Quizá los más jóvenes del lugar no lo entiendan pero con los años, uno va evaluando lo que ve y teniendo claro qué es lo que quedará en su memoria para siempre. El US Open 2018 está dejando ese tipo de momentos en los que deleitarse pasados los años, esos que se mitifican cada vez que se piensa en ellos y se transmiten con pasión a otros, hasta convertirse en relatos míticos que pasan de generación en generación. Lo que puede conseguir Serena Williams si se alza con el título, adquirirá un estatus superior. Los conceptos de hito, hazaña, historia o leyenda quedarán cortos para expresar la grandeza de una mujer que juega alentada por el impulso del orgullo por ser mujer y por ser madre, y con el anhelo de poder convertirse en la más laureada de todos los tiempos.
Pero aún no lo ha conseguido. No es momento de valorar lo que podría ser sino lo que será. Y es que en la tarde neoyorquina del sábado, cualquier aficionados al tenis tiene una cita ineludible en el partido que enfrentará a la estadounidense con Naomi Osaka. La japonesa es una de esas jugadoras llamadas a dar un impulso al tenis femenino, no ya por su talento innato y potencial infinito, sino por esos intangibles que confieren a determinadas personas de un carisma especial. Pero, ¿tiene opciones reales la nipona de dar la gran sorpresa? ¿Qué detalles tácticos pueden marcar el devenir del encuentro? Lo analizamos en profundidad.
Serena Williams se enfrenta a uno de los partidos más importantes de toda su carrera profesional, y eso es mucho decir en una mujer de 36 años que ganó su primer Grand Slam en 1999. Pocas cosas pueden motivar más a la estadounidense que demostrar al mundo y a sí misma que se puede superar un embarazo complicado y lograr un triunfo al máximo nivel apenas un año después de haber dado a luz y haber sufrido importantes contratiempos. La menor de la saga se preocupa cada vez más por el legado que pueda dejar, y sentirse referente en el empoderamiento de la mujer inspirando a otras muchas a explorar sus límites tras ser madres, debe ser de las cosas más bonitas que pueden ocurrirle a una persona.
Por si eso fuera poco para un animal competitivo como Serena, en caso de vencer sumaría su 24º título de Grand Slam, igualando a una Margaret Court que se encuentra en las antípodas en cuanto a filosofía de vida. Un triunfo que estaría revestido, por tanto, de reivindicación social, feminista y en contra del racismo. Las sensaciones sobre la pista no pueden ser mejores. Pocas horas invertidas para llegar a la final, confianza a raudales tras liquidar sin piedad a todas las rivales y un único despiste ante Kaia Kanepi al que reaccionó con furia.
El ritmo de bola de Serena está siendo elevadísimo, prueba de ello es la manera de desbordar a Anastasija Sevastova en semifinales. Simplemente insultante y transmitiendo la sensación de que jugaba una adulta contra una niña. En la final tendrá que lidiar con los nervios inherentes a una cita de este calibre y procurar asumir la iniciativa en cada punto. Si comienza con mal pie y pierde un poco de confianza, bajar el pistón en cuanto a intensidad en sus golpes podría ser fatal ya que Osaka tiene armas más que suficientes como para hacer un juego agresivo y con margen. Si por algo se caracteriza la norteamericana es por tomar buena nota de las rivales que alguna vez logran vencerla, y la nipona lo ha hecho este mismo año.
Fue en la primera ronda del torneo de Miami, único precedente entre ambas. Naomi Osaka llegaba en plena rancha triunfal tras proclamarse campeona en Indian Wells y derrotó por 6-3 6-2 a una Serena aún falta de ritmo y con palpables dificultades para desplazarse con cierta velocidad. La japonesa está jugando a un nivel estratosférico y parece haber hallado la cuadratura del círculo, ese intangible que hace que todos los astros se alineen para que su brillante tenis fluya libre y sin ataduras.
Así ha ocurrido durante todo el torneo, donde ha ido despedazando a sus rivales como si de trapo se trataran. Solo sufrió ante Aryna Sabalenka, única rival que consiguió arrebatarle un set, y la madurez que desprendió para batir a Madison Keys con todo el público en contra, es su mejor aval para pensar que puede competir hasta el final y, por qué no, dar la campanada. Necesitará un notable acierto al servicio, que le permita ir cosechando puntos gratis y mantener el marcador igualado. Si sujeta la fiera indomable que es Serena en los primeros compases del partido, todo se puede equilibrar y el hecho de no tener nada que perder puede ser su mayor acicate para jugar agresiva.
El US Open 2018 busca ganadora y queda claro que, sea quien sea, se habrá ganado ese derecho a pulso. Se espera una pista Arthur Ashe abarrotada y con las emociones a flor de piel. El público neoyorquino quiere ver a su gran ídolo coronándose por séptima vez en Flushing Meadows. ¿Colofón a una historia hollywoodiense de superación personal o irrupción de un nuevo talento con un sorpasso mítico? ¿Serena Williams o Naomi Osaka? Esa es la cuestión, todo pende de un hilo.

