Breadcrumb
Federer desvela que estuvo a punto de retirarse en 1999
El suizo explica los notables problemas de autoestima y confianza que atravesó en la década de los 90, llegando a replantearse su carrera.
Solamente pensar que todo podía haberse truncado dan escalofríos. Todo aficionado al tenis ha disfrutado del juego de Roger Federer pero todo ello ha sido no solo gracias a un enorme talento y capacidad de trabajo y sacrificio del suizo, sino también a ciertas dosis de fortuna y a una notable perseverencia de un hombre bien aconsejado en su entorno. Que los mitos se humanicen es una de las cosas más bonitas que pueden ocurrir y el de Basilea ha reconocido haber pasado por una etapa tremendamente compleja en su vida, y que a punto estuvo de privarnos de muchas horas de disfrute con su tenis.
Todos sabemos ya a estas alturas, que la irrupción de Roger en la élite del circuito ATP fue progresiva y mucho más lenta que la de jugadores como Nadal o Djokovic. Tanto es así, que a lso 17 años, el helvético vagaba fuera del top-300 y buscaba soluciones a sus problemas de consistencia. Entre finales de 1998 e inicios de 1999 dio un salto cualitativo al consolidarse en el top-150 pero tardó más de cuatro meses en lograr el ansiado objetivo de meterse entre los 100 mejores del mundo.
"Tuve dos etapas muy malas. La primera fue con 14 años, cuando me desplacé a Lausana para entrenar. Lloraba mucho, estar lejos de mi entorno, tener que estar siempre viajando, con responsabilidades... me agobiana mucho", comenta en Tennisactu, antes de abordar su siguiente y más importante crisis existencial. "Fue en 1999. Llevaba un tiempo estancado en torno al 120 del mundo y sentía que, simplemente, no era lo suficientemente bueno como para dar el salto al top-100. Fue muy difícil verme sin argumentos para seguir progresando", aseveró el suizo.
Repasando su progresión en el ranking ATP, huelga señalar que la irrupción de Federer en este selecto grupo se produjo el 20 de septiembre de 1999, y había entrado entre los 200 mejores a inicios de año, en septiembre. Fue una temporada de altibajos, en la que después de poder vencer a tenistas de nivel Guillaume Raoux o Davide Sanguinetti, Roger encadenó una muy mala racha en la que encontraría consuelo, precisamente, en el torneo de su ciudad natal, donde ganó dos partidos y dio buena imagen ante Tim Henman, aunque el resultado rompedor que le permitiría terminar el año como 64 del mundo fueron las semifinales en Viena, tras imponerse a tenistas como Spadea, Novak o Kucera. Terminaría el año ganando el Challenger de Brest, a Max Mirnyi en la final.
"Siempre hay momentos en la carrera de un jugador donde si no se es fuerte mentalmente todo se puede acabar. Sacrificas muchas cosas de joven para ser tenista, son muchos viajes, mucha exigencia... y todos hemos pasado por situaciones en las que daban ganas de dejarlo todo. Hubo un día que colgué mi raqueta y me decidí a abandonar pero al día siguiente estaba dispuesto a trabajar duro y cambiar cosas para rendir al máximo nivel. Los resultados no fueron inmediatos pero cualquier victoria hace que merezca la pena todo el esfuerzo invertido", comenta en Express.co. en una demostración de sinceridad y humildad. Roger Federer en estado puro.