Todo suceso puede evaluarse de manera muy distinta en función del punto de vista desde el que se analiza. Mientras para unos la impresionante igualdad en el circuito WTA, que viene siendo protagonista desde hace años pero que en las dos últimas temporadas ha alcanzado un estatus superior (ocho ganadoras de Grand Slam diferentes y alternancia de números 1), es vista como una fortaleza del nivel general, muchos otros lo consideran un signo de debilidad de las mejores, incapaces de imponer su presumible mayor calidad a lo largo de la temporada.
El tenis femenino no debe ser comparado con el contexto del circuito ATP presente en los últimos lustros; el ojo poco avezado puede considerar un insulto a la solidez y consistencia que exista una alternancia tan notable en la élite entre las mujeres, cuando en el circuito masculino hay hombres que llevan dominando con puño de hierro durante más de diez años. Históricamente, en el tenis femenino ha habido imperios casi tan despóticos como los implantados por el triunvirato de Nadal, Federer y Djokovic; Steffi Graf o Serena Williams han sido grandes dominadoras pero ahora las alternativas se multiplican y hacer predicciones resulta imposible. ¿Por qué? Algunos entrenadores de jugadoras de élite dan su versión de lo que ocurre.
"Hace seis o siete años era inconcebible ver a una de las mejores perdiendo antes de los cuartos de final. Se ha producido un aterrizaje en la élite de jóvenes muy talentosas y que trabajan mucho, consiguiendo desplazar a tenistas de referencia antaño como Azarenka", señala Dieter Kindlman, entrenador de Elise Mertens, en la web oficial de la WTA. Existe un argumento poderoso que puede explicar la "democratización" del tenis en la élite, tal y como explica Michael Joyce, entrenador de Johanna Konta. "Los premios en metálico han aumentado y todas tienen la capacidad económica y la sabiduría para entender que han de cuidar hasta el mínimo detalle y tener mucha gente de nivel en su entorno, como fisios, dietistas y hasta psicólogos", reconoce.
Y es que no hay diferencias entre el staff técnico de una top-10 y una tenista clasificadas entre el puesto 40 y 50 del mundo, lo cual equilibra todo mucho y ayuda a generar esta situación de constante inquietud entre las favoritas. "Se juega mucho más profundo y potente ahora, por lo que el trabajo físico es vital para poder contrarrestar ese tipo de golpes. Estamos en la era de los contragolpes ya que además el 70% del año se juega en pista dura", declara Nigel Sears, ex-entrenador de Ana Ivanovic y actual de Anett Kontaveit.
Los datos hablan por sí solos. Entre las segunda clasificada y la duodécima del ranking WTA, hay poco más de 2.000 puntos de diferencia mientras que en el circuito masculino, esta diferencia es del 7.500 puntos. Ha de percibirse como una gran noticia que todo se iguale ya que crece la emoción y en cualquier evento puede haber sorpresas. Las mejores del mundo no serán las que más talento y/o potencia ostenten, sino las que sean capaces de mantener su máximo nivel durante más tiempo. El tenis femenino está en un momento apasionante que merece la pena disfrutar.

