecho de abrirle la puerta a un extraño. “Aquello me ha cambiado la vida, seguro, de buena y de mala manera. A veces, cuando estás de gira durante tantos años, corres el riesgo de llegar a sentirte plana o desmotivada, sin dirección. Durante el tiempo que estuve fuera tras la operación, aproveché para sentarme en el sofá y ver jugar a las otras chicas, pero no pude. Simplemente me di cuenta que no podía mirar”, afirma la de Bilovec.

Pero aquel desgraciado suceso no solo tuvo repercusiones en lo deportivo, sino que las más importantes fueron en lo persona. En ocasiones, una mezcla de ambas. “Siempre pesé que volvería a jugar […] Bueno, en realidad tuve un momento, un breve pensamiento en el que pensé que no lo haría. Todavía estaba viva, eso era lo más importante, así que habría que ir pensando en hacer otra cosa. Empecé a estudiar comunicaciones en la universidad, quería tener una opción B en el caso de que no pudiera volver a jugar”, subraya la checa, a quien le cambió por completo su personalidad. “Luego lo pasé mal, no confiaba en nadie, no sabía por dónde empezar. Ahora mismo no confío en la gente, no confío en los hombres, posiblemente sea la razón por la que estoy soltera”, admite entre el llanto y una tímida carcajada. “Solo confío en las personas que conozco desde hace mucho tiempo, pero no en las que conozco de hace poco. Ni siquiera puedo ir en un taxi sola con un hombre, por la ciudad a veces noto que voy corriendo. En ocasiones, siento ese enorme temor de que alguien está a mi espalda, es difícil de superar”.

Durante el pasado mes de marzo, la noticia del encarcelamiento de Radim Zondra sirvió para dar un paso adelante. “Siempre quise que estuviera en la cárcel, para mí es algo bueno que le hayan condenado, me facilita mucho las cosas a nivel mental. El peor momento para mí fue cuando tuve que ir al juicio y presentar las pruebas, lo hice en una sala aparte de los tribunales para evitar verle. Después de aquello me sentí mucho mejor, pero presentar pruebas fue aterrador, no me gustaría que pasara nadie por esa situación. Cuando hablo de todo esto me ayuda a pensar que lo he superado, me recuerda que debería estar orgullosa de mí misma”, manifiesta la ex número 2 mundial.

En la búsqueda de ayuda durante estos últimos años, el destino reunió a Kvitova con la mujer que mejor podía comprenderla: Monica Seles. “He hablado con ella, es la verdad. Ella me invitó a una fiesta privada el año pasado en Wimbledon. Nunca nos habíamos conocido, rápidamente nos dijimos cuántos nos admirábamos por los acontecimientos que ambas habíamos superado. Por primera vez, vi los ojos de alguien que había estado en la misma situación que yo, alguien que me entendía. A ella le ocurrió en la misma pista, a mí en mi apartamento. La diferencia es que ella después de aquello todavía ganó un Grand Slam”, sonríe Petra dejando caer que todavía le quedan objetivos por cumplir en el tenis.

Han pasado tres años, pero Kvitova sabe que aquella noche su vida cambió para siempre. La clave es que el cambio sea siempre a mejor. “En años anteriores, antes de suceder el accidente, estaba muy estresada, ahora siento que vivo más relajada. He aprendido a apreciar mejor las cosas pequeñas, como el buen clima, por ejemplo. O estar más tiempo con mi familia y mis amigos. Si hay un problema grave, por supuesto que me importa, pero si es una cosa pequeña y estúpida, entonces me da igual, sea lo que sea. Aprendí mucho de mí misma durante ese tiempo. Siempre supe que era una luchadora en la cancha, lo que no sabía era que también era una luchadora fuera de ella. Emocionalmente, me refiero. Ahora mismo siento una fuerza que jamás había tenido”.