Transitaba Roger Federer por un largo pero cómodo camino hasta el momento por Flushing Meadows, hasta que en su camino se le apareció el australiano John Millman. Torcía el gesto el suizo cuando el australiano con apariencia de vikingo soltaba un come on acompañando su victoria. Todo indicaba que Federer accedería a cuartos de final sin perder un set pero Millman jugó un gran encuentro y no solo le ganó un set... le ganó el partido por 3-6, 7-5, 7-6 (7) y 7-6 (3) en tres horas y diez minutos de juego.
El australiano es uno de esos guerreros afanados en salir victoriosos de una eterna batalla por estar en el top 50. Ostenta un gran talento y se erige en un duro rival en Grand Slams, aunque no suele hacer acto de presencia con su mejor rendimiento en eventos ATP. El US Open parece haber ofrecido a Millman las condiciones necesarias para brillar, tras haber pasado unas eliminatorias muy exigente donde ha derrotado a jugadores de la talla de Mikhail Kukushkin o Fabio Fognini entre otros.
Salió dispuesto a todo desde el inicio, con un tenis directo e incisivo, buscando tomar la iniciativa y desplazar a un Federer carente de la chispa necesaria para imponer su talento. Esta estrategia puede salir a veces bien y otras veces mal, y está claro que al tenista aussi le salió mal al comienzo del partido, al ver como Roger se ponía con break arriba nada más comenzar, cogiendo una ventaja que sería inamovible y alcanzaría hasta el 6-3.

Pero Federer sabe que pronto tocará a su fín la etapa de divertir al público para jugar mucho más serio y efectivo. Precisamente esta cierta relajación ya le ha costado entregar un set ante Millman. Sacaba para cerrar el segundo set en el décimo juego, pero apareció el mejor Millman para no solo igualar el partido, sino también para romper una vez más el servicio del actual número dos del mundo e igualar el partido a un set.
El tenista helvético, lejos de reaccionar, siguió inmerso en una ola de inseguridades que le hizo cometer muchos errores no forzados. Hacía mucho tiempo que no veíamos a Federer cometer más de 70 errores no forzados y más de 10 dobles faltas. Millman pudo haber cerrado el encuentro mucho antes de lo que lo hizo, estando a muy pocos puntos de poner punto y final al partido en el cuarto parcial, cuando Roger estaba cometiendo errores típicos de un tenista no acostumbrado a jugar este tipo de partidos.
No fue más que un oasis en el juego de Federer, y un destello del aura ganadora que le debería seguir acompañando, ya que en el set definitivo el australiano volvió a ser mejor. Se hizo con el partido aprovechando las dudas de un desdibujado Roger Federer, que mucho habrá de meditar y entrenar para que el 2018 no acabe de la peor manera posible. Desde que consiguiese ganar en Stuttgart, las cosas no le están yendo bien al ex número uno del mundo, que nuevamente tendrá que ver las rondas finales de un Grand Slam desde casa. Millman por su parte se medirá en cuartos de final ante el serbio Novak Djokovic.

